miércoles, 27 de enero de 2016

LES CUENTO DE MIS COSAS.


    En la última semana la situación política que vivimos es lo que más ha ocupado mi mente, como supongo que a la mayoría de ustedes les pase, de ahí que haya descuidado un poco esta bitácora local. Después del atracón de debate televisivo que me pagué el pasado sábado en la "sexta", he decidido ayuno y abstinencia. Con la hora de radio por la mañana, el periódico y los telediarios, tengo información suficiente. De la opinión yo me encargo.

    No digiero el sectarismo de los tertulianos, sobre todo los que son periodistas, sectarismo que trasladan a los ciudadanos. El colmo del sectarismo es interrumpir constantemente al adversario, como hace el Inda, gritando tres al tiempo, forma de no entender a ninguno, y de crispar.

  Bajando al "pando": Ayer tuve suerte con la receta: solo me costó hora y cuarto. La vez anterior fue hora y tres cuartos. Hay un solo médico. Ayer, como en la ocasión anterior, parece ser hubo de salir a una urgencia. No llegó hasta las once menos diez.

    Han implantado la receta electrónica para los "crónicos". Pero como lleva tiempo preparar el historial y el protocolo de cada uno, son pocas las personas a quienes se lo han hecho. Luego siguen las colas en el Centro de Salud para las recetas en papel. Creo merece la pena que vayamos mañana a la manifestación a las 11'30.

   Después de estar conviviendo con "la alegre muchachada" en el ambulatorio (mejor tomárselo con  humor. Me deprime ver a los que "hace nada", tres, cuatro, seis años, para mí es "hace nada", estaban todavía enteros, verlos, insisto, tan deteriorados), fui a ver en la Residencia a mi primo Primi, el cura, para darle un recado. Pena ver a los dos hermanos allí sentadicos y tristes en ese almacén de viejos. En la galería de su casa estarían mucho mejor. Estuvimos años intentando convencerlos para que cogieran a una mujer, quien, junto a Cristina, tan bien les hubiera atendido en su casa. No hubo manera... Prefiero no seguir.

   El pasado jueves por la noche me llamó una señora desde Barcelona. Me preguntaba si sabía de alguna trabajadora que estuviera dispuesta a atender a su madre en Quintanilla del Monte. La búlgara quien la cuidaba, por razones familiares, iba a dejarla el próximo primero de mes. Agarré el teléfono y a la media hora ya tenía oferta de una sustituta. Por la mañana, Pilar Casado, la otra ONG local, me llamó para darme  recado de ¿otra? Me fui a la floris. Mientras conversaba con Pilar, llegaron dos señoras, tía y sobrina. Resultó que era la misma me habían ofrecido por la noche.

     La demandante de empleo la sobrina. Marido trabaja "con ovejas", Ella está dispuesta, y deseando, el trabajo interna. Fuimos a por el "Panda", y a Quintanilla. Quedó hecho el trato: librará algo más de un día a la semana. El viernes por la mañana puede venir a Villalpando en el autocar, y regresar los sábados por la tarde. La señora quiere que esté con ella el domingo, para llevarla a Misa. ¡Pues ya está!: todos tan contentos.

     Ayer, para quitarme la murria de "las alegres muchachadas", sobre todo la de la  "Resi", que en el Centro de Salud también los hay menos viejos, me abrigué, agarré mi bicicletilla y, a los  pinos de Quesada. Habían empezado a sacar la remolacha. ¡Qué espectáculo!

   Para evitar los cantos, primero una maquina pela y arranca seis surcos, y los va dejando en hilera, cordón o maraño. Empezó, cómo no, por los cabeceros. Cuando ya ha hecho corte, el mismo operario, coge otro maquinón (las ruedas trasera miden 1'40 de anchas) que las va apañando de la hilera, acabándolas de limpiar y echándoselas a una cesta de 16 tm. Cuando entra en el surco largo tarda cuatro minutos en llenar la barriga. Se acerca al cabecero, ya limpio, y va formando una enorme parva.

    Ya tengo otro amigo. El trabajador propietario y conductor de esas máquinas. Se llama Domingo y es manchego. Viene con él un sobrinillo de ayudante, para coger las remolachas que en las espinas y maniobras, inevitablemente pisa la maquina.

   Como es autónomo, mira por la peseta. Llegaba la hora de comer y teníamos hambre, Me preguntó si "en el pueblo" se podría comprar para comer, carne, por ej., para una parrillada. ¡Tú verás!: carne en Villalpando. Cogimos su ranchera y p'acá los tres: medio lechazo donde Vicente, cartones y madera en casa, vino donde "Mitus" y pan donde nos pilló a mano. Parrilla y demás utensilios ya tenía él.

    Vuelta p'allá. Hoguera el chaval y yo, en la puerta de la nave. El le pegó un linguentazo al gran reserva de "Mitus", un cacho pan y, mientras estaban las brasas, siguió arrancando remolachas. ¡Qué elogios del pan y del vino!

    Cuando, por fin, estuvieron las brasas, ¡puta madera, lo que tardaba!, vino, llenó la primera parrillada con las chuletillas de churro: vuelta y vuelta; un experto. Mesa, yo en un sillón retirado de casa que llevé a la nave, sillas... Después del trajín de la mañana, de los cinco kilómetros en bici por camino, cerca ya de las cuatro de la tarde... "el que se tragó las trébedes, un inapetente a nuestro lado". Mientras comíamos las chuletillas se asaron los trozos de pata y paletilla ¡Nunca había comido lechazo a la brasa..! ¡Cosa más rica!, y el pan, y el vino.

    Preciosa y fraternal la comilona. Sólo dejamos los huesos, bien "arrebañados" para el perrillo hasta que se hartó. La verdad es que se me pasó la murria. A las cinco regresé en la bici. Sí, esperemos que dure, aún estoy en forma.

    Tío más majo este manchego: ¡qué tiene que ver el cordero de "La Mancha" con este lechal churro de Villalpando, tan fino, delicioso, sin dar a sebo..! Del vino de "Mitus" va a llevar botellas a "La Mancha": "-si esto no envidia al mejor toro, ni Valdepeñas, ni na".  y baratísimo" para su calidad.

   ¿Seremos capaces de poner en valor para el turismo estos tesoros?: las carnes, sobre todo el lechazo, aunque también tenemos cochinillos, ternera, chuletones; el vino (¡sí señor!, que el de Javi es muy bueno); el pan de todos; el senderismo por nuestros pinares y carrascales...;agua abundante, atmósfera limpia; una sábana verde en primavera, salpicada por el amarillo de las colzas, y los girasolares en verano...; la calma, la tranquilidad...

   Pienso que un buen asador en la plaza, dejando entrar en ellas a los coches (ya está bien de verla desértica y fastidiando a sus negocios), podría tener futuro.

    Ello suponiendo que se arregle la gobernabilidad de este país. Por si fuera poco, ahora salta otra historia más en Valencia. ¡Qué pena todo lo del PP!