miércoles, 25 de noviembre de 2015

CONTRA EL FANATISMO, LA ESTUPIDEZ Y SU CONTAGIO. (III)



       De los mil ochocientos millones de mahometanos que profesan el Islam en el mundo, unos cuatrocientos millones son fundamentalistas (los que observan los preceptos en toda su pureza), y de ellos, unos setenta y cinco millones son de tendencia yihadista. Desde que ocurrió lo de las torres gemelas me he dado cuenta, dado su fanatismo, de que éstos son el cáncer de la humanidad, o al menos de los países occidentales.

     Los preceptos del Coram, detallados, para descender hasta los más pequeños detalles, en la Sunna y los "Hadits", y recogidos como ley en la Sharia, impregnan, desde niños, toda la vida de los fieles: relación con Alá, culto, higiene, urbanidad; moral individual, social y política. La religión todo lo envuelve, todo lo regula, desde la cuna hasta la tumba.

     Ello, desde la infancia, supone un lavado de cerebro tal, una fe tan ciega, que no los deja pensar, emplear el mínimo raciocinio para plantearse la absurdez de sus creencias, y de su actuación. Pero, ¿qué dios te va a premiar porque mueras matando a inocentes, al grito de ¡Alá es grande!? Es la única religión del planeta que va contra la ley natural.

     Mi esperanza, más bien mi deseo, en la existencia de un ser superior espiritual, inteligente y bondadoso, se basa en ese sentido innato que poseemos los humanos sobre lo bueno y lo malo, en mi propensión a la bondad y a la justicia.

    Sobre el pasaje del Antiguo Testamento del "ojo por ojo y diente por diente" , recogido por Mahoma,había dicho Jesús de Nazaret lo de "poner la otra mejilla". El mensaje evangélico es de paz, de armonía, de tolerancia, de justicia, de caridad..., coincidente con una ética, que de cumplirla, el mundo sería mejor, aparte o no de las creencias religiosas.

     Esa filosofía es la que ha impregnado, superadas muchas guerras, a las sociedades libres occidentales. Nosotros, los demócratas, los que respetamos, o lo intentamos, la declaración universal de los derechos humanos, somos, para estos dementes fanáticos, los pecadores (porque comemos cerdo y nuestras mujeres lucen sus encantos) a los que hay que eliminar. Además su Alá nos mandará al infierno, "yahannam", (menos mal que poblado en su mayoría de mujeres, que son las más pecadoras, según la "Sunna"), mientras que ellos "los mártires" del cinturón explosivo, irán al "paraiso", al "jardín" por el que discurren entre hermosas arboledas y prados, ríos de leche y miel,     , a la Yanna, su cielo, donde estos muyaidines serán obsequiados, cada uno, con setenta doncellas, bellísimas, de grandes ojos y frondosos cabellos.

      En todo lo descrito anteriormente está la explicación a lo de París, a lo de Mali, Túnez y a la masacre de cada día.

       Pero, claro, como la estupidez es contagiosa, y farda mucho el hacerse el listo, el "progre", el antiatlantismo, es repugnante que ante tanta evidencia, ante el estupor de la sinrazón absoluta, de las atrocidades, tener que oír la imebecilidad de echarle la culpa a Bhust, a Blair y Aznar.

      La invasión de Irak en 2004 fue un error. No había armas de destrucción masiva. Derrocaron a Sadan Hussein pero quedaron otros tiranos. Otro problema del mundo musulmán es que los países en conflicto son un avispero, que se matan entre ellos, que los sunnitas están a muerte contra los chiitas, Pero de eso a establecer con lo de ahora, una relación causa efecto, va un abismo.

      (continuará)