domingo, 1 de enero de 2017

HASTA NAVIDAD, NI HAMBRE, NI FRÍO.




    Ya les digo que no es que antes hiciera más frío, sino que se pasaba mucho frío.

     Imagínense días como hoy en aquellas humildes casicas de los jornaleros en que no había más que la lumbre. En muchas ni una simple camilla con faldas donde poner el brasero y meter las piernas.

    Y la lumbre... No se imaginen estas chimeneas de ahora en las que arden leños, que hacen brasas, que, si son hogares cerrados, con el cristal, extracción del calor, las conocidas "Hergom" empotradas, por ej., caldean grandes estancias. Ese fue el calor de nuestro salón durante la infancia, y después, de nuestros hijos. Papá se encargaba de apañar madera cuando ya la había por todas las partes. Aunque había que cortarla, transportarla, poner la chimenea todos los días. Belén se dormía en el sofá arrullada por el crepitar de las llamas y el confortable calorcito, cuando volvía a casa, desde Salamanca, por Navidad. ¡Qué intenso y doloroso es su recuerdo por estas fechas..! Me paro un poco a llorar.

    En aquellas lumbres se ponía paja y granzones, envueltos con estiercol y cuatro palicos de manojo de vid o de las puntas de las ramas de encina. Lo explico con más detalles en "Aquellos Pueblos". El problema de los más pobres es que ni siquiera tenían un cacho pajar donde guardar la paja. ni tenían estiercol ( en el libro "La otra historia del pueblo", que está en imprenta transcribo el alegato de un obrero en el que alude a que los pobres se ven obligados a robar una talega de estiercol para cocer unas simples sopas).

    Un manojo de vides de majuelo, valía 2'50 pts., cuando un jornal andaba por las seis pts. Con el valor de los manojos se pagaban todos los jornales de la viña: alumbrar, podar, apañar las vides, hacer los manojos, tapar.  Por un haz de leña, que traían las mujericas a la cabeza desde la dehesa, les cobraban 2 pts. Ellas, en el pueblo, lo vendían por 3 Pts.. Y un carro de leña valía treinta duros. En la hoguera de la Purísima se quemaban tres carros. Al final se apañaban todas las brasas.

    Pienso que aquellas casicas de tapial y sus dos ventanucos, eran tan pequeñas para aprovechar más el calor humano de sus moradores. El borrajo de aquellas lumbres podía, si acaso, matar el frío de los pies.

    La mayoría de las familias de los jornaleros no podían ni comprar cisco. No era poco que tuvieran unos palicos para poder sacar alguna brasa al brasero.

    ¡El brasero de cisco!: Evitaba los sabañones y producía "las cabras". Aquel, dentro de la camilla de confortables faldas, era el gran remedio. Tener al menos calientes piernas y pies, aunque todavía las orejas, dentro de casa, se quedaran heladas.

    ¡Entonces!: ¿dónde matar el frío?: en las abrigadas, cuando había sol. Recuerdo a hombricos que se ponían "a la obrigada" tapados con la manta. Los muchachos corriendo en los juegos y, sobre todo, en la cama, aunque para meterse hiciera falta valor.

    Las casas medianas, o grandes, eran más frías: por los balcones de madera con un cristal sencillo, aunque tuvieran cuarterones se colocaba todo el frío del mundo. Amanecían escarchados del vaho de la respiración... Por el techo de tarima sin aislante de tipo alguno..., más frío. Así que meterse, sin pijama, en aquellas camas de sábanas blancas de grueso lienzo, era como tirarse a una piscina.

    Mi abuela, lo cual era un lujo, calentaba la cama, con brasero o calentador, antes de acostarse. Otro remedio muy socorrrido era calentar en el último borrajo de la lumbre un morrillo circular y meterlo en la cama envuelto en un paño para calentar los pies, o la botella, si había agua caliente en  el pote.

