viernes, 6 de diciembre de 2024

RECORDANDO A UN AMIGO.

 

            


    Se llamaba VINICIO BLANCO MÉNDEZ, hijo de Antonino, "el Ingeniero", y de Witersinda, "Uve", hija del maestro albañil señor Vicente Méndez Chamorro, quien tuvo ¿siete? hijas. Falleció anteayer en Madrid, a los 75 años.

    Ayer, llorando, me dio su hermano Vicente la noticia, y me mostró la foto que, con todo el gusto del mundo, como ven, he copiado arriba: Vicente Blanco (no el carnicero) y Jesusín Fernández "el Huevero". Fueron la pareja de pelotaris que (dice Vicente que en 1982; yo creo que antes) representaron a Villalpando en los campeonatos provinciales de pelota mano. 

    Vinicio fue mi amigo. Por San Roque me buscaba. En el último ya lo vi muy malito; pero no podía faltar a la cita en su pueblo del alma, aunque fuera uno de tantos como tuvo que abandonarlo.

    Me estaba agradecido. Era un chaval listo, pero no pudo pasar de aquella penosa "Escuela de Villa". Me pidió, y le di clase de ortografía y máquina de escribir. Aquello le valió para encontrar trabajo como administrativo en importante empresa constructora. 

    Mis relatos en papel y este blog eran el cordón umbilical que le unían a los recuerdos de su infancia, del pueblo. Le emocionó sobremanera la semblanza que de su padre, Antonino, escribí en  "Crónicas de ayer...", "El juego de pelota". Cuando narraba su maestría  pelotazale, su elegancia, se me ocurrió el símil: "Antonino fue el Curro Romero de la pelota", símil elogiado por un entendido, Miguel Ángel Feliz.

    Me recordaba, además, nuestro parentesco: su mujer era hija de Pepita Espinaco Chimeno, prima carnal de mi padre; y de Melitón Herrero Núñez. Cómo no recordarlos, amigo. Si más de una vez maté el frío y el hambre (cuando volvía a casa de Zamora en la vespa, o cuando iba con el carro a por orujo) en su panadería de Cañizo.

    

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