sábado, 4 de julio de 2015

COMENTANDO UN LIBRO



                
                                    COMENTANDO UN LIBRO,  MEJOR: LIBELO.

                Fui a la biblioteca con una lista de títulos y autores que he ido anotando: “El Impostor” de Javier Cercas, “Las Últimas Horas” de José Suárez Carrero; “Pura Vida” de José Mª Mendiluce; “El siglo de las luces” de Alejo Carpentier; “El liderazgo al estilo de los jesuitas”; alguno de Rafael Abellán; “Maldita guerra”, de Ricardo Fernández, “Memorias del Secretario de Azaña”, de Santos Martínez” y, sobre todo, “La justicia sometida”. No encontré ni uno de éstos. Alguno por recién publicado. Los otros por muy específicos.

                Entonces el bibliotecario me ofreció las famosas “cincuenta sombras”, que lo acababan de devolver, leído por bastantes usuarios. Aun sabiendo de qué iba lo cogí. Ha estado tan de moda. Me he pegado buenas sesiones de lectura. Después de la azadilla lo mejor la tumbona y un libro.

                Escrito en primera persona por la protagonista, Anastasia Steele, su lectura me empezó siendo atrayente.  La autora E.L. James posee la habilidad de una prosa ágil, en la que entremezcla las situaciones, con abundantes y breves diálogos. Introduce una técnica nueva: la protagonista narradora transcribe lo que piensa, de lo que ve,  le dicen o le hacen, como preámbulo de lo que a continuación habla, dice.

                Es, ¡vaya descubrimiento!, un libro pornográfico. Sólo una mujer tiene la capacidad de expresar todas las sensaciones que le produce el sexo, narradas de forma muy descriptiva y con todo lujo de detalles. No es, sobre todo en las primeras coyundas, un aquí te pillo aquí te mato, sino que van precedidas de situaciones para crear el ambiente, y de abundantes juegos preliminares.

                El protagonista masculino, Christian Grey, es un moderno príncipe de azul a lo bestia, poco verosímil. Aparte de sus ojos grises, su pelo cobrizo, su belleza, tipazo, “tio bueno”, como se dice ahora, y por ello su gran atractivo sexual, que los hay, es culto, inteligente, filántropo  e inmensamente rico. Posee una inmensa fortuna, hecha por él, desde un humilde origen (fue niño adoptado)…, y  tiene 27 años, cuando, además esta Ana, es la novia “dieciséis”, lo cual le debería restar tiempo para los negocios.

                También me hace dudar existan tipos, aunque sean jóvenes, que todos lo hemos sido, con esa capacidad  eréctil y eyaculadora tan repetida y en tan poco espacio de tiempo. Ni el rifón del  burrero, en sus buenos tiempos.

                La novela posee todos los ingredientes del papel couché, de la vida de los muy ricos: grandes mansiones, coches de lujo, helicóptero propio, vinos y champanes únicos, ropa de lo mejor…

                La chica, a punto de graduarse cuando conoce al Sr. Grey,  es la prototipo inteligente, bella,  de familia media americana. Su madre ya va por el cuarto marido. Trabaja, estudia, se licencia con buena nota final. Vive con una amiga. No tiene experiencia sexual. Se entrega a este hombre seducida por sus actitudes y aptitudes.

                Christian Grey es un “macho alfa”, un sádico que no se conforma con los coitos en todas sus variantes, sino que pretende el paroxismo del sexo, el sadomasoquismo, en el que él ha de ser el “amo” y “Anastasia” la  “sumisa”, la esclava sexual con mayor sumisión, todavía, por ser más delicada e inteligente, que las quince anteriores.

                Posee una sala especial para ello, la habitación roja, con toda la ambientación, luces, muebles, aparatos (fustas, grilletes, cinturones con pinchos, cuerdas, arneses… ) tan bien descritos.

                Anastasia (hacia la mitad del libro le propone lo de ser sumisa) se resiste a la humillación, al castigo físico. Soporta, sin consentimiento, una azotina de la que la compensa con terrible orgasmo.

                Hasta ahí he leído, página 348 de las 540. No he soportado más, cuando veo que ella, tan presa de los encantos fisiológicos de ese hombre, del goce físico que “la”  proporciona, va a ceder, a firmar el contrato, para convertirse en sumisa.

                He saltado a las últimas páginas, para ver cómo terminaba. Me he quedado más tranquilo. Ella, harta ya de barbaridades, le devuelve el lujoso deportivo que la había regalado y  lo abandona. De todos modos la historia queda abierta para otros dos libros que no leería ni por recomendación médica, ni del urólogo.

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                MIS REFLEXIONES:

                a).- El libro es una exaltación del placer sexual, hasta el extremo de la depravación, como fin en sí mismo, desprovisto de cualquier otro sentimiento.

                b).-  Hemos pasado, en el transcurso de una o dos generaciones, desde el extremo de estar ligada la coyunda con la natalidad, (del 35/1000 en Villalpando), y dentro del matrimonio, al otro de cama y cama sin hijos (9/1000 nacimientos en España). Dudo que, aun en las parejas, con papeles o sin ellos, relativamente estables, el fornicar y fornicar, sea el sumum de la felicidad, la meta de la vida, el  horizonte vital.

                c).-  En esa antinaturalidad  de evitar los hijos se está fraguando la desaparición de las sociedades occidentales.  Nuestra sociedad se está suicidando demográficamente. La destrucción de la familia tradicional, nos acarreará, no cabe duda, la desintegración social.

                d).- Aparte de lo anterior lo que me resulta insoportable del libelo es el machismo, aunque sea refinado, que rezuma por todos los poros. No entiendo cómo puede tener tanto éxito entre las mujeres. Christian Grey es un “machote” en estado puro: prepotente, dominante, “el amo”. Da órdenes continuamente, incluso en las semanas anteriores al establecimiento de las prácticas sadomasoquistas de “amo”  y “sumisa”, las que ya no soporté.  Y la chica lo aguanta todo atrapada en la pasión, en el deseo, en los orgasmos intensos que la proporciona.

                e).- Intenta justificar la autora del libro esa actitud bestial del Sr. Grey, porque fue de adolescente “dominado”, acosado, amancebado  por una amiga de su madre, lo cual, junto a su cualidad de adoptivo, lo utiliza el protagonista, cuando falla el recurso de la fuerza, para hacerse la víctima, despertar compasión. Es recurso que conozco de algunos “machotes” villalpandinos de antes y de ahora.

                CONCLUSIÓN: No se piensen que me creo poseedor de verdades absolutas. Me gustaría contrastar mis opiniones con las de alguien más. Si alguien desea hacerlo, puede mandar su mensaje. Si lo desea veríamos la forma de ocultar su nombre.

                Saben que, durante años, este blog estuvo abierto a los anónimos, incluso.  Me gustaría volver a abrirlo, cuando no exista el peligro de volver a las andadas de su mal uso.