domingo, 18 de septiembre de 2016

LA CASA DE MI TÍO PACO.


   Está en la calle de la Fuente, esquina a "Corralones". La conocí siempre llena de vida. Me da mucha pena verla cerrada, y para siempre.

  A la tristeza de que las personas se mueran o vayan a la residencia, se une la de ,"otra casa que se cierra". No me refiero a los pisos, sino a estas casas de pueblo en las que está el alma de generaciones. La de don Manolo el del banco, por ej. La contemplo cuando voy a la panadería con ese sentimiento.

   Anteayer me encontré con su última moradora, de la anterior,  mi prima Carmen Gutiérrez, viejecita, arrugada, disminuida, asida al brazo de Mari Miranda. Los acompañaba otra pareja. Venían de cerrar una ventana que llevaba muchos días abierta. Creo era su primera visita a la casa de sus amores desde los hace casi dos años que está en la residencia.

  Como es persona tan resignada, sonreía, no se quejaba de que la hubieran arrancado de ella. Creo que en el fondo mantiene la esperanza de volver.

  Esa casa de grandes habitaciones, altos techos rasos de caña y yeso, grandes balcones, soleada galería en la parte de atrás, la levantaron mi tío Paco, el carretero, y Paco Méndez hacia el año "veintinueve".

   Cuando derribaban la vieja casa anterior, en el muro de la esquina, a ras de suelo, encontraron una vasija de barro, como pequeña tinaja, incrustrada en dicho muro y tapada. Como los dos Pacos no se pusieron de acuerdo en el reparto de lo que hubiera dentro, la dejaron ahí, tal cual, y levantaron la nueva pared.

   En esa casa nacieron Remigio, Carmen, Primitivo, Pacucho, Nana. Puede que alguno más. Sé de dos mellizos nacidos en el año de la guerra que "no subieron al gallinero".

   En esa casa el cáncer se llevó por delante a mi tía Patro, que era una mocetona guapa e inteligente.

   Soy primo segundo de los Gutiérrez Chimeno, pero como si fuéramos hermanos. Su madre, huérfana desde el parto, se crió con los abuelos paternos y mi abuela, y tía suya, María Chimeno, en este solar, en el que vivo toda la vida.

     De niño cuando no había escuela, andaba siempre por el taller de carros. También otro crío de la vecindad, algo más pequeño, que no dejaba "títere con cabeza". Un día "Pacucho" ya harto soltó: "gúen die": este muchacho es un averías. Quienes  lo oímos nos echamos a reír, Al día siguiente, cuando volvía, no tendría más de tres o cuatro años, saltamos: -¡Cuidau que ya viene el Averías". De esta forma el adjetivo se transformó en sustantivo para toda la vida. Con Luisito, cuya familia es de las íntimas de los Gutiérrez, lo he reído unas cuantas veces.

  Tan vecinos y queridos, la familiaridad era recíproca: Mi tío Paco y Pacucho venían a casa a escuchar la radio casi todas las noches, más tarde Carmen, cuando podía (Nana estaba con Primi en San Esteban, en Cerecinos) a ver la tele.

    En todas las desgracias familiares, ahí hemos estado los unos y los otros: en la repentina muerte de Pacucho, mi hijo Jesús corrió al Centro de Salud, estuvo con él en los últimos instantes. Yo llegué al poco; llorando como un descosido, junto con Jesús Boyano, también de la familia, ayudé a meterlo en la caja.

     Aquella mañana fatídica, (ya va a hacer cuatro años) cuando todos marchaban porque se moría Belén, Carmen, Nana, Primitivo intentaban aplacar mi desgarro, mis gritos.

     En esa casa, que era la de toda la gente, tengo pasados muchos de los mejores ratos de mi vida: la tertulia y la amistad con los pupilos de lujo, Paco "el teniente", novio de Maripi; Jesús Seoane, Secretario del Juzgado de Instrucción, novio de Mari Carmen López, Manolo Jabato a quien le une cierto emparentamiento con el actual alcalde de Valladolid; Agustín Cordero, Jefe del Silo; cuando venían los parientes de la Argentina; las tertulias de los domingos con los curas (don Tomás, don Santiago, don Nemesio, don Primitivo), y mucha más personas llenando la galería, desviviéndose Nana en servir cafés, pastas para todos.

     ¡Qué les voy a contar de las veladas veraniegas en ese hermoso patio con las asturiano-andaluzas Leal Marqués y otros " Leales y leales"..!

      Era una casa muy confortable: buena calefacción, esa galería tan soleada en que hacían la vida, fresquita en verano, el mando de la tele, visitas frecuentes, y, sobre todo Cristina, quien desde hace años los atendía, pasaba horas con ellos; bien los devolvía la ayuda que de niña, ella y su familia, recibieron de los carreteros, cuando tampoco les sobraba.

     Desde hace años, ya antes de morir Nana, previendo lo que se avecinaba (que cada vez eran más dependientes y Cristina no podría con la carga), todos cuantos les queremos, que somos muchos, no parábamos de sugerirles que contrataran a una trabajadora del hogar, aunque fuera a tiempo parcial, para pasar las noches y ayudar a Cristina, quien aguantó lo que pudo hasta que la situación se volvió insostenible.

    Servidor, empleando argumentos, presionó a Primi, intentando que entrara en razón, hasta el último momento. No hubo manera: a la Residencia y su casa cerrada. Al poco ya empezó a pesarle.

     ¡Adios soleada galería, adios el mando de la tele, adios las visitas y las tertulias vespertinas diarias, después de Misa de las monjas, ; adios a levantarse y desayunar cuando les apeteciera, adios a comer y cenar, bien, a su gusto, a una hora razonable, no a las ocho en verano cuando quedan tres horas de sol; adios a dormir sin ruido, sin que moleste el compañero de al lado; adios a ser personas en su casa, no muebles en el almacén de viejos... ¡Qué pena no apurar, en su hogar, lo positivo de la vida hasta el último momento, teniendo la posibilidad de hacerlo!

     Triste final el de la casa de mi tío Paco  Si se hubiera impuesto lo justo a los prejuicios, si se hubiera tenido en cuenta que más importantes que los vínculos genéticos son los afectivos, cuando en la práctica están disociados, esa casa debería haber seguido abierta para apurar sus días en ella don Primi y Carmen, y luego quien los había cuidado...

    Así ¡se acabó!: los herederos intentarán venderla. Misión casi imposible, dado todo lo que "SE VENDE". Cuando se cansen de pagar agua, luz, desagüe, IBI,.. puede la tenga que "regalar". ¿No hubiera sido mejor la otra solución?

P.D. Es algo que a mi se me ha ocurrido pues sé que para nada entraba en el cálculo de la cuidadora.