domingo, 21 de mayo de 2017

NOTICIARIO COMARCAL.


    Aunque casi con una semana de retraso comento el incendio sufrido en la explotación ganadera de Miguel Barrero e hijos en Quintanilla del Monte. Fui a verlo y me dio mucha pena.

   Es este pequeño pueblo, unido a Villalpando por el cordón umbilical de su carretera provincial, que de allí no pasa, uno de los que se mantiene más vivo. Incluso hay algún niño y unos cuantos jóvenes.  Y eso es gracias a las ovejas.

    Coincidió que unas cuantas parejas,  jóvenes hace treinta años, decidieran quedarse en el pueblo viviendo del ovino. De esos alguno ya se ha jubilado, pero todavía quedan, y con relevo generacional, este Miguel Barrero, Antonio Alegre, Pascasio y Mateo, Pablo "el Zorro", Eugenio Toral, Juanjo Brezmes, Enrique Valdés, David Áres, Abel Lera; además otras tres o cuatro labranzas grandes. Total: Quintanilla sigue vivo.

   Eso, en estos tiempos de despoblación rural galopante, es casi un lujo. Cada poco leemos, a gente que vive en las ciudades, hablar del problema. Se forman mesas, se habla, se debate. Bla, bla, blá.

   Me ha tranquilizado saber que Miguel tiene suscrito un buen seguro, aunque veremos a ver, cuándo y cuánto le pagan por tanta pérdida. Han ardido muchas pacas de paja almacenadas del abundante pasado año que, en este tan escaso, valdrían mucho dinero. Igual de forraje. Y más grave aún: dos tractores, uno recién estrenado; una pala telescópica, el carro mezclador... y alguna cosa más. La nave ha quedado muy dañada. Por eso sería justo que las entidades a las que la explotación de mil ovejas de Miguel y sus dos hijos, junto con las demás, dan vida, echaran una mano, estuvieran ahí, ya de inmediato. Se me ocurre pensar en Caja Rural, el Consorcio de Promoción del Ovino (del que, por cierto, no corren buenas noticias), incluso la Diputación Provincial. Independientemente de que Miguel sea o no el alcalde del pueblo

    En cuanto a la motoniveladora de la Mancomunidad "Tierra de Campos", origen de tanto conflicto entre alcaldes (parece ser que en la reunión del pasado jueves la bronca fue gorda, con petición de dimisión y todo), mi preocupación es menor. ¿No dicen que tienen superavit los ayuntamientos? ¡Pues ya está!

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    Ahora les cuento otra historia más festiva: ayer, "Caravana de Mujeres en San Esteban del Molar". ¡Qué cosas!: si la señora Cesárea, tan maja, levantara la cabeza...

    Me acerqué al pueblico, a medio camino entre Villalpando y Benavente. Lo recorrí. Las casas cerradas, erosionado el tapial por las garras del tiempo, me evocaban tantos recuerdos... No quise asomarme a las bodegas. Estarán todas arroñadas.

      En el año 1963, cuando todavía quedaban majuelos, y labradores que elaboraban vino para el gasto., empecé a ir a sacar el orujo de sus bodegas. Habíamos estrenado un remolque de cuatro ruedas, con teleras de tres mil kilos, ¡qué adelanto!

     Con la ayuda de uno o dos muchachicos (Natalio "Rebulle", Manolito el de Cisla, Tinín el Huevero, Miguelín  "Fufú", según los años) que lo sacaban a talegas, lo llenábamos hasta arriba. Tiraban de él un macho medio burreño, bruto, bruto, que nunca se rendía, y una yegüica pequeña, topina de las patas de atrás, que en las cuestas abajo corría mucho, pero en las cuestas arriba, sobre todo en la de Cerecinos, ya rendida, se negaba a tirar.

     Yo echaba el freno, para que el remolque no se fuera para atrás; los muchachos, que ya venían detrás empujando, ponían dos trancos de calza. Nos tomábamos un descanso. y ¡ale!: Martino, el carretero, que tenía el taller allí en la cuesta, se subía al pescante y los animaba con la soga de los ramales; los muchachos y yo, más siempre algún voluntario, metíamos el hombro por detrás. Y así, a empellones, conseguíamos coronar lo más empinado.

