sábado, 4 de febrero de 2017

JULIO PINTO.


   Pablo, mi hermano, me acaba de dar la noticia: "se ha muerto Julio Pinto, el de Las Plinas". Lo ha sabido por Pili Lorenzo, la mujer de Luisito de Prada, que trabajó muchos años en el Hostal, y son muy amigos. He preguntado si lo iban a traer aquí. Parece que no. Ahora saldré a enterarme, por si me diera tiempo de ir a acompañarlos un poco, en Valladolid.

    A la tristeza de día tan gris se une pensar en la pena que sentirá Miluchi y sus hijos. La quiero aliviar con tantos recuerdos, con tantas vivencias conjuntas, incluidas fotos, de esa familia.

    Ya este verano los eché de menos. En los anteriores coincidíamos en el "Paseo", y echábamos buenos parlaos. Julio ya andaba algo pachucho. Puede haga sesenta o más años, que llegó a Villalpando. Tengo una foto, de una excursión  a La Santa Espina, puede que del año 56, y en ella está Julio que condujo el autocar de Rufino.

    "Julio de Las Plinas": Emilia y Frater, o lo que es lo mismo: valentía, compromiso, honradez, trabajo. Su hija, "Miluchi", muy joven, no pudo encontrar un compañero que encajara mejor en ese equipo humano.

      Son muchas mis coincidencias con esa familia: cliente del Hostal, camiones de alfalfa, reuniones y viajes; todas las magníficas movidas de Luis, el de Extensión Agraria para montar una deshidratadora, para la creación de la Cooperativa Agrovico..; excursiones y meriendas campestres, como la famosa del día de la nevada en el refugio de "los pinos del Raso".; alguna cena cuando estrenaron el chalet. Recuerdo unas riquísimas "coles de Bruselas" de su huerta...

     Aunque sea algo íntimo, ahora que ya se puede hablar (con permiso de algún violento nostálgico de la prepotencia y la derechil mordaza que transmite, pena, a sus hijos), deseo contar de donde arrancan las raíces de la amistad de esta familia, Modroño Riaño, con los Pinto García.

    A la Escuela de las Hermanas iban las niñas cuyas familias podían pagar la pequeña cuota. La mayoría hacían un sacrificio para ello, Porque "enseñaban más", daba más prestigio, llevaban uniforme... Por eso había cinco clases con "Hermanas", y sólo dos maestras con niñas en la "Escuela de Villa".

    Ese sacrificio lo hacía Emilia para llevar a sus dos hijas, huérfanas de padre, a Las Hermanas. Entonces, entre las crías "el acoso escolar" de ahora, era más sutil. Se formaban camarillas por afinidades de categorías sociales, directamente relacionadas con las yeras y los oficios, también con la ideología, que aunque soterrada la de los perdedores, aquello estaba muy cerca, era conocida. Ese era el motivo por el que, a las niñas de "Las Plinas", les hacían desprecios y el vacío que, aunque eran valientes, las molestaba. De ahí que agradecería mucho que una niña rubia, entonces largirucha, hija, además del alcalde, junto con sus primas "las Rosinas", en los juegos la escogiera, "la ajuntara", se hiciera su amiga.

    Aquella Sarita, ya ni se acordaba. En una de aquellas cenas, serían años ochenta, Miluchi se lo recordó.

    Con esos, y tantos otros recuerdos que me calló, quiero llevarle un poco de consuelo a familia tan querida.




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2 comentarios:

emilia garcia dijo...

Agapito, agradezco tus sensibles palabras recordando a Julio y nuestros momentos de mucha tristeza. Un abbrazo.

Agapito Modroño Alonso dijo...


Amiga Emilia: Sara y yo nos damos por satisfechos si os ha servido de algo de consuelo.

Por Pili y Luisito (hoy he charlado largo rato con él) sabemos cómo ha ocurrido. Una vez, por los mismos, sabido tu teléfono te vamos a llamar cualquier rato.

Un abrazo fuerte.