viernes, 18 de enero de 2008

POR QUE SER CRISTIANO

POR QUÉ SER CRISTIANO.

Por pudor modifico el título del libro de José Antonio Marina, “Por qué soy Cristiano”, ya que, aunque esa filosofía motive mis actuaciones en la vida (la lucha por la justicia), hombre imperfecto, (me falta la mansedumbre, aunque mi embestida es noble y por derecho) no me atrevo a proclamarme tal, diciendo “soy Cristiano”.
El tal libro lo he leído, releído, subrayado, rumiado. Ávido ante las dudas de cualquier persona honesta y reflexiva, de inclinar el platillo de la balanza hacia el lado de la fe, leo, escucho, observo comportamientos, que me ayuden a ello.
Después de haber leído, del mismo autor, (creo el más eminente pensador, filósofo, pedagogo del momento), “La Inteligencia Fracasada”, en que señala como los grandes fracasos, males que han aquejado siempre a la humanidad, los prejuicios, el dogmatismo, los fanatismos, dudaba de si era hombre religioso, y de qué confesión, ya que éstas se sustentan en “dogmas”, algunos de los cuales infumables. (Y no quiero señalar por no “escandalizar” a las buenas gentes de estos pueblos)
Al proclamarse como Cristiano, sentí mucha curiosidad: ¿qué va a decir de la Divinidad de Jesús?, ¿qué del alma?, ¿qué de alguna posible forma de vida en el más allá?.
La verdad es que toda su recopilación histórica, su análisis de los textos Evangélicos, sus razonamientos, no han hecho más que confirmar las conclusiones a las que yo había llegado, los asideros de mi fe.
Coincidencia total en que Cristianismo no es el “Rocío”, ni los cohetes y borracheras del “voto” y “La purísima”, muy poco las procesiones de Semana Santa, menos las iluminaciones y el consumismo Navideño, la práctica de unos ritos rutinarios, que resbalan sobre los asistentes, las procesiones del santo con charanga, el Himno Nacional en la Consagración, ( ¡qué sí, qué todavía!; si quieren les digo dónde y cuándo). Cristianismo no es la mezcla de política y actos religiosos, con los que intentan sacar provecho terrenal organizadores tan poco ejemplares.
Les digo lo que supone para Marina y para servidor ser Cristiano.
Cristianismo es un código de conducta en lo que coincide con la ley natural, con la moral universal. Es un comportamiento ético
La bondad, que es igual a la verdad, a la búsqueda de la Justicia. Conceptos muy amplios que se desglosarían en el deber y el derecho al trabajo, en no dañar al prójimo, en ayudarle, en sonreír, en vivir alegre, en los disfrutes espirituales: la amistad, la lectura, la música, el arte en general.
Quienes actúan así lo hacen creadoramente, participan de la divinidad, se convierten en providencia de Dios.
La búsqueda del bien, de la justicia es la gran tarea de la inteligencia, es la búsqueda de Dios.
Cierto que el mensaje cristiano, sintetizado en las consoladoras Bienaventuranzas, seria, de tenerlo todos en cuenta, un magnífico reglamento, para conseguir la armonía y la paz universales. Lo malo es que ese mensaje, puede que por todo lo que los Católicos lo han falseado, o por el hedonismo, fruto del progreso material de la sociedad originaria de ese humanismo cristiano, parece está en declive. Y, por el contrario, emerge pujante un mensaje dogmático, fanático, irracional de un atroz subjetivismo colectivo que, sin duda, obedece a una torcida interpretación del Islam; coco que amenaza a la humanidad, creo más temible que el del Comunismo con que nos metían miedo de niños.
¡Bueno sí!. ¡Muy bonito el Cristianismo para esta vida que conocemos!. ¡Pero!, ¿qué hay de lo mío?: ¿al morir se acaba todo?. Un declarado no creyente, creo que dudas al menos tendrá, como todo hijo de vecino, como la mayoría de los que manifiestan: “tiene que haber un algo”), me preguntaba: -¿Tú de verdad crees?. Y, como la verdad es lo primero, le manifesté: -“Yo, sobre todo, quiero creer”. Y rezo lo que nos enseñó un Seminarista que luego se secularizó: ¡Señor, yo creo, pero aumenta mi fe!.
Resumo la postura del filósofo Marina y el escritor pueblerino transcribiendo el final de mi cuento “El Jornalero”, un anarquista honrado que había combatido en el ejercito republicano:
“Repican las cantarinas campanas de Las Monjas. Vuelve a ser Nochebuena. Ni sé cuántas van ya. La Iglesia está cerca. Nos abrigaremos. Remedios y yo volveremos a Misa del Gallo del dos mil, que me hará revivir la del 39, la de Rosario. El mensaje del Niño, ¡es tan coincidente con lo que mamé en el hogar!. Su Sermón de la Montaña, ¡tan coincidente con lo que ha querido ser mi vida... ¡.
¡Además, el autor de una doctrina tan excelsa, ¿por qué no puede ser Divino? ¿y qué sentido tiene esta vida si no...?. Y, ¿por qué no, cuando se cierren mis ojos a esta luz, no puede aparecer Él, radiante, tras el túnel de la muerte, acogiéndonos en la infinita Paz...?