miércoles, 6 de enero de 2016

UN HOMBRE BUENO. LUIS SANDE MAZO, "El Fraile".


     Me acaba de llamar Pilar Casado para darme la noticia: se ha muerto Luis Sande. Un sentimiento de ternura me ha invadido: para éste tiene que haber cielo, ha sido mi primer pensamiento. Está ahora mismo en el tanatorio de Perales del Puerto, el pueblecito serrano de Cáceres en el que, definitivamente se asentó allá por los años setenta. Sólo le quedan dos hermanos, lo sobrinos dispersos, pero a Mery le acompañan todas las gentes de ese pueblo donde eran tan queridos.

   Huyendo de las tópicas alabanzas al muerto, digo de Luis que es la persona más santa que he conocido. Una de esas que pasa por la vida haciendo el bien, el gran bien de ser un ejemplo que te hace creer en el ser humano. Era la personificación de la bondad, de la honestidad: humilde, afable, educado, culto... En su forma de hablar, de escuchar, de actuar, de sonreír, de afrontar las adversidades se notaba poseía una paz interior, una serenidad, que le hacían feliz.

   Su padre joven, extremeño, D. Máximo Sande, llegó a Villalpando como Registrador de la  Propiedad mediados los años veinte del XX. Y, claro, no fallaba, se casó con una señorita guapa de la villa: Isabel Mazo Ortega, hermana del boticario Pepe Mazo, y del propietario Luis Mazo. De ese matrimonio sobrevivieron a la infancia: Juan, Luis, Pepe, "Mino", "Toño" y, la pequeña tardía, Maribel.

   Pronto la familia abandonó la villa. No los recuerdo de vivir en el pueblo. Si en cambio de pasar aquí las vacaciones en casa del tío propietario benefactor.

    Mi primer recuerdo de Luis fue de cuando vino recién ordenado como fraile agustino, de asistir a alguna de sus misas.

    Enseguida marchó a las misiones: unos años en Argentina, después en el Congo, Nigería. Puede durante veinte años de su vida fuera misionero. La palabra lo encierra todo: alimentar, curar, enseñar, darse a los demás: trabajo, calor, sed, mosquitos, malaria...

    Se secularizó y caso con Mery, una irlandesa educada, exquisita, a quien conoció en las misiones. Se buscaron la vida con un trabajo de comercial de coches en Tenerife. Además de su enorme cultura general, sabía de mecánica, de albañilería, dominaba el inglés.., tenía fácil lo de encontrar trabajo, lo de haber llegado a alto ejecutivo de cualquier empresa, pero a ellos les gustaba la vida en el campo.

   Tenían tierras del padre en la sierra de Gata, de la madre y el tío en Villalpando. La de Cáceres eran una finca grande, apta para ganado, no para cultivo.

   Veo aparecer un día en la trasera de la casa de Luis Mazo, ya difunto, un Ford gris, matrícula Tenerife  con vaca, en el que venían gallinas, una perrita, dos gatos, no sé cuánto equipaje. Nos saludamos, le ayudo a descargar, nos hacemos amigos.

   Ya ni les cuento las peripecias de este hombre metido a labrador en Villalpando: un sondeo en "La Pantorra", meterse a  regar, con trineos y gasóleo caro, las más de 22 has. de alfalfa; a segarlas con un "Jolpa" sin arrodillar los cantos...  ¡Qué lucha! Le ayudé  lo que pude. En más de una ocasión le cargué camiones, le libré de que "le comieran la alfalfa". Era un santo. Como agradecimiento me regaló un libro titulado: "La Casa Autónoma", por el que tuve las primeras noticias sobre energía solar, eólica, domótica, etc.

   Al fin arrojó la toalla villalpandina y se asentó definitivamente, con la esposa, en Perales a criar vacas, a leer, a gozar de su paz interior, de la relación con sus convecinos, del sosiego de esas montañas. Con sus manos, él solito construyó allí una preciosa casa. Mery daba clases de inglés. Han vivido en una arcadía feliz

    La noticia me ha causado triste sorpresa. Los llamé el pasado verano cuando los incendios pavorosos en la sierra de Gata. A media noche hubieran de abandonar su casa, pero todo el seto verde y el césped que él cuidaba a su alrededor la salvó de arder. Aunque Mery me dijo que  Luis tenía achaques, luego cuando él se puso al teléfono, lo encontré animoso y bien. Cuando nuestra desgracia familiar él me dio ánimos. Hasta en el aspecto físico, delgado, elegante, Luis era un asceta.

   Pido que alguien le haga llegar a Mery, en estos momentos, mi pena y mi esperanza.

    

1 comentario:

Agapito Modroño Alonso dijo...

Antonio De Sande Mazo
18:28 (hace 48 minutos)

para mí
GRACIAS por tu blog sobre mi hermano Luis. Mery lo ha leído y te lo agradece, esta bien e instalada en la residencia de Perales. Con mas calma y tranquilidad hablaremos. Un saludo
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