Pinchen sobre la foto para verla en pantalla completa. Merece la pena. Es un estallido de júbilo colectivo. Junio 1960. Entrábamos con él a hombros, desde el Palacio, en la Plaza Mayor. Ahí estamos la muchachada de entonces. Somos reconocibles la mayoría. Veo de izquierda a derecha, algunos de perfil, otros de frente, más o menos mozos: Mariano "Raposo", mi primo Antonio Modroño, "Canene", Damasito Sampedro, Josico "Contreras"; Nanín Veledo, por debajo, con la boca abierta, Daniel "Tocinero"; mirando para atrás Santi "Castañonico, por encima Tomás Alejos "Tarzán"; a su lado, con gafas, Enrique, el mayor de los "Enriques"; más abajo al que se ve sólo la cabeza, creo es "Rubito"; más a la derecha, con el poste al fondo, el de la camisa blanca creo es Argelio; yo aparezco detrás, de perfil con polo negro; a mi derecha, con gafas, "Mieja", en el borde derecho, también de perfil, "Tista".
GÉNESIS DE UNAS MEMORIAS, 4ª Parte.
Enterado de
lo ocurrido, en el homenaje narrado en la entrada anterior, ante tales desprecios, (¡qué raro!), me cabreé: ¡Se acabaron los
libros!
Fueron pasando
meses, quizá años. Se vendían ya pocos. Producto de consumo interno, más bien,
ya todos los de Villalpando lo habían comprado. Me quedaban unas treinta cajas.
Entonces comencé a ayudar en reivindicaciones con el regalo de libros. Así lo
hice en la marcha protesta organizada por el PSOE de Benavente a Valladolid
para reclamar un nuevo hospital. A cada coche regalé un ejemplar. Lo mismo hice
en otra marcha organizada por Asprosub del mismo lugar….
Habrían
pasado, no recuerdo los años, pasan tan de prisa, de su publicación. Había
aficionados que le pedían libros a Andrés. Un entonces, si no amigo, tampoco
enemigo de ambos, (omito citar su nombre porque puede le parezca mal que le
miente en este blog) medió.
-Joder, que
debéis hacer las paces. Que Andrés necesita ayuda. ¿Por qué no le regalas
libros?
-Por mi
parte no hay inconveniente. (Igual que soy presto al cabreo, lo soy al perdón).
Para recuperar la amistad le voy a dar todos los libros que me quedan en casa.
Un día te los llevo
Interviene
Sara y me dice: -Haces bien, pero que vengan ellos a buscarlos.
Así ocurrió:
Un buen día se presenta el mediador acompañado del torero y dos amigos. Me
quedaban VEINTE cajas “sin encetar”, y
una encetada.
Cargaron en
el carro del coche, (no pongo la marca para no dar pistas) las VEINTE cajas sin abrir, con cincuenta
ejemplares cada una. MIL EJEMPLARES,
en total. Me quedé con unos veinte o treinta en la encetada. Esas fueron mis
ganancias. Hasta entonces por ahí habrían andado los ingresos con los gastos,
recolectando con tiempo el dinero que yo había puesto de golpe.
Hasta ese
momento, todos los libros por mi vendidos, directamente, por Tachini o a través
de librerías, lo fueron a DOCE EUROS ejemplar. Como habían pasado años con
inflación, le recomendé los vendiera a QUINCE euros. No sé si vendería alguno a
través de librerías, en cuyo caso percibiría diez euros por libro. Pero me temo
que, con el paso del tiempo, desde el bar del Toreo, fue regalando la mayoría.
De haberlos vendido, siquiera a doce euros, hubiera percibido mil doscientos euros; pero Andrés era
así. Para él tenía mucho más valor la satisfacción de regalar.
Iban pasando
los años. Por el pueblo corría la opinión de que Andrés, en vida, se merecía un
homenaje, por tanto como había pregonado el nombre de la Villa. Todavía por
entonces, cuando alguien decía a uno de lejos, “soy de Villalpando”, siempre la
misma respuesta: -Sí, el pueblo del torero.
Legislatura
2.015-2.019, o la anterior, estoy citando de memoria, el grupo socialista en el
Ayuntamiento presenta la propuesta de nombrar a Andrés Vázquez hijo predilecto
de la villa. Los del PP, mayoría, la rechazan. Hubo una serie de litigios, a
propósito de un homenaje, que no hacen al caso.
Pasaría
algún año. Entonces, creo recordar que con la mayoría justa, aprueban dedicar
el antiguo tramo urbano de la carretera Madrid-Coruña al torero. Para ello esta
vía pasaría a llamarse Avenida de Andrés
Vázquez.
La reacción de vecinos y
negocios fue muy en contra. Alegaban perjuicios, que no detallo, y entendí, y me pronuncié en su momento. Fue
la entonces concejala Natalia Redondo quien, con buen criterio, dio el paso de
rectificar. El acuerdo fue anulado.
¡Bueno!
¿Ahora qué?
Pues ya lo
ven: un aire fresco ha limpiado el alcanforado ambiente del anexo a la bailía
templaria; ahora, sin prejuicios ni celos, el renovado concejo apoya la
iniciativa de los “Amigos de Andrés Vázquez”.
Los amigos
del arte taurino de fuera y de dentro, los villalpandinos debemos comprar el
libro MAESTRO, para costear la estatua del torero que, en algún lugar de la
villa, se debe instalar.
Puede que en
cuanto a la ubicación haya controversia. Para mí no hay duda: el solar donde
nació, donde estuvo la casa familiar. Ese lugar ajardinado y junto a la puerta
de villa, tan visitada, es el marco idóneo.
También
sugiero: la Plaza de San Andrés, de tan escaso vecindario afectado, podría
pasar a llamarse “Plaza de Andrés Vázquez”.
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