sábado, 8 de octubre de 2016

REFLEXIONES ÉTICAS, MORALES, FILOSÓFICAS.



     Acabo de leer otra biografía, la más completa, de don Miguel de Unamuno y Jugo (Bilbao, 29 sept.1964- Salamanca, 31 diciembre 1936).

       Sentado en la hamaca, en el jardín, releía, paraba, reflexionaba, mirando al cielo, sobre el ser humano, sobre las sociedades que formamos, sobre la humanidad, a propósito de las inquietudes, la actuación, las vivencias de tan gran hombre.

       Caigo en la cuenta de que ser tan excepcional por su inteligencia, su valiente compromiso por la mejora social, lo fue también un tanto candoroso e ingenuo.

       Sus herramientas de trabajo con las que se ganó la vida (familia de seis hijos, siempre con apuros económicos) fueron el ejemplo y la palabra, oral y escrita, leída y dicha. Ese verbo preciso, esa pluma, esa muñeca incansables.

       Aquella sociedad de finales del XIX y principios del XX estaba llena de carencias (culturales y económicas) y de injusticias (desigualdad social y caciquismo). Él nació inteligente y peleón. Bien pronto empezó a utilizar la pluma intentando fuera bisturí con que extirpar tanta gangrena. Como hoy diríamos, se metía en todos los charcos sin pensar en los perjuicios personales.

     Bien pronto su lucha se centró contra la Monarquía, con la falsa esperanza de que la república fuera la solución. Fue muy combativo contra la dictadura de Primo de Rivera. Sufrió todo tipo de arbitrariedades, las más dolorosa: destitución, de la que se enteró por el periódico, como rector de la Universidad de Salamanca; suspensión de empleo y sueldo como catedrático de la misma; seis años de destierro, en Fuerteventura de donde se escapó a París y Hendaya,..

    Se lanzó al ruedo político entonces, todavía más que ahora, cuajado de "miuras". Aparte de otros intentos, fue elegido concejal del Ayuntamiento de Salamanca por la conjunción republicano-socialista el 12  de abril de 1931, en las municipales que trajeron la república. Así mismo, unos meses después en las generales del aquel año, obtuvo acta de Diputado en el Congreso, donde bien pronto, viendo el rumbo emprendido por aquella república en la que él había puesto tantas ilusiones, empezó a discrepar. Dejó de asistir a los plenos. En las elecciones del treinta y tres, ya no quiso participar.

    No sabía nadar y guardar la ropa. Cuando el triunfo del "Frente Popular", en febrero del 36, con la dimisión del Presidente, centrista y católico, don Niceto Alcalá Zamora, viendo como a los republicanos moderados de buena voluntad se les iba aquello de las manos, desmanes y desórdenes a todas las horas, luchas callejeras, los extremistas campando a sus anchas, temiendo que España se encaminaba hacia un "estado volchevique" (textual), saludó con esperanza la sublevación militar. Unos meses antes se había entrevistado con José Antonio, (de quien dijo poseía mucha poesía pero poco programa) el hijo del dictador que le desterró.

     Al advenimiento de la república el gobierno le repuso en su cátedra, entonces de Lengua y Literatura. Cuando criticó al Frente Popular, otra vez a la calle. Triunfante la sublevación en Salamanca, "los golpistas", le volvieron a dar la cátedra y la rectoría de prestigiosa universidad, incluso le hicieron concejal del ayuntamiento. Los horrores en las retaguardias de ambos bandos le hirieron en lo más hondo. Empezó a intervenir para salvar la vida de inocentes, un compañero de Universidad, entre otros. Incluso se entrevistó con  Franco pidiéndole pusieran en libertad al Pastor Evangélico Atilano Coco. Tan buenas palabras como malos hechos. No pudo evitar el asesinato de hombre tan santo y justo.

      Doce de octubre de 1936. Resumo tan conocido suceso: fiesta de la raza, paraninfo de la Universidad, lleno hasta arriba de camisas azules, gorras rojas, uniformes militares y eclesiásticos, gentes de sombrero y corbata, él preside. Tiene la carta de la esposa de Atilano en la mano. No aguanta lo que allí oye. Salta. la lía. Se le tira a la gorjas "Millán Astray,.. Le saca del brazo doña Carmen Polo (la que estruvo aquí en el 67) sus guardaespaldas les protegen. No se arredra. Después del comer va al Casino, donde era tan apreciado. Todo el mundo le vuelve la espalda, incluso lo insultan e intentan agredirlo... Se recluye en su casa. Le ponen un guardía para que siga sus movimientos. Deja de salir a pasear. El día de Nochevieja, conversando con dos muchachos falangistas, en la camilla, al brasero, se duerme para siempre. Le hicieron un entierro solemne, lleno de parafernalia... don Miguel se había ganado un prestigio mundial.

     ¡ Cuánto me consuela, aquella actitud de don Miguel!.

     En el próximo capítulo, s. D. q., iré al consonante de tan extenso prólogo.