miércoles, 1 de julio de 2015

RECORDANDO DESDE LA COSECHADORA.


   Ayer por la tarde pasé más de una hora subido en la cosechadora. Me encanta ver como va cortando, tragando, devorando la mies, volver la cabeza y ver, a través de la ventana que comunica a la cabina con el depósito, como cae el chorro de trigo limpio. Todo a una: segar, atropar, acarrear, trillar, limpiar, envasar, cargar en el carro los doce costales escasos... Los que vivimos aquello, pasamos eternos días sobre el trillo, no perdemos la capacidad de admiración ante estas maravillas.

   Subir a la cabina es refugiarse del polvo, del ruido, del calor. Se puede conversar perfectamente. Escuchar la radio... disfrutar comparando esta comodidad con las antiguas penalidades. ¡Cuánta gente afanando tres meses para subsistir!

   Este año es más bien malo. Los calores, fríos y la sequía de mayo dejaron mermados los granos. Con el muchacho de la cosechadora, Raúl, hijo de Javi, del páramo leonés, que lleva cosechando por aquí, al menos desde el año noventa y uno, de recién casado, que yo recuerde, echábamos cuentas:veíamos que de 33 has. en varías parcelas, alguna más bien mala, estaban saliendo unos 70.000 kilos de trigo. Sobrepasando los  dos mil de media, añadiendo lo que  falta, nos daremos por contentos "pa según es el año". Si hacemos números, según a como valga el cereal, puede libremos el trabajo. Nos van a salvar los forrajes, el girasol, grana de alfalfa y, con permiso del ayuntamiento, la remolacha (lo de ésta para pagar instalaciones de riego).

   Le contaba al cosechador lo que oía a los labradores cuando de niño: se consideraba un buen año, con el Candeal, cuando "salía a dos cargas la yera". Traducido a las actuales medidas eso eran mil doscientos treinta y cinco kilos/hectárea.  Una labranza media de par de mulas labraba unas cincuenta yeras a cada hoja. Pongamos que sembraban 40 de trigo y 10 de cebada. Cogían, por tanto, en años buenos, unas cien cargas de grano: diecisiete mil quinientos kilos, que caben en uno de estos grandes remolques-bañera de ahora.

     En las tierras del barbecho, dos yeras de garbanzos, por ahí de guisantes, muelas...; los de tierras malas, más de algarrobas. Los majuelos también suponían bastante en la economía de las familias.

   Así, mientras el trigo tuvo un precio altísimo en comparación a como estaba la vida, los campesinos iban tirando: hacían unas pocas perras de trigo,  para los pocos gastos familiares y de la labranza, apartado para sembrar y para la ración, (¡por lo menos coger para ello: simiente y maquila! Los costales para la ración se llevaban a la fábrica de harinas para cambiarlos por unas sacas para las hornadas quincenales. La ración de pan por persona podía ser de medio kilo diario) que, junto con el pan, garbanzales, pocilga, gallinero y conejera suponían las tres cuartas partes de la alimentación.

   Al chaval de la cosechadora, de 25 años, le sorprendía, se admiraba de aquella forma de vida, de la que también le habla su abuelo: -"ninguna otra generación va a conocer los cambios que ha conocido la vuestra, Ya no queda margen para otro salto igual".

      Me enseñó una foto de su preciosa novia. ¡Pues anda que en eso no hemos cambiado, ni nada!. En lo del sexto mandamiento, que él desconocía. Con la de veces que nos confesábamos por "tener malos pensamientos" . 

     En bromas le decía no ha mucho a Feli Vega: -"anda que no nos hiciste pecar con la leyenda del beso". Sí: en unas comedias, cuando tendría unos veinte años, como veinte bombones, bailó (seguro que sin enseñar apenas nada, que bastante tenía con aquellas curvas inocultables, ensayada por doña Leoncia) la celebre partitura a la que, muchos años después, pusieron letra los de "Mocedades".

     No se desanimen de visitar mi blog, aunque sea verano. Algo más, hasta que puede que importante, seguiremos contando de vez en cuando, con permiso de las barbaridades que estoy leyendo y del melonar.