domingo, 11 de octubre de 2015

BATIBURRILLO.



       El pasado día 5 asistí al acto en el que Carlos Pedrero, exlocutor de la SER, y Jerónimo Cantuche, Sanitario, Sindicalista de UGT, nos hablaron de la despoblación y de la sanidad en el mundo rural, respectivamente.

     Lo de Pedrero fue una soflama, a la que pretendió dar rigor histórico, echando la culpa del éxodo rural a una planificación del neoliberalismo y del capitalismo, a "quienes les interesa vaciar totalmente el campo (para dedicarlo a coto de caza para los ricos) y que la población se aglomere en grandes megápolis". ¿...?

    "Todo este mal comenzó  con Franco, que sacó a la gente de los pueblos para llevarla a las ciudades". Y así un montón de simplezas más.

      La masiva emigración, en los años "sesenta", para los que la vivimos, fue tan triste como inevitable. ¿Qué progreso, qué nivel de bienestar se podía conseguir en un país sin industrias, sin infraestructuras, con una sanidad y educación muy precarias, cuando el 60 % de la población activa trabajaba en el sector primario, y no producía alimentos para el resto?

      Como vivía tanta gente en los pueblos, aunque marchara la mitad, todavía los pueblos siguieron vivos. El lugar de las mulas,  en cuadras y corrales, de los que pudieron comprar tractor, lo ocuparon vacas de leche, cerdas. Siguieron las ovejas, en cabañales y en nuevas naves. Otros construyeron naves de pollos, pero la mayoría de los hijos de los de esa generación, que ya pudieron estudiar, siguieron emigrando. La agricultura, y la ganadería,.antes de la PAC, se puso casi imposible. Se incentivó el abandono de las vaquerías. Se fueron concentrando las explotaciones agropecuarias, tecnificando, modernizando. De aquel  60% de labradores, autónomos y asalariados, y ganaderos
hemos pasado al 5 o 6%. Muchos de los cuales, dados los modernos medios, ni siquiera ya viven en los pueblos.

   Esa es la causa principal de la despoblación.

   Por supuesto que se pudo, se puede, se debe intentar no dejar morir a tantas aldeas, aunque el enfermo está muy grave.

    Ese tejido productivo de pequeñas, y ya medias, explotaciones ganaderas de bovino, porcino, pollos, en los años setenta, ochenta, debió haberse intentado mantener, no haberlo asfixiado. Estas macroexplotaciones de dos mil vacas de leche, de cinco mil cerdas madres, de cincuenta mil pollos, son una mostruosidad desde el punto de vista social y ecológico.

   La última reforma de la PAC debió excluir de las ayudas a todo aquel que no trabaje la tierra, aunque sea a tiempo parcial. Debió incentivar la residencia en los pueblos. En la plaza de funcionario para trabajar en las cabecera de comarcas rurales, además de un horario obligatorio se debía incluir la residencia.

  Sigo insistiendo que las casas vacías de los pueblos pueden y deben ser el cobijo de refugiados, inmigrantes, nacionales que nunca van a encontrar trabajo pero sí una renta con la que subsistirán mejor en cualquier, incluso, aldea.

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    En cuanto a las carencias en la Sanidad rural, sobre todo en verano, (estos días he andado por el Centro de Salud y, ya con los dos médicos y las enfermeras correspondientes, existe un buen servicio) que nos expuso Cantuche, las conocemos de sobra. Es justo reivindicar no apliquen más recortes y nos quiten sanitarios en esta Zona de Salud. Lo triste es que estos ayuntamiento peperos no sean los primeros, ni los últimos, en esta reivindicación. Fue un ciudadano particular quien, por su cuenta, en agosto pasado promovió una recogida de firmas, con bastante éxito, que mandó a la Conserjería, al SACyL,

    De esa reunión del pasado lunes, salió el acuerdo de constituir una Agrupación ciudadana en Defensa de la Sanidaden la Zona Básica de Salud de Villalpando.

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    Les contaría, ¡anda que no tengo qué contar!, pero no quiero cansarles, ni cansarme, ni revolver la pesca. Es mejor la prudencia.

    Sí, en cambio manifestar, a pesar de ciertas deficiencias en los servicios, (lo de correos otra vergüenza haber dejado llevar la oficina central de aquí, con la reducción de horario y prestación al público aquí sin rechistar) lo bien que se vive, y se respira, sobre todo después de estas benditas lluvias otoñales y cuando no llega el tufo de los purines, soportables) en los pueblos.

     Sabiendo, viendo tanta imagen de atrocidades, a las que no quiero acostumbrarme (lo de ayer en Ankara es puro y duro terror, los niños captados por los fanáticos islamistas; la historia de la adolescente rumana obligada a prostituirse, que logra escaparse de un prostíbulo de Valladolid, busca refugio en unos compatriotas que la vuelven a entregar a los explotadores sexuales, etc.) pienso qué tranquilos vivimos en los pueblos.

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      La pasada semana, a la edad de 59 años, falleció en Palencia Juan Jesús. Era el esposo de Mª Jesús, hija de Emilio Méndez y de Filo. Padre de Samuel. Reciban todos mis condolencias.