     Imposible hubiera sido en aquellos tiempos dormir en estas camas duras de ahora. Entonces todas tenían somier metálico, elástico. jergón, con pajas de maíz, y el colchón de lana. Aquello, donde el cuerpo se hundía era mucho más envolvente. Luego las tres mantas, o dos dobladas, el calor de la pareja o de hasta los cuatro hermanos ( en ese caso la cama, todas eran de catre, tenían dos cabeceras, así más piernas juntas a calentarse) que podían dormir juntos, las hacían, una vez calientes, tan apetecibles.

     Y, luego, el calor humano. En los pueblos, donde ya con tan poca gente, no existe aglomeraciones en local alguno, nos hemos olvidado del mismo.

      En la época gloriosa del baile de "Los Mantecas", cuando venía la orquesta de "Los Gelasios", antes de la masiva emigración de aquella juventud,  más o menos actual salón de plenos del ayuntamiento, llena toda la pista de baile, el alrededor, todo el anfiteatro que lo rodeaba menos por la parte del escenario, puede allí entre arriba y abajo, nos metiéramos quinientas personas, aquello cogía una deliciosa temperatura, y más deliciosa porque las mozas habían de desvestirse del abrigo, y dejarlo en el guardarropa, aun con cierto rubor en aquellas muchachas tan pudorosas. Como el muro interior, ahora al descubierto los históricos sillares de arenisca, estaba entonces enfoscado de yeso y pintura, del calor y vapor de agua que desprendía tanto cuerpo joven, algo se reblandecía, y dejaba traslucir las piedras de la cantera de las "Hurnías".

     He querido endulzar el recuerdo de aquellos fríos, de aquellas penurias, con agradables recuerdos.

   

 

 
 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

3 comentarios:

ALFALFA CORTADA dijo...

El frió es salud. El frió mata virus, lo que mata al humano, es la humedad. El frió cura los chorizos, y hace que se vendan baterías para los autos, economía para algunos negocios. Con el frió, la empresa de tus hijos vera incrementada la demanda del producto que venden. El frió es lo mejor que nos puede pasar estos días. Ahora hace bueno, que la gente lo confunde cuando hace calor. Me fastidia oír, en época de frió, que la gente diga "que bueno hace", no, no hace bueno, hace malo, que ahora lo que tiene que arrear el frió. Cada estación lo que toca, y ahora hace bueno. Ya vendrán los calores del verano, que si ahora no hace bueno, tampoco lo hará para verano. Siempre he dicho que no hace frió en la calle, es ropa inadecuada lo que algunos llevan. El que quiera calor, pues para Canarias que se vaya.

Agapito Modroño Alonso dijo...


¡Gracias por tu mensaje con el que estoy en gran parte de acuerdo. Por supuesto que para el campo, para los cultivos de esta nuestra estepa, bien nacidas todas las siembras de otoño, lo bueno en estos días, son las heladas: ahuecan el terreno, paran el precoz desarrollo de las plantas, retrasan la floración de los almendros, matan virus, hongos y bacterias, creo que incluso insectos, que luego van a atacar a cereales y legumbres.

Los graves problemas de hongos que tuvimos la pasada primavera fueron debidos, sin duda, a invierno tan cálido. Por supuesto que al negocio de mis hijos también lo favorece. Lo malo es que han estado seis días esquiando y me ha tocado a mí repartir leña.

Lo del curado de las matanzas es también importante, aunque ahora en las casas ya pocos marranos se matan. Recuerdo de antes algún invierno mimoso que había que poner humo porque los chorizos se ponían "lagimosos". (No sé si seguirá asomándose por aquì Luciano López. De vez en cuando me vienen, para describir algo, a la mente estas perlas de palabras). Igualmente era necesario el frío para secar la "zuza" y curar los jamones.

Lo malo de aquellos fríos de "antes" es que no había medios para combatirlos, sobre todo los pobres.

Mi saludo más cordial.

Agapito Modroño Alonso dijo...

^.D.- Quise decir "lamigosos".