viernes, 28 de agosto de 2015

LA OTRA HISTORIA DE VILLALPANDO. (II)

   

                        LA OTRA HISTORIA DE VILLALPANDO. (II)

                Hasta los años sesenta de la pasada centuria en España apenas si existía una incipiente industria metalúrgica, basada en la minera, en el País Vasco, y de tejidos en Cataluña. El 70% de la población vivía en los pueblos, de la agricultura, la ganadería, la pesca,  y pequeños oficios.

                Así la población de Madrid y Barcelona por el 1.900, apenas superaba el medio millón de habitantes. Zamora capital tenía 16.287; Toro, 8.379; Benavente, 4.959 habitantes.

                Les cito la de algunos pueblos de la Comarca: Villanueva del Campo, 2.825; Villamayor, 1.992; Castroverde, 1.680; Cerecinos, 1.612; Villafáfila, 1.576; Villalobos, 1,138; Cañizo, 987; Cotanes, 731; San Martín, 655; Villárdiga, 472, habitantes. Hasta el deshabitado desde hace muchos años, Otero de Sariegos, tenía 168 h.

                ¿Y Villalpando?  -3.165-TRES MIL CIENTO SESENTA Y CINCO HABITANTES. El aumento de 433 h. desde 1.830, se debía al crecimiento demográfico, general en  todo el país, a pesar de guerras, pestes, mortandad infantil  y muchos menos años de vida de promedio que en la actualidad; una tasa de natalidad del 30 al 40 por mil, daba para que, a pesar de lo anterior, siguiera creciendo la población.  Repasando los libros del Registro Civil, he visto como a finales del XIX y principios del XX en la villa había sobre unos 120 nacimientos al año.

                Bien: tenemos en bosquejo el cuadro de la situación. Sin apenas industria, ni construcción, ni servicios,  ¿de qué mal vivía la gente? Del sector primario.

                Centrémonos en la villa del pando. La situación social y económica cuando estallaron las revueltas campesinas en 1.903-1.904 era muy parecida a la por nosotros conocida de niños, por eso voy a fiarme de mi memoria.

                Existirían cinco o seis familias de ricos (d. Ángel Mazo, casona esquina de la plaza con calle Liceo, hasta el callejón de la “Fragua”, Cándido Ortega en calle Real y Miraflores; d Castorio Palencia, calle Olivo-Altasangre; d Teodoro Núñez, calle Real, posiblemente el mayor, 20 pares de mulas, según cuentan, y d Ramón Álvarez, “el gallego”, principio calle Real). Los dos mayores terratenientes, el Conde de Superunda, propietario de la totalidad de la fragmentada en la actualidad, dehesa el Encinar, de 900 has., y los dueños de “El Monte de las Pajas”, de 600 hectáreas, no residían en el pueblo.

                Pongamos unas 150 familias de labradores, entre medianos y pequeños; doce de hortelanos; treinta o cuarenta de pastores, otras tantas entre carreteros, herreros, albañiles, guarnicionero, herrador,  hojalatero, esquiladores, peluqueros, sastres, modistas, cereros, abaceros y otros comerciantes..; podría haber veinte de funcionarios. Si ponemos a una media por familia de siete miembros, excluyendo las anteriores, nos restan unas DOSCIENTAS familias de obreros. 1400 personas. De éstas supongamos que niños menores de diez años podrían ser  algo menos de la mitad. Nos queda un censo de obreros y obreras (criados mozos de año, criadas, perillanes, mayorales, jornaleros) de unas OCHOCIENTAS PERSONAS, viviendo, si bien con ciertas diferencias, en casuchas inmundas, mal comiendo y vistiendo.

            Aquella situación llegó a ser tan insostenible que originó la justa queja de los oprimidos, los sucesos que narraremos en siguientes capítulos. A ver, si entre tanto, puedo acceder al archivo municipal.