sábado, 15 de agosto de 2015

ENCIERRO FRUSTRADO



      Mientras hago tiempo para ir al motorizado encierro de ahora quiero recordar aquel abortado de allá por 1960.

       Por entonces ya, como ahora, soltaban dos o tres vacas de un camioneto que el mocerío, y no tanto, nos encargábamos de llevar, casi siempre vivas, al pueblo, lo que daba lugar a multitud de episodios.

         Extraigo uno de los libros de actas municipales: año 1923: el Ayuntamiento acuerda pagar el alquiler de las vacas con el importe de lo abonado por el tablajero Saturnino Martínez Caramazana, por una vaca que se ha estropeado en los encierros y otra que se encuentra en el término de Revellinos de Campos, habiendo de hacerse cargo el citado tablajero en la recogida de la res en dicho pueblo, ambas por un importe de SETECIENTAS VEINTE CINCO PESETAS.

        Recuerdo de cuando siendo mocico, una vaca cogió el careo de la ganadería, a campo través, y fue a parar al término de Villalba de la Lampreana. Pues hasta allí la siguieron, "Pichi" (Ramón Alonso), Moíses el yeguaricero, Domingo el herrador y Segundo "Relojero"; allá pasaron el día, hasta que por la tarde fueron a buscarla con el camión de mi tío Matías.

      Mil episodios, como cuando la vaca buscaba a Domingo "Pachico" debajo de una morena.

      Pues el año de marras resulta que se corrió la voz, los días antes, de que  los "cuatro" caballistas que venían  forasteros, sobre todo los de Cañizo, querían llevar las vacas a su pueblo. También ya por entonces Eduardo había comprado uno de los primeros tractores que hubo en el pueblo, un "Ebro 55" azul, único vehículo que aparecía en el encierro. Coches había los dos taxis y el de Luis Mazo, que no salían del pueblo.

       "El valiente Velas no podía ver al  Eduardo. Juntó a una panda de los mozos de entonces: "ya he hablao con Vitaliano pa que las suelten despacio de una en una. Yo la llamo con la capa, me tiro a los cuernos y rápido os tiráis todos a sujetarla por los cuernos y el rabo, la enmaromamos y al pueblo con ella".

       La suelta fue en la hondonada que había a la izquierda al principio del Camino de Canillas, ahora rellenada, frente a Ovicampos.

       Pues así fue: vaca abajo, "El Velas", unos cuantos, maroma y a la plaza, primero una y luego la otra. Por supuesto que con revolcones, magulladuras y solastrones para unos cuantos, entre los que me encontraba.

       Deseo con esta breve crónica rendir un homenaje al grande y mítico Ángel Guaza Paramio, desconocido para las nuevas generaciones.

     

1 comentario:

Agapito Modroño Alonso dijo...


¡Bueno!: otro año más de hierro y polvo. Esto degenera a marchas forzadas. Podía ser un bonito espectáculo ecuestre en que caballistas conducen a los toros hasta el pueblo y la gente, aunque fuera desde los coches, lo ve a cierta distancia, pero no: sueltan a dos pobres animalicos a los que rodea una nube de vehículos de toda clase. Caballistas cada vez menos. ¿A qué van a venir?, ¿a que los pille un quard o un todoterreno de esos?

Uno de los novillos ni se movió de donde lo soltaron, el otro bajó un poco hasta "La Lorenzana". Era un cornigacho manso, sin peligro alguno, que huía, como podía de los motores. ¡Bueno!: ¡cómo parece que eso gusta...!

Les confieso que lo pasé bien. Viajé en mi humilde bici dando la vuelta por la carretera de Villanueva a coger el camino de los "Lastros". En el recorrido me fui encontrado con gente que me saludaba, con grupos con los que conversaba.

No sé lo que pueden durar estas salvajadas motorizadas, hasta el día en que, en cualquier pueblo, ocurra un accidente serio con uno de tantos coches sin documentación, sin seguro, sin ITV, rancheras cargadas a tope, conductores con, de toda una noche, elevadas tasas de alcoholemia. Sólo así se explica que una de estas rancheras "pisaalfalfas", pegando volantazo, al adelantarlo en el Camino de Villalobos, intentara atropellar a un inofensivo ciclista. ¡Son más machos..!