domingo, 3 de julio de 2016




            DE DON LUIS CALVO A ÁNGEL INFESTAS.

      He terminado de leer, con atención y deleite, “El retiro del templario”.

      Captó mi interés desde las primeras páginas. Ángel describe con maestría los preparativos y el desarrollo de la batalla, en que la Cristiandad (caballeros Templarios y de otras órdenes), pierde la batalla, y con ella la ciudad fortificada de San Juan de Acre, último reducto en Tierra Santa.

      Su prosa es tan rigurosa, didáctica, descriptiva que traslada al lector al campo de batalla como si lo estuviera viendo en una película, con la ventaja de la riqueza léxica que aporta el texto escrito. Por ejemplo: el nombre de todo el utillaje, acciones, situaciones de las guerras medievales. Aparte de los conocidos, muralla, almena, alfanje, catapulta.., encuentro palabras que desconocía: caraboha, almófar, poterna.

      Luego en el viaje por mar (no doy más detalles para no destripar la novela), la descripción de los paisajes costeros del Mediterráneo oriental, de la isla de Chipre..,    es magistral. Supongo que Ángel ha viajado por esa parte del mundo.
             
      Todo eso muy bien, pero, señoras y señores, cuando la acción transcurre, ya hasta el final de la novela, en el , hasta hacía poco, Villa-Alpando y alrededores de finales del siglo XIII, ¡qué les voy a decir!
         
      Pues miren: cuando me asomo a la iglesia del Templo me parece estar viendo a freire Lucas, Hernán Pascual, Lope Ferrero, Mateo Senisse; cuando enfilo el camino de Valladolid, en San Francisco a fray Domingo Johan, Fray Nicolás; cuando por la Magdalena a don Pelayo, don Aparicio; las ruinas del alcázar, lo que ahora llamamos “el cubo el palacio” traen a mi memoria a Pedro Arrufado; la sinagoga, donde ahora almacén de electrodomésticos, me recuerda al rabino Samuel Ghirardi; por Cotanes me parece estar viendo a Martín Rallo, a sus hijas y a su mujer Sancha; inevitablemente por  Amaldos, por el valle veo a “la Raposa”, a “la Loba”. No voy a omitir al mudéjar Yussuf y su tejar entre la cava y el camino de Quintanilla…

       La puerta de villa, la torre y el arco de Santiago, el recuerdo de la cava, la Iglesia de San Pedro, las ruinas de San Miguel… me trasladan a todo lo mucho y bien que Ángel cuenta, que novela de esa época convulsa.

      Les confieso no me gustan las novelas de ficción pura y dura. Lo bueno de ésta es su anclaje en la historia. Que el protagonista, Lucas Gil de Zamora, es un personaje histórico, e historia de la que nos quedan restos, arqueológicos o escritos, son la encomienda templaria, la cofradía del Sancti Espiritú, el convento de San Francisco, la aljama judía, el alcázar, el consejo de la villa…, lo que dudo es si los nombres asociados a ellos, más arriba citados, (por ej.: el alcaide del alcázar, Pedro Arrufado) son históricos.

      De que en el siglo XII y XIII hubo artesanos mudéjares (alarifes, tejeros, alfareros…) no cabe duda, aunque desconozcamos sus nombres. A ver quién si no amasó y coció los ladrillos del ábside de Santa María, y muchos más. Qué alguno pudiera llamarse Yussuf.., pues es posible. Qué tres críos de San Andrés, Alvar, Yván y Diego, en el siglo XIII le prepararan una trastada, no sé. Sí que en el siglo XX otra cuadrilla de San Andrés (Teico, Paco el churro, Mele y Angelito el panadero) nos tenía atemorizados a los de santa María, cierto. Supongo que incluir a aquellos  del XIII, sea un homenaje a éstos, su cuadrilla, del XX.

      Me ha sorprendido el conocimiento que Ángel demuestra de los lugares, de los pagos y parajes del término y del alfoz,  habiendo marchado del pueblo siendo niño, aunque volviera en vacaciones de veranos durante su adolescencia, ya nos explicará de qué conoce tan bien el Raso, las Salinas, las Urnias…

    Es indudable que para los de la villa, parroquias, hospitales, cofradías, conventos.., ha bebido, como todos, en la fuente inagotable de don Luis Calvo, aunque, por supuesto, para los datos de los reinos de León y Castilla, de la orden del temple, haya consultado bastante más bibliografía.

