sábado, 1 de noviembre de 2014

REFLEXIONES

         
                                      REFLEXIONES EN TORNO A LOS SANTOS.

                Es esta una de las fechas en que más se nota el cambio de costumbres, de religiosidad desde los años de mi infancia y juventud a la actualidad. Si es que hasta el tiempo ha cambiado.

                Por lo Santos , habían caído las primeras heladas, solía haber nieblas para hacer más lúgubre el doblar de las campanas tocando a muerto. Escasas y raquíticas bombillas apenas alumbraban los cachos de acera, donde no había barro. Calles de barro, tapias de barro, casas de barro, tumbas en barro. En la iglesia nos recordaban sin cesar: “barro eres, y en barro……”

                No obstante el día de los Santos, y el de los Difuntos eran muy festivos para los muchachos. Todos íbamos a jugar al cementerio, toda la gente iba al cementerio. Había muy pocos panteones y mármoles. Predominaban aquellas cruces  barrocas de hierro, pintadas de negro, con la placa, en el centro, para escribir el nombre del difunto. Alguna de éstas queda. Incluso, en las tumbas más pobres, había cruces de madera.

                Flores muy pocas. Algún crisantemo de la huerta de la señora Valentina. Eso sí: faroles, muchos faroles,  lujosos,  humildes, el mismo farol de la cuadra y de cuando no llegaba la luz a la  bombilla de veinticinco bujías. Faroles fabricados por el Sr. Emilio, “El hojalatero”.

                Los muchachos jugábamos a las cartas sobre la pared, a la “obrigada” de la fachada. Allí pasábamos los dos días. En el camino de Villalobos un incesante hormigueo de gentes a pie. Los de las casas grandes llevaban, los criados, los faroles en los cuévanos del burro.

                Anoche salí a dar una vuelta. No tuve que brincar el barro de “los corralones”, ni el aguarriche de estiércol que salía por la trasera de Peliblanco.  No estaba la bombillica del “foco” sobre “el queso”, la que, junto con la poca luz que salía del portal del Ayuntamiento, del bar de “Torti”, de la cantina de Monsi y del “Comercio Grande” alumbraba lo justo para que el tropel de muchachos jugáramos al “rescate”.

                La plaza con sus placas, la calle del Liceo, todo limpio alumbrado, buenos bares, incluso animación. Grupos de niños y mujeres con disfraces “terroríficos”. ¡La noche de Halloween…!

                ¿Qué es eso? ¿Qué tiene de festivo, de educativo? Intento de paganizar lo trascendente.

                Reconozco que aquel tenebrismo de la iglesia preconciliar, la novena de ánimas en las monjas a los niños, a los adolescentes sensibles nos hacía daño. Después del concilio y con la llegada de D. Tomas Osorio al pueblo, la liturgia del día de Los Santos se hizo gozosa. La iglesia bien iluminada, leyendo D. Tomás con solemnidad _”y vi, a la derecha del cordero, una multitud gozosa  de toda raza, edad y condición…”

                No sé, no sé, pero me parece que tanta paganización, tanto materialismo no es bueno, sobre todo socialmente. Pienso que, incluso individualmente el prescindir de una cierta moralidad, de unos gozos espirituales, no es bueno.

                Reflexionaré, s.D.q., sobre ello en el próximo escrito.


3 comentarios:

FMM dijo...

Tengo que decir que no me gusta esto de truco-trato,prefiero los buñuelos y huesos de santo.Pero igual que defiendo lo taurino por el dinero que mueve,por ser la economia de muchas familias,digo que esta nueva historia que tenemos por estas fechas,es dinero para otras economias.La cosa es mover a la gente,y asi el dinero se mueve.No me gusta,pero estos dias alguien habra tenido curre en sitios que se vendan esos productos "terrorificos"

Agapito Modroño Alonso dijo...


¡Gracias Fernando por tu mensaje!

Si la gente gasta dinero en esas historias de máscaras y pinturas es porque lo tiene. Alegrémonos. En nuestra época, pregunta a tu padre, la perra que nos daban de propina la gastábamos en algo de comer. Si eran huesos de santo, mucho mejor.

Un abrazo.

Agapito Modroño Alonso dijo...


Cierto que tu padre, de miliciano voluntario raso, llegó a ser Teniente del Ejército Republicano. Me enseñó el carné. Además lo tengo documentado en una relación de oficiales de la república que me mando Ramón López.

Cierto que pasaron unos años en la huerta de "Lentes".

Mira si no, la historia real, se merecía un poco de adorno.

Que se sepa. Hasta luego.