   También subí a la explanada de la iglesia, sombreada de frondosas acacias. Me alegró verla restaurada, con techumbre completamente nueva. También se conserva la casa del cura, en la que don Primitivo y Nana vivieron unos cuantos años. Era nuestro paradero para dar cuenta de la fiambrera, más fruta, agua, algún obsequio que siempre Nana nos daba. ¡Cuánto la quería y la recuerdo!

   En San Esteban deben quedar viviendo sobre unas sesenta personas, pero hay un joven alcalde y concejales emprendedores a quienes se les ocurrió, como programa de las fiestas del "Cristo", entre otras, organizar "la caravana".

   En el solar delante de lo que fueron escuelas, donde di clase el curso 69-70, habían instalado una carpa grande, y puesto mesas corridas, tableros sobre borriquetas, y sillas.

   Había llegado gente de fuera. Aquello estaba regularmente animado. Me puse a conversar con lugareños. El autocar, que venía de Madrid, se retrasaba. Ya pasaba de una hora. Por fin apareció, precedido de un coche pitando, por la calle que entra desde el silo, ocupando toda la calle. Paró. lateralmente de frente a la corta calle de subida hasta la carpa. A ambos lados nos situamos los "papones" y "paponas", que también había. Muchos filmando.

   Abiertas las puertas hubo un poco de suspense. Unos minutillos tardó en bajar la primera, así, como empujada, una mujerica pequeña, entrada en años, y poco abraciada. y Así, poco a poco, con un cierto goteo, iban bajando. El alcalde les daba un clavel y un beso. Acabó con la cara embadurnada.

     Llegaron cincuenta y cinco. No creo hubiera tantos solteros, viudos o divorciados, entre los que se habían "apuntado", pagando los cincuenta euros, para participar en la fiesta.

    La subida de las féminas por aquella rampilla, no guardaba mucho parecido con la pasarela "Cíbeles". Éstas disfrutaba del buen espejo, ya saben, ese que dice que "el mejor es la carne sobre el hueso". Diríamos que .poseían la belleza de "Las tres gracias", de Rubens, si bien en tecnicolor. De acuerdo con las que contacté, creo la mayoría eran hispanas, ecuatorianas y dominicanas, que residen en la zona norte de Madrid y trabajan atendiendo a mayores en sus casas.

    Había también alguna rubia de noventa, sesenta, noventa. El grupo era variopinto en edades y aspecto. Fui de los pocos que les decían piropos. Trataba con ello de humanizarlas, de no verlas como mercancía que desfila ante paletos ojos libidinosos, como cuando en el mercado de ganados ponían a las mulas en la cuerda.

    Conversé, en grupo, con alguna (una extremeña) que se quedó en la puerta de la carpa. Luego con otras, caribeñas, que salieron, y se sentaron en un banco fuera. Me pareció, que huyendo de la garrulería interior, porque, sobre todo con una de ellas, de piel clara, guapa y buen tipo, se podía conversar. Me dijeron que participaban por diversión en primer logar, y si conocían algo que mereciera la pena..., pues, ¡quién sabe!.

    Regresé a casa, un poco tarde, con sentimientos agridulces, si bien con la satisfacción de tratar, con las que conversé, como lo que son: seres humanos. En la comida se le conté a Sara esta experiencia, que le divirtió.

    La nota triste fue saber del fallecimiento repentino, ya casi dos años, en septiembre de 2.015, de José Mari González, el pequeño del Sr. Joaquín y la señora Cesárea, tío de Miguel Ángel,el pelotari, empresario de la construcción y la hostelería.

    Me encanta la convivencia con las gentes de la comarca.
    

2 comentarios:

Lobo dijo...

https://interbenavente.es/not/21700/la-organizacion-de-las-fiestas-deja-al-alcalde-en-minoria-en-el-ayuntamiento-de-villalpando/

Agapito Modroño Alonso dijo...



¡Gracias por el mensaje! Hace ya tres días que tenía noticias directas de la situación, pero no había querido interferir. Ellas me dan mucha alegría y tranquilidad. Si que esto tenía que suceder. Lo que no podía ser era la situación de que el alcalde siguiera siendo una marioneta en manos del "otro" y ninguneando a su equipo de gobierno. Si no sabe, que lo deje, y no siga haciendo el ridículo.

El peligro de que Dadito también dimitiera, para dejarle paso al "Séptimo", debe solventarse teniendo en cuenta que sobre dicho séptimo cuelga el dogal de los "Cercados y Corraletas".