domingo, 29 de mayo de 2016

AGRICULTURA Y ECOLOGÍA. EL GLIFOSATO (I)

   ¡Menudo conflicto!

    En los tiempos de mi infancia y primera juventud, la agricultura y ganadería, salvo la utilización del Nitrato de Chile, que era natural e inalcanzable para la mayoría, eran completamente ecológicas. Por aquel entonces el 60 % de la población activa, 18 millones, trabajaba en el campo y no producían alimentos para los 30 millones de habitantes que entonces España tenía.

   Aquellos alimentos, ecológicos, en años eran tan escasos, que había hambrunas. El promedio de vida en España, por 1950, además por otros motivos, era en los varones de poco más de 50 años.

   No voy a negar que prefiero los alimentos ecológicos. Para comer algunos, cultivo un huerto, en el que la azadilla, y el dolor de riñones, suple al herbicida, pero no me preocupa lo más mínimo comer todo lo demás de la agricultura y ganadería convencionales. A pesar de tanto "veneno", además de por los avances de la medicina, la higiene y la mejora de hábitos de vida, cada vez vivimos más años.

   También les manifiesto que soy partidario de utilizar en la agricultura la química imprescindible. De realizar una agricultura sostenible, con rotaciones, incorporación al suelo de restos de cosecha y laboreo no agresivo con la flora y fauna de los suelos.

   Es una evidencia que sin las máquinas, los fertilizantes químicos, ("abono mineral") y los herbicidas, (no tanto los insecticidas y fungicidas), nos moriríamos de hambre. El planeta no produciría alimentos para sus 7.000 millones de habitantes.

  Hace cien años, las producciones de trigo en "Tierra de Campos",  prácticamente monocultivo de este cereal rey, base de la alimentación (comían pan y algo para envolver, si lo había, cebolla muchas veces), era de 900 kilos por hectárea.

    Recuerdo de niño, un año que salió bueno, debió ser el 1951, oír a Filomeno "el Olegario", en el taller de carros de mi tío Paco, decir que había salido a "dos cargas", la yera, se entiende. Traducido resulta que eso era 1.200 kilos la hectárea. Y cada dos años. En uno se abarbechaba y sembraba, en el otro se recogía.

   Ya, siendo mayores, nos sorprendían esas producciones en trigo y cebada de seis o siete mil kilos hectárea en Francia, en Argentina. Reconociendo que lo de este año es algo nunca visto, si remata como va, en las parcelas mejor abonadas alcanzaremos esos, incluso más, kilos. Sepan también que, además del mineral han sido necesarios tratamientos fungicidas contra los hongos de la "roya amarilla", la "septoriosis", insecticida contra el "troncha espigas".

   El otro factor determinante en las altas cosechas lo son las nuevas variedades de semillas, que la ingeniera genética, (no hablamos de los transgénicos), a lo largo de los años, ha ido consiguiendo.

    El clásico Candeal de toda la vida, era rústico, resistente, pero no daba más de sí. La introducción del Pané 247, por los años cincuenta, dobló las producciones. Ahora existen multitud de variedades (el Califa, Craklin, García...) que, en regadío (este año lo es todo), con 500 kilos de NPK y 200 de NAC, llegan a los diez mil kilos hectárea.

     Si en el trigo y la cebada ha habido avances, en el maíz, ni les cuento. En el próximo Páramo Leones, en la vega del Esla, consiguen con facilidad los catorce, dieciséis mil kilos.

     Estas mañana salí por la Lomba, tiré hasta Tapioles, di la vuelta por el puente de Conejo, Canillas hasta el pueblo.

      En el término de ese pueblo de los "Cucuses", por el camino que va al puente, no sólo cebadas y trigos, sino más bien unas parcelas de colza que pueden dar, yo qué sé, a pesar de esos granitos, (bolitas negras y redondas como cabezas de alfiler) tan pequeños, puede que a tres mil kilos, que valen como nueve mil de cebada. Si es que miden la altura de un tío, y es imposible penetrar en esa jungla.

     Vi unas parcelas de veza, a las que han pillado estas pocas aguas de ayer y hoy, en maraño, tan grande y gordo éste, y tan juntos que puede salgan seis, siete mil kilos de heno por Ha.. Veremos a quien se vende eso, que esa es otra.

      Los ganaderos de ovino están embolsando en verde (microsilos, pacas plastificadas, bolas) sus siembras de forraje. Ví en un cacho de unas ochenta áreas, carretera de Madrid unas sesenta bolas de 800 kilos. Barbaridades.

      Lo ecológico es viable en los cultivos de huerta, en los frutales, (ahí, sin subvenciones, es donde están los agricultores ecológicos por vocación) no así en nuestros cultivos extensivos donde están los "agricultores ecológicos" de conveniencia.

     Sin abono mineral, sin herbicida, casi nunca siegan. Ahora con ciertos centenos, el tritical, un trigo muy rústico, aunque poco productivo, algo cogen, cuando cogen, apenas para cubrir gastos de laboreo, semillas, cosechadora.

    ¿Qué motiva su vocación ecológica?: la subvención que les dan a mayores de las comunes de la PAC. Les pagan por no producir. ¡Qué mamoneo!

     Sé de uno que tenía parte de la explotación en convencional, y parte, a nombre de la mujer o de algún hijo, en ecológico. Parte de lo primero, que es donde cogía, lo vendía como de lo segundo, hasta que le pillaron.

     Asistí a una jornada sobre agricultura ecológica. Allí estaban los agricultores más punteros de la provincia: jubilatas, absentistas, domingueros y cazaprimas.

     En el receso, uno de Prado, de mi quinta, solterón, que con un hermano mayor e idem, siguen llevando una buena labranza y cobrando de la PAC, me decía: -di que a ver si nos dejan tirar mineral, que si no, no se coge nada..."

     Como es melifluo y avaro le conteste: -Tú quieres lo que el capellán quería, joder y la capellanía.

     El problema de la agricultura convencional es el alto coste de los insumos (utilizo la palabra poco de mi estilo, por abreviar), y el bajo actual de los cereales. Los forrajes, como hay tanto, con tal de venderlos... Esperemos sea mayor el de oleaginosas y legumbres grano.

    En el próximo capítulo, s. D. q., les daré mi opinión sobre el debatido "glifosato".