miércoles, 21 de diciembre de 2016

SOLEDAD.


       Ya Miguel Delibes, al final de la década de los 70, en el "Disputado Voto del Señor Cayo", nos habló de la soledad de los ancianos en las aldeas. Eran  los primeros pueblos de  montaña que estaban siendo abandonados.

     Ahora, en estos de Tierra de Campos, en los que todavía hay gente, incluso en Villalpando, van quedando matrimonios, que se aferran a no salir de su casica, pero están al borde del desamparo.

    Sobre las doce estuve en el Centro de Salud. Entre quienes esperaban a la consulta había un hombretón de unos 86 años. Me cuesta trabajo llamar anciano a quien conocimos en su plenitud, a quien todavía anda en su vieja bicicleta, para hacer ejercicio y porque la resulta más cómodo que andar a pie.

    Cuando vuelvo a las dos y pico, veo que lo llevan en ambulancia  a  Benavente. Recorría el pasillo por su pie, rezongando. Él quería que le dieran un jarabe y marchar pa casa, que estaba la mujer sola. Le habían hecho un electro y le pareció conveniente al médico derivarlo al cercano hospital. Me ofrecí a acompañarlo. Me dijo Yoli, la enfermera, que no era necesario.

   Se me ocurrió pensar en su mujer. Seguro que no lo sabe y se empezará a preocupar al ver que no regresa. Angelito Guaza me ayudó a encontrar su casa en la Ronda de San Pedro. Llamamos los dos y, en efecto: ella ya empezaba a preocuparse. No tenía noticia de la ida a Benavente.

   No la asustamos. Le dijimos la verdad, que iba bien y sin urgencia. Que no era cosa de alarmar a hijo e hija que viven en Cataluña, pero que sí deberían saberlo. En los inviernos se los llevan para allá.

    Tienen móvil, pero es él quien lo maneja.  Se quedó por allí Angelito gestionando la llamada con alguna vecina. No doy nombres por respeto a la intimidad, aunque sí pistas por sí a los hijos o nietos
les pudiera llegar la noticia por este medio.

    Quiera Dios este hombretón se recupere.