lunes, 14 de diciembre de 2015

PLANTAS Y CULTIVOS MÁS BENEFACTORES.



       Descendiendo a nuestra comarca hemos de fijarnos en los pinares del Raso. Son el pulmón de "Tierra de Campos".

       En mis años mozos contemplé con impotencia el arranque de las encinas de la dehesa. ¿Cómo se consintió aquello? Pecado ecológico que se volvió contra sus propietarios.

       En aquellos inviernos, años sesenta y cinco y sesenta y seis,  al cruzar la dehesa para llevar a obreros  que andaban reponiendo faltas en el pinar de la mancomunidad con Ramón "El Gallego", en el remolquito aquel, enganchado al Barreiros de 37 CV, sin cabina, veía con dolor el descuaje. Me consolaba ver cómo crecían los pinos, y cómo estábamos reponiendo. Llevaba merienda y libros, encendía una hoguera, pasaba la jornada estudiando. También echaba una mano repartiendo plantones.

     Amo a los árboles desde niño. Así que comenzó el programa de reforestación de tierras agrarias, plantamos las seis primeras hectáreas de pinos y almendros, año 1993.Hemos seguido plantando en parcelas propias y ajenas, nosotros personalmente, pino a pino. A empresa forestales han encargado otros propietarios las plantaciones. Lo bueno es que, entre todos, a las 1.600 has de la mancomunidad le hemos añadido, no sé, ¿otras cuatrocientas más?   A ello hemos de unir lo que, de la foresta autóctona, se salvó de la barbarie en la dehesa y el coto.

     A los amantes de la naturaleza les puedo recomendar muchas rutas de senderismo, a pie o en bici de campo. Por ej.: pueden dejar el coche en los hoteles del antiguo "Monte de las Pajas", coger la cañada que le da nombre a uno de ellos, por el teso El Mimbrero. Allí, a izquierda y derecha ya comienzan los pinares. Desembocamos en el camino Real, al frente nos cierra el horizonte el Teso Polanco, con unos pinos preciosos; lo bordeamos por la senda "la Paloma", cruzamos la cañada de la dehesa, cogemos el camino de "el Sebo", de un lado y otro, a la derecha en un trozo de la antigua dehesa, a la izquierda en otras parcelas, ya no se cortan los pinares en esa pequeña planicie pedregosa, malona como su nombre, grasa de las ovejas, indica.

     Cuando el camino se hace cuesta abajo es bonito contemplar todo el valle de Valdeconejo convertido en pinares. Quien tenga fuerzas para seguir caminando, puede cruzar la senda "Marranera" , coger el camino de San Pedro, abandonarlo al poco y adentrarse, hasta la torreta, desde el "Pico la Pata". De allí, al término de Belver, puede queden otros cuatro kilómetros, todo de pinos, ya muchos carrascos de encinas, la flora autóctona vuelve por sus fueros, incluso eucaliptos.

    No se asusten si del sotobosque surge un animalitoo, grácil, saltarín, es un corzo; tampoco si ven la pomposa cola del asustadizo zorro; tengan más cuidado si ven al "marrano" de afilados colmillos; por si aparece el macho alfa lobuno, señor feudal del pinar, lleven un cayado, por si acaso.

   Cuando empezamos a plantar pinos, yo lo comenté ilusionado, en la tertulia con los curas en casa de mi tío Paco (¡más pena ver esa casa cerrada..!). D. Primitivo me pregunto: -¿Qué dan los pinos? -Oxígeno, le respondí como una escopeta, -¿te parece poco? ¡Bueno!: también subvenciones, aunque ahora nos deban las de tres años.

    Esos bosques, cuando los  cereales se secan, son la única masa verde de la estepa. Toman el CO2, se quedan con el C, y dejan el O, aunque de ello algo también se tomen para respirar. Mucho menos que liberan en la función clorofílica.

   Pero sumidero, sumidero de carbono el cultivo del que hablaremos en el próximo capítulo.