domingo, 26 de agosto de 2018

SE VAN LAS HERMANAS



       Aunque la noticia es vieja, por prudencia no había querido escribir sobre ello, también porque el hecho me pareció irremediable.
 
           Ayer en Santo Domingo, yo en el caño, me encontré con "Jose la monja", su hermana Toyi y otras tres señoras.

        -Tanto como escribes y no se te ha ocurrido iniciar una campaña para que no se vayan las Hermanas. Me espeta Toyi.
      
        -Pues por mí no va a quedar.

        -Pues venga. te apoyaré todo lo que pueda.

         Pero claro: antes de lanzarme a esa piscina, me fui a la fuente: Sor Amparo, una religiosa caminante, alegre, culta (ha trabajado en la enseñanza), con quien da  gusto hablar.

        -¡Pero si ya tenemos hechas las maletas y adjudicados destinos..! Mañana ya viene una  personas a encargarse de la portería. No sé cómo va a quedar esto. Como hayan de meter más personal, veremos, que ahora son cuarenta nóminas. La mayor empresa del pueblo.

          Sé también que alguien ha intentado evitar la marcha, pero la escasez de vocaciones obliga a estos recortes.

          Por lo tanto, vamos a suponer que se iniciara una recogida de firmas, y que firmáramos todo el pueblo. Me parece que la decisión está tomada y es irreversible. No obstante, si alguien lo quiere intentar, servidor está dispuesto a colaborar.

                   ¡Bueno!: de esta visita a la Residencia he salido apenado, dubitativo,  pero al tiempo un poco aliviado.

         La mayor pena ha sido encontrar paseando por el pasillo a Macario Gago. Cuando se murió Pilar se fue a Benavente con su hija mayor. Allí estuvo hasta el tiempo bueno. Al poco de regresar me lo encontré con tantas ganas de hablar y con su buen ánimo de siempre. Hoy lo he visto deteriorado, aunque tranquilo de estar en la  residencia de  "su" pueblo, donde puede seguir relacionándose con gente conocida, como fue mi caso.

        -Ayer le dije a don Primitivo que en mi vida he dicho una blasfemia.
         -Ese es otro motivo para tu tranquilidad, pero sobre todo el de que has pasado por la vida haciendo el bien. Has sido un gran trabajador, un artesano artista, muy útil socialmente. A nadie has hecho una faena...
         Asintió con estoicismo y serenidad.

         No sé si a mis lectores les interesarán estas confidencias, pero sigo: también en el portal me encontré con un señor de Quintanilla del Olmo, quien tiene a su madre ahí. Me había saludado hace dos o tres días en los pimientos. Resulta que su madre es "Ludi", hija de la señora Marta, la casa de la esquina según se llega a la aldea. Ludi de joven trabajó en casa de mis abuelos, cuando yo era niño. La recuerdo perfectamente. Entré a verla: tiene 91 años, un vegetal. Conseguí que repitiera su nombre y el de su madre. De las seis comensales de esa mesa, a quien han de darles la comida, la más lucida, que no lúcida, con lo que esa mujer era, Palmira. Come sola, va, viene, es autónoma.

        ¡Bueno!: Están atendidos, de nada les falta, pero no sé qué objeto tiene mantener a esos seres que no sienten, pero no sé si padecen. Decía este hijo, quien también tiene aquí a un tío soltero, al que saca todos los días en la silla de ruedas; -creo que sufrimos nosotros al verlos así más que ellos...

      Pues esas "monjitas de toca blanca, que aliviáis todos los males", Valderrama dixit, se van de Villalpando, para no volver.
Llegaron aquí, al Hospital del Spiritu Santo, cofradería de clérigos y seglares fundada a finales del siglo XII (para más señas les remito a don Luis Calvo y a la novela de Ángel Infestas), llegaron digo las Hermanas de la Caridad o Congregación de San Vicente de Paul, el día 21 de Noviembre de 1879, para dedicarse al hospital y, posteriormente a la enseñanza.

     Siempre estuvieron ahí, en la plazuela de San Nicolás, en el viejo edificio que conocimos, salvo un paréntesis de unos cinco meses, de Marzo a Agosto de 1936, cuando la Gestora Municipal de Izquierdas las desalojó de ese edificio. Se trasladaron a la casona de "los Periquitos", en la Calle del Condado, incendiada en 1957.

    Cuando se implantó la E.G.B. y comenzó a funcionar el Colegio Comarcal, hubieron de cerrar el suyo y marchar del pueblo. Ello ocurrió, con gran disgusto de todas las gentes, el 8 de agosto de 1971.

      Volvieron, con gran alegría y, todo hay que decirlo, gracias a las gestiones de Carmen Allende, cinco monjas para hacerse cargo de la Residencia, el 2 de Septiembre de 1986.

     Ahora, en la despedida, prefiero olvidarme de ciertas oscuras actuaciones; me quedo con el recuerdo tan grato en mi infancia y juventud de Sor Consuelo, Sor Vicenta, Sor Pilar, Sor Concepción...; y ahora, en esta parte  última, de Sor Amparo, Sor Dioni,...

     El próximo 16 de septiembre se celebrará en San Nicolás una Eucaristía de despedida. Si fuéramos agradecidos, nadie de Villalpando debería faltar. Muchas de estas monjita dejaron aquí su vida, haciendo el bien.  Deberíamos llenar la iglesia.

      

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