domingo, 2 de octubre de 2016

DUDAS.




                                     NO SÉ, NO SÉ QUÉ PASARÁ CON EL P.S.O.E.


      Difícil su papeleta. Los malos resultados electorales hubieran sido los mismos con Pedro Sánchez o con el moro Muza. Lo vaticiné hace dos años: Podemos fagocitará a IU, y al PSOE le pegará un buen mordisco.

     Ahora el error de Sánchez ha sido el de intentar jugar a “podemita”, el de intentar resucitar el sobado maniqueísmo de nosotros, los de izquierdas, somos los buenos, y no vamos a consentir el  gobierno de la “derecha” (término que utilizan de forma despectiva cargado de  matiz peyorativo), que son los malos, azuzando ese sectarismo fanático que ayer se visualizaba en las puertas de Ferraz.

     Felipe González consiguió aglutinar a casi todo el izquierdismo, desde el más suave al más rabioso. Le dejó muy poco espacio al PCE de Carrillo.

     El desarrollo de los años sesenta cambió la estructura social y económica de España. El proletariado campesino del  pan y cebolla, cuando había jornal, “las famélicas legiones” se convirtieron en asalariado burgués gozando de dignos sueldos, vivienda, prestaciones sociales. Ese era el vivero de votos del PSOE.

     Muchas familias, las más emprendedoras y decididas, creando empresas familiares, cambiaron de status económico, de clase baja a media. Conozco a más de una, comunistas cuando eran pobres, pero por seguir con eso del izquierdismo, cuando justamente, por su trabajo, consiguieron patrimonio, se hicieron socialistas, sobre todo cuando F.G. abandonó el marxismo y ya no se hablaba de reparto.

     Estamos en el XXI, sobre el 2.008. Revienta el desmesurado globo inmobiliario, aflora la corrupción, se destruyen millones de empleos, la crisis. El descontento social en los más jóvenes, en los más desprotegidos (aunque no pasen hambre como los jornaleros de mi infancia) es el caldo de cultivo para los movimientos sociales de protesta: el 15-M. Para la eclosión, con fuerza, de un nuevo partido político neo colectivista

     Y, entonces, la nueva y antigua “rojería” (expresión coloquial  que no quiere ser ofensiva), se va con ese nuevo partido,  Podemos.

     Entonces: ¿ahora qué?

    Creo lo más urgente es intentar recomponer el roto;  abstenerse y dejar (que  no es apoyar)  gobierno el PP. Luego ya, cuanto antes, comenzar el debate ideológico: social democracia o podemismo.

    Espero impere la cordura y opten por lo primero, aunque las diferencias entre ese centro izquierda del posible nuevo PSOE y el centro derecha del PP sean escasas, cierto margen si queda: perfeccionar este sistema de economía liberal. Por ej.: combatir, erradicar el fraude  la evasión y los paraísos fiscales, la corrupción; una fiscalidad más justa, en el campo existe mucho qué arreglar en ese aspecto; un mayor cuidado y conservación de la naturaleza; una política agraria que excluya a absentistas de las subvenciones…  ; salarios de subsistencia para quien carezca totalmente de ingresos y de bienes… Esa política, aunque sin corrupción que practicó F.G.

     Cierto que los vociferantes e insultantes del No es No ( ¿entonces qué?) de ayer en Ferraz representan a un amplio sector de la militancia  sectaria socialista de los cegados por el odio, mal asunto, al PP. Patética la intervención de uno de mi quinta con barbas y pelo blanco:  -“No me pasé cuarenta años luchando contra el franquismo para que ahora con mi voto le den el gobierno a la derecha”…  Pero es que algunos,  no se van a apear nunca del guerra civilismo, tergiversando además la historia?

     Esos, los dominados por ese visceralismo, se van a ir con Podemos. Aun así creo la única posibilidad que le queda de sobrevivir al PSOE es la de ocupar su posición moderada social demócrata.

     Los espera una larga travesía del desierto. La posibilidad de volver a gobernar la nación la veo remota, pero tienen bastantes gobiernos en comunidades, ayuntamientos. Aunque de la gresca de ayer no hay antecedentes, no es la situación del viejo roble socialista tan arraigado, la misma que la de la efímera y artificial UCD.

     Disiento de quienes pronostican ese mismo final que no deseo.