sábado, 21 de enero de 2017

LA PRESENTACIÓN.


                       

      ¡Bien!: Lo primero, como ya hice allí, agradecer de corazón la presencia de las señoras y señores del club de lectura, más de quienes fueron de exprofeso a la presentación; agradecimiento muy sincero a Diego, el Bibliotecario promotor y organizador del acto. La presencia institucional de “Chema” y Laura, no la olvidaré. Ya antes, en su labor de gobierno, había tenido pruebas de su rectitud y ruptura con negativas actitudes pasadas.

      De mi familia valoro el cariño de todos, (los ausentes lo fueron por la distancia y el trabajo) pero de quien más de Inés, Edu y Hugo. Allí los pobres niños aguantando los rollos del abuelo.

      La ausencia de Ángel Infestas fue suplida, en parte, por su presentación escrita, leída por Diego.

      ¡Bueno!: la verdad es que por parte de todos parece como si hubiera existido un acuerdo tácito de no meternos en las profundidades de las que tan lleno está el libro, y menos en escabrosidades. Comentamos la foto de la portada. Narré, lo más sucinto que pude el episodio de la noche del 19 de julio, en que hubo el primer muerto, un muchacho de 19 años; a instancia de Diego comentamos la foto del ciclista. Previamente repartimos libros para que la vieran los asistentes. Ocupa una página entera. Un muchacho de 17 años con su bici de carrera en Zamora. Pudo ser en el mes de junio de 1936. Era el mensajero de la Gestora Municipal. Llevaba papeles a los pueblos y a la capital por aquella carretera de piso de piedras y tierra.

      En torno a esa foto quise recordar los horrores de aquella guerra. Que a ese adolescente, después de casi cinco meses, de julio a diciembre, en aquella inmunda y hacinada cárcel, lo fusilaran, me chirria; y más cuando ya habían matado al otro hermano dos años mayor.

      Y es que todas aquellas barbaridades sucedieron ayer por la mañana, que todavía vive alguna hermana de fusilado, y de muerto en el frente; que este muchacho era de la edad de mi tía Lola; que conocimos a padres, hermanos, hijos…  

      No quise allí explicar, además es obvio, la intencionalidad del libro. Lo dice el título “La otra historia…”, libro, según Ángel Infestas, “necesario y acertado para intentar comprender lo que pasó en nuestro pueblo, para  que acabemos de superar las actitudes y conductas que lo provocaron”. Insisto en su afán moralizante y pedagógico, aunque sea nadar contra corriente.

      Cuando aquí llega un forastero y se interesa por nuestra historia, como le ocurriera a Jesús Torbado en su viaje por “Tierra de Campos”, una “Tierra mal bautizada”, enseguida le van a soltar que fuimos los primeros del mundo bla, bla, blá…

      Llevo años intentando que nos apeemos de los falsos oropeles. En ello está de acuerdo el Profesor don Manuel Muriel Rivas cuando afirma “que es absurdo y nocivo para la formación del espíritu humano cualquier tipo de nacionalismo y chauvinismo, sobre todo si este no viene acompañado de los valores de la tolerancia y respeto al que es diferente”.

      El quid del asunto es: nuestra pretendida religiosidad (lo del voto, diez parroquias, tres conventos, no sé cuántas ermitas y cofradías..), a lo largo de la historia, ¿nos ha hecho distintos,  mejores? ¿Se ha notado en la convivencia, en la solución de los conflictos de intereses? Lean “La otra historia…” y obtendrán la respuesta. Para animarles a deglutir el libro, aunque sea de difícil digestión, ahí les va un aperitivo.

      Estamos en la primavera verano del año 1904, la clase obrera víctima de la miseria, la injusticia, ya no puede más. Estalla por toda la región la revuelta campesina. Los jornaleros se asocian,  reúnen, acuerdan unos salarios y condiciones de trabajo que los patronos (también unidos en asociaciones) no aceptan; van a la huelga, se amotinan, de las capitales salen a los pueblos más importantes, como en el caso de éste, numerosas fuerzas de la guardia civil  para hacer “respetar” el derecho al trabajo de los no huelguistas…

      Les transcribo algunas de las reacciones de los Patronos y de las Autoridades:
     

      1º.- El Alcalde disolvió dos veces las reuniones que, con arreglo al reglamento, celebraba aquella, a pretexto de que no se le había avisado con la anticipación debida, llegando por tal motivo a instruir un sumario, que se ignora si fue o no sobreseído.

      2º.- Ordenó la detención de algunos socios por cantar himnos socialistas.

      3º.- Al Secretario de la Asociación obrera, vendedor ambulante, a quien antes de pertenecer a la sociedad no se le ponían trabas en el ejercicio de su pequeño comercio, se le sitia hoy materialmente por hambre.

       4º.- Se prohibió al guarda municipal del ganado vacuno cuidar una vaca propia de un pariente próximo de dicho Secretario, obrero también asociado.

        5º.- La proscripción de los asociados a los cargos de agentes de la Autoridad municipal, que muchos de ellos solicitaron.

     6º.- La expulsión de los obreros pertenecientes a la Asociación de los trabajos que realizaban para los patronos, colocando en su lugar a los que se separaban de ella.

         7º.- El desahucio de que fue objeto un asociado, tan solo por serlo, de la huerta que llevaba en arriendo, a pesar de pagar puntualmente la renta.

          8º.-El haber dejado los patronos de cocer el pan, como de antiguo venían haciéndolo, en los hornos de los asociados.

      Ahora les copio un fragmento de la proclama que los obreros de la Asociación de Jornaleros de Villalpando manda a los compañeros de los pueblos próximos:

   ¡Trabajadores del campo! Los que no estáis asociados, no traicionéis la causa de los oprimidos, que somos todos los que dependemos de esta gente tan poco cristiana, que ha venido alimentándonos con pan y cebolla, como recompensa al excesivo trabajo que hacemos en la siega y en la era.

“Esta gente tan poco Cristiana” (en otro pasaje afirman los jornaleros que la clase burguesa de  Villalpando es la peor de la comarca; la familia más rica poseía en su casa un oratorio particular, donde les decía misa a diario en cura retirado, particular y viejico, por cuatro perras) patronos, autoridades civiles y religiosas eran las mismas que ese año “refrendaron”, por cuarta vez, el voto concepcionista.

Contra aquellos numerosos curas,  aquellas cofradías, aquellas parafernalias (nada que ver con los pocos actuales y las benéficas  Cáritas y Manos Unidas, por ej.), ¿cómo no volverse anticlericales las masas jornaleras?


  Les animo a que lo lean con atención, con el fosforescente en la mano, para remarcar lo más llamativo. Esos hechos tan dolorosos son nuestra historia de verdad. Ese cainismo es lo que hemos de superar.