viernes, 16 de octubre de 2015

BALADA DE OTOÑO


                      Llueve, 
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados,
sobre los campos, llueve...


     Fue toda la noche del domingo al lunes. Lo venían anunciando los hombres y las mujeres del tiempo que nos metían prisas en acabar siembras.

     Tardaba la luz del amanecer en entrar en mi cuarto. Me asomo a la calle. Llovía cántaros, el cielo estaba "cerrao, cerrao". Con qué fruición vuelvo al tálamo pensando que llueve sobre los ocres tejados que nos cobijan, sobre las naves que guardan granos, maquinaría, semillas, ovejas...;, llueve sobre las parcelas que, por los pelos, se han terminado de sembrar justo antes de las primeras gotas; llueve sobre los bosques, pinares de Valdeconejo, de Tremesao, del Majadal de los Toros, del raso en general, sobre los restos de la antigua inmensa taraza del sotobosque de encina, llueve sobre las besanas del Tesoro, Tardecena, la Villalbina. Culolobo, Cabezalomba, Las Urnias, Vagacedo, el Ardero, Canillas, Conejo, La Lorenzana, el Zaguazal, Alafes,  la Galochina, los Lastros...; llueve.

     -La lluvia es un prodigio, un milagro de la naturaleza, millones y millones de toneladas que vienen por el aire para vivificar a nuestros llanos campos sedientos. Quienes vivimos en los pueblos, más o menos ligados al campo y al ganado, sentimos esa bendición.

       Después de tan caluroso verano, a mediados de septiembre nos llegó un anticipo de treinta litros. Ello facilitó se pudieran ya ir haciendo labores, algunos arriesgados sembraron colza, y acertaron, si bien, con tanta sequía, ese tempero se perdió pronto; a primeros de octubre otros veintisiete; con ellos los alfalfares, algunos rastrojos y las tempranas siembras de veza y colza, comenzaron a reverdecer el paisaje; las tierras cogieron el tempero justo para, con siembra directa o mínimo laboreo, sembrar a placer.

      En esas estábamos cuando vuelve a ponerse de abajo, vuelve templado benefactor ábrego a traernos tan  preñadas nubes: doce o catorce horas seguidas lloviendo, cuarenta litrazos de los que las tierras no dejan una gota para regatos y lagunas. No pasa nada: martes, miércoles de oreo y ayer ya andaban los tractores por lo ligero. Mis hijos tiraron abono, y hoy ya están sembrando trigo. En la semana anterior habían terminado veza y alfalfa.

     A los de mi generación alejados del pueblo les informo que nada tienen que ver estas sementeras de las grandes máquinas, las grandes parcelas y muy pocos labradores, con aquellas de las mulas, los cachos de tierras, el burro con la simiente, miles de gañanes y sembradores de romanza.

      El barbecho y la vertedera prácticamente han desaparecido, salvo en algún pueblo más rutinero. Fuimos de los pioneros en la rotación y la diversificación de cultivos, que ahora ha impuesto la PAC. Sobre los rastrojos de los cereales (trigo, cebada, avena, centeno, triticale), sembranos, unos con mínimo laboreo, otros con siembra directa, veza, guisantes, colza, girasoles. La producción de forrajes, exportables en miles de toneladas, va siendo importante

     Para la siembra directa son necesarias unas sembradoras de fuertes brazos, unas con estrechitas rejas, otras con discos que, sin labrar, ni preparar, van hendiendo, haciendo unas rayitas en el suelo, donde depositan las semillas. Las hay, desde las más sencillas de fuertes brazos y chasis,  cajón al efecto con caída de la semilla por su peso y tres metros de corte, hasta maquinonas de seis metros de corte, neumáticas, plegables, sofisticada y que valen un pastón.

    Salvo en las explotaciones muy grandes, muchos de estos modernos aperos no son asequibles ni rentables en explotaciones medianas. Algunos, venciendo el individualismo, ya empezamos a compartir máquinas que se usan pocos días cada año. Así optimizamos recursos. Por ej.: estos enormes remolques bañera de ahora de 13 a 20 Tm. Si en la mayoría de las labranzas se usan cuatro días al año. Miren si no es fácil tener uno para dos. También compartimos un rulo y nos intercambiamos una sembradora directa de cereal legumbre con otra neumática monograno reconstruida para girasol, maíz, garbanzos...

      Todo es cuestión de buena voluntad.

       Ahora ya, como el campo tiene la barriga llena, lo que necesitamos es, con perdón de embalses y acuiferos (para esos que llueva y nieve en las montañas) que en, incluso meses, no tararear la balada de Serrat.