sábado, 3 de octubre de 2015


                                  LA OTRA HISTORIA DE VILLALPANDO. (V)

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             Como por fin, pasados dos meses de haberlo solicitado, he tenido acceso al libro de actas municipales desde el 1902 al 1906, continuamos.

                No existe, en las mismas, alusión alguna a los sucesos de las algarroberas que nos describe Álvarez Buylla. Únicamente hay un acuerdo plenario del 2 de abril de 1903 en el que, “para atender la petición de trabajo y jornal de la clase obrera, tan necesitada, se acuerda, en los presupuestos una partida de 1.049 pts. para realizar trabajos en las tapias del cementerio”. Con ello se podrían dar dieciocho días de jornal a 40 obreros.

                Es alcalde en ese momento Pío Alarma Candamio. La primera referencia   escrita que tenemos de este señor es del 21 de septiembre de 1879, cuando inscribe en el Registro Civil a una sobrina suya, Matea Luna Alarma. Por aquel entonces era teniente de infantería. Sus padres eran de Valderas. Desde niño he tenido referencias de este Pío Alarma, fue, de forma intermitente, muchos años alcalde, y de buen recuerdo. Como siempre vivió en la villa, calle Zarandona, suponemos se licenciaría del ejército. También que fuera padre tardío, ya que conocimos a una hija, quien pasó  el final de su vida, no mucho tiempo, en esta Residencia. Otro de sus hijos murió combatiendo en la División Azul.  

                Al año siguiente ya es alcalde Baldomero López, a quien suponemos padre de Dª María López, casa de la calle Zarandona donde tuvo la tienda Amparo de Anta. No he investigado cuál sería el sistema de elección de alcaldes y concejales.  De un acta a otra cambian  muchos nombres, sin que haya una aclaración. Hay plenos a los que asisten doce o trece hombres, unos como concejales y otros como asociados. También convocatorias en que no se celebran los plenos por falta de quorum.

                Además de los dichos, los nombres que más se repiten son los de Máximo Cañibano, (abuelo de los actuales Cañibano);  Mariano Rodríguez, (“El Triguero”, suegro de D. Tomás Toranzo,  abuelo de los Toranzo y de los Ortega Rodríguez) ; Ezequiel Baltero, dueño del tejar que existió junto a “la Fuente”;  Vicente Conejo, dueño de la casona de la plaza de Santa María. Aunque los citados pertenecían a la clase pudiente no eran de los más señoritos terratenientes. De las dos “casas” más grandes, Ángel Mazo Linacero en la plaza Mayor y Teodoro Núñez en la calle Real, nadie aparece.

                Nos encontramos con otros hombres, por los apellidos, fáciles de localizar: Benigno Caramazana (bisabuelo de los actuales “Beni”, Isidoro, etc.); Macario Alejos, seguro padre del Sr. Alejandro “el Sombrero”, bisabuelo, por tanto de “Jandrito” y Luis; un Crisanto Méndez, abuelo de Emilio Méndez; Crescencio Fernández, abuelo de “Chencho”, el herrero, etc…

                Me resultó muy grato encontrar la firma de Pedro Chimeno Margallo (entonces, los que sabían, firmaban con su nombre y apellido bien clarito, no con un garabato como ahora). Tenemos su foto matrimonial en casa; es uno de mis bisabuelos, abuelo de los Boyanos, Modroños, Martín,  Espinacos; Chimeno. Aún le quedan varios nietos en España, y uno en la Argentina, mi padrino de boda, Waldino Chimeno Modroño, el menor de los nueve descendientes del hijo mayor de Pedro, Primitivo, y María Modroño. Perdonen estas disquisiciones familias, que abrevio. Era un pequeño labrador trabajador hasta anciano, de tierras en renta.

     Quiero citar también, aunque sólo la encontré en un acta, la firma de Ricardo Rico, empleado, natural de Fuentes de Ropel y vecino de Villalpando, por ser abuelo de José Ricardo Rico Palencia, nacido en buena cuna villalpandina en 1915; uno de los escasos supervivientes  del “campo de trabajo” de Güssen, del complejo de Mautausen. Más datos en “Víctimas de la guerra civil en Villalpando”.                                                                                                                
               
                Aparte de los citados más pudientes, el resto de ediles y asociados pertenecían a la entonces clase media: pequeños labradores, algún herrero, albañil, comerciante…, pero ni un jornalero todavía.

                Se nota en las actas la penuria económica y la desigualdad social que asolaban al 
municipio, en el que la clase jornalera, sobre todo los hombres, dejaba de confiar en la “otra vida”, mientras mal vivían en ésta, cuando las limosnas de las “obras pías” eclesiales no llegaban para remediar tanta miseria.

                En el próximo capítulo la reacción de los trabajadores ante esta situación.
                                          
           
               
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