viernes, 15 de julio de 2016

YA NO ESTÁ EL CINE.



    Cuando esta mañana marché a Zamora aún quedaba la pared del fondo, último vestigio de aquel adobero "pajarón" de sueños que aminoraban tristezas, de ilusiones que mitigaban escaseces. Tú fíjate qué no habría  allá por los años cuarenta del XX. Ahora, al volver, cómo se extraña. Ya nada queda en pie. Es como si a los corralones les hubieran cortado una pierna, Las paredes de mi cine son un montón de escombros.¡Adios paisaje de mi infancia, de toda la vida, desde nuestro corral!

    Puede que el solar fuere de don Ángel Cañibano Mazo;  el dinero, tampoco tanto, lo pondría su primo Luis Mazo Ortega; la dirección técnica correría a cargo del joven abogado, don José María Concejo, esposo de otra prima Álvarez Mazo.

   Manolo Gil es quien me da la información más precisa. Lo construyeron en el año 1942, las dos familias de albañiles grandes del pueblo: la del señor Vicente Méndez y la  de Amadeo Fernández. Nadie se acuerda de los peones.

    Los adobes salieron de la ribera contra allá, de la Comendadora: picos, palas, paja, adoberas. Tela lo que era aquello: picar la tierra, desmenuzarla, mezclarla con la paja, hacer las piladas, amasarlo todo. Una palada bien cargada llenaba la adobera.  Rasearla. Ponerlos de canto una vez oreados por arriba... Todo a base del esfuerzo humano de hombres menudos, que comían cuando había jornal. Con pan, garbanzos, tocino y vino  hicieron los "Carpontes" esos miles de adobes.

   Según le oí a mi padre, no les daba tiempo a apilarlos. Del secadero al carro. Además de los obreros de Luis Mazo, otro que anduvo llevando adobes, fue Isidro "el Multa", que tenía carro y mulica pequeños.

  Guadillo me apunta algunos detalles: que trayendo la madera de Benavente, anduvo Eleuterio "Marcos"; que al descargas vigas, ya no se acuerda cómo, se cayó una y le rompió una pata a una mula.

   No sé cómo  acarrearían las tres enormes vigas que, de pared a pared, sujetaban toda la "delantera y el gallinero". A ver si Elicio se acuerda. También quién se encargó de todo el maderamen. No sé cuántos remolques de tablas, machones y vigas, han llenado ahora al desmontarlo.

    Parece que en los cimientos asoman sillares de arenisca, piedras como las de la puerta Villa. Esos paredones de adobe los enfoscaban por dentro con barro fino (tierra acribada y pusla); sobre ello el yeso. Para el techo raso el clásico mallazo de caña cortada a lo largo, medias cañas, urdidas con alambre, clavado bajo los machones. Sobre ahí el yeso. Fíjense la altura que eso tenía.., y todo sobre andamios de madera. ¡Cuántas y cuántas pozaletas de yeso a punto..! Aquello fue titánico.

    Sobre el yeso la pintura, que el cine por dentro, estaba bien chulo.

    Cuando la enorme máquina ha destruido en pocas horas, lo que con tanto esfuerzo, durante meses se levantó, deseo sea esta crónica un homenaje de recuerdo para adoberos, carreteros, albañiles, peones, carpinteros, pintores.. que Dios tenga en su gloria.

 

 

 

1 comentario:

Agapito Modroño Alonso dijo...

Estimado señor Agapito Modroño:

Me dirijo a usted para manifestarle mi agradecimiento por la amabilidad con la

que me ha atendido y facilitado información sobre el cultivo de forraje de

algarrobas y el tiempo dedicado.

Muchas gracias y espero poder continuar intercambiando comentarios e

información desde la zona de Salamanca con la zona de Zamora (Villalpando)

Un saludo de Gabriel Galiano.