    Leyendo  la novela de Ángel, he vuelto a la historia de don Luis. Busco siglo XIII, y me encuentro con el capítulo titulado Alfonso X, el sabio, Sancho IV y María de Molina. Ahí, en una página justa, de forma escueta está la historia del reino de Castilla desde la segunda mitad del siglo XIII, hasta los primeros años del  XIV, y la implicación de tanta guerra con sus estragos y miserias, de tantas ambiciones encontradas (nobles, ricoshomes, clérigos, familias reales…) en la vida de Villalpando.

     Me parece increíble como este hombre, primera mitad del siglo XX, pudo llegar a conseguir tanta erudición. Mientras fue profesor del seminario de León, tenía archivos a mano; ya de Párroco en Villalpando, volvía a León, se desplazaba a Simancas, a Valladolid, a lomos de una yegüa.

     Admirable su investigación (su fuente, los archivos) sobre la historia de la villa, si bien, lo realmente meritorio es su encuadre dentro de la historia de España, de  la historia de los reinos de Castilla, León, Aragón, Navarra… en la Edad Media, tan plagada de sucesos históricos. ¿A qué libros de historia recurría don Luis?

    Hoy es facilísimo adquirir conocimientos históricos. Tenemos una inmensa biblioteca a  golpe de ratón. Pero, en aquellos años, cuando ni siquiera existían fotocopiadoras, ni máquinas de escribir, y é transcribía a mano documentos en latín..! ¿Dónde está su preciado manuscrito? Esa joya debe conservarse en caja fuerte.

   Cuando contrasto la Wikipedia con don Luis y compruebo la coincidencia, me entra la admiración que aquí expreso.

   Si este hombre hubiera seguido en León, dedicado a la docencia y a la investigación, hubiera sido un medievalista de prestigio. Tomó la opción de ser pastor de almas en Villalpando, de historiar el pasado de la villa. Ese es el agradecimiento eterno que le debemos todos los villalpandinos.

NOTA: Respecto de la  encomienda templaria en Villalpando, dice don Luis que ocupaba toda la actual manzana entre la plaza, Liceo, Altasangre, Olivo, calle Mayor, hoy Solana. Ángel nos la describe con más detalle. Dice que la puerta principal daba frente al ábside de santa María, y que, además de la entrada desde la plaza, poseía otra que daba a san Isidoro. No sé si tendrá constancia histórica o es la deducción lógica del aspecto constructivo de los recintos templarios, mezcla de cuartel, convento y casonas de labranza. Por supuesto que las casas actuales son de construcción muy posteriorr, y que de lo edificado en el siglo XII no quedan más que los muros de la iglesia .

   Cuenta también, ya al final, que del sótano del “castillo de piedra” partían dos túneles: uno hasta el otro lado del terraplén de la muralla, tenía su salida en una oquedad disimulada por arbustos y matorrales, hacía el camino de “Bue” (nunca oí esta palabra), y el otro, cruzando por debajo de la plaza, se comunicaba con los sótanos de la sinagoga.

   Lo del túnel que cruza la plaza es leyenda en la villa. Decían los más viejos que iba hasta Amaldos. Lo que sí sabemos es que bajo la casa del bar Ideal había una bodega, a la que se accedía levantando una tapa de madera que estaba en el suelo. Esa bodega entraba bajo la plaza. En el año 1965 se tragó un poste  de esos gordos, cuadrados y el paño de fachada correspondiente. Un poco más allá, frente a la antigua puerta del ayuntamiento, de vez en cuando se hundía el suelo.

     Ahora bien: después de sucesivos rellenos y, sobre todo, del último arreglo de la plaza, en que se excavó, se compactó, se echó grava y una considerable capa de hormigón armado, el piso de la plaza  está firme, consolidado. No se puede poner como disculpa para impedir el tránsito y estacionamiento de turismos, cuando entran camiones de reparto, el tráiler escenario de actuaciones musicales, la pesada teslescópica con el cajón del toro de ídem, la pala que quita la arena, y no pasa nada.

    Espero, s. D. q. en la presentación de “El Retiro del Templario”, abordar otras cuestiones de aspecto sociológico sobre la vida en la villa y su alfoz por aquellos años. ¡Qué mejor que con el autor! Catedrático de Sociología en la Universidad de Salamanca.