Andrés con sus padres, hermanos y dos sobrinos. Está hecha el día que vino con el "Mercedaco", color crema. Lo bendijo el cura grandón, don Isaías Gil Ortega, quien dejó gratos recuerdos en Cuenca de Campos.
ayer, en el Arte. el libro MAESTRO.
Acababa de ojearlo y hojearlo en la biblioteca. Iba a desnivelar mi asignación, mi presupuesto familiar de gastos de bolsillo, pero no pude ceder a la tentación de poseer algo tan valioso.
Para empezar: el formato en cuanto al tamaño, pastas duras, calidad del papel, por tanto de las fotos..;
Piqué: leí la INTRODUCCIÓN. Descubro que el autor, Alfonso Blanco Guaza no es sólo un empresario de éxito, sino también un hombre culto. Precisa y preciosa redacción, dominio ortográfico, todas las "comas" en su sitio...
Por la tarde, de una sentada, casi lo ventilo. Cada relato me sabía a poco: Victorino Martín, hijo; Luciano López Gutiérrez, Paco Cañamero, Gonzalo Bienvenida; el fragmento de Joaquín Vidal..; así hasta veinte, apellidos de tanto prestigio como Sánchez Drago, Belmonte, Antonio Pedrero, etc.
Entre los autores de los relatos, cuatro villalpandinos: el citado y altruista "Alfonsín", Luciano López Gutiérrez, Luis-Miguel Villalpando , el ex-Magistrado, Miguel Ángel Feliz y servidor. Para los viejos de fuera, "Alfonsín" de los Blancos, pastores de toda la vida (Alfonso, Matías, Vicente, Antonino, Floreal, Adriana...) "Lucianin", hijo de "Luci el Tobo"; Luis-Miguel, el menor de los Guadillos; "Gelín", hijo de Luis "Melitón"; servidor de los Modroños, aguardienteros.
Codearme con gente tan importante es un honor para mí. ¡Claro hombre! No poseo ni el conocimiento del léxico taurino, ni soy capaz de tan bellas figuras literarias, con las cuales me deleito. Mi lenguaje, hijo del adobe y el tapial, de charlas de fragua y solana, es sencillo, sobrio, terruñero..; puede ser el acompañamiento, la guarnición de viandas literarias de más fuste.
A veces, ese afán por la sobriedad, por la concisión, me lleva a omitir detalles esenciales para la claridad de lo expuesto. Así veo ha ocurrido cuando releo mi relato, "los Marcos". También ocurre que escribo pensando en la gente de Villalpando y de mi edad o poco menos. Doy por hecho que todos sabemos quiénes fueron los "Marcos" y las "Marcas": el padre, los tíos paternos de Andrés, incluso hermanos y primos. Siempre al referirnos a su padre, decíamos, Antonio "el Marcos"; Eleuterio, Segundo, Felisa, todos "Marcos"; incluso a Ángel Mazariegos, hijo de Eleuterio, primo querido de Andrés, le decíamos, "Angelito Marcos", antes de que, Teofilín, le bautizara como "Torilero", que no le gustaba.
Quien no fue nombrado con el genérico familiar, fue el menor de los Marcos, mi tío (por casado con Coral hermana de mi madre) José. Éste tuvo ya el honor de apodo propio, "China", heredado con orgullo por hijos, hijas y nietos, aunque uno lo escriba en vasco. Parece ser que en las bromas y piques entre labradores jóvenes, lo de China se lo puso Acacio el "Pintor".
¡Pues eso!: servidor, entre tanta literatura taurina, imprescindiblemente, había de poner la nota genealógica del torero. Marcos Mazariegos debió ser el nombre del bisabuelo paterno. El abuelo se llamó Miguel Mazariegos.
Es de justicia mencionar a los muñidores primeros del libro: Pablo Modroño, "Lucianín" y Jaime Rubio. Ahora un último esfuerzo por el "Nono". Compremos el libro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario