martes, 30 de diciembre de 2014

FINAL DEL VOCABULARIO RECOGIDO POR EL PROFESOR LUCIANO LÓPEZ GUTIÉRREZ.



U

UNTAR. tr. Golpear. También es sinónimo de engrasar y pringar (que en Villalpando se dice pingar).

UVA. Forma parte de una locución interjectiva ¡vaya uva! que se utiliza como sinónimo de esto es pan comido, coser y cantar: “Después de la consabida discusión: ¡vaya uva! ¡esto es pan comido!, se formaban los equipos, se sorteaba el saque, se hacían las apuestas entre los jugadores y comenzaba el partido con mucha expectación y espectadores (AM, Crónicas..., p. 10).












V

VACIADA. f. Conjunto de ovejas durante el tiempo que no se ordeñan, previamente al parto. En la actualidad son las que sacan a pastar en los rebaños que no practican la estabulación completa.

VALENTÍA. f. Alarde de vigor, salud y fortaleza. Se suele emplear en plural.

VALIENTE. adj. Vigoroso, robusto, saludable. Compruébese esta acepción en el siguiente texto de Cervantes: “En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquier mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo. Los valientes alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que el de su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con que se comenzaron a cubrir las casas, sobre rústicas estacas sustentadas, no más que para defensa de las inclemencias del cielo”

VALLE. m. Hendidura que se forma al abrir el surco. Es lo opuesto al lomo o cerro (L y G, AT). Ya Francisco del Rosal al glosar su voz vallico dice: “Joyo o cizaña, quizás porque abunda en los valles, o porque nace en el fondo de los surcos”.

VARALLADA. f. Juego que practicaban los pastores. Se hacía una raya en el suelo y a una distancia de dos metros aproximadamente se ponía una cayada en posición horizontal. Los jugadores apoyaban otra cayada en la punta del pie y tenían que golpear a la que reposaba en el suelo de tal manera que después diera varias vueltas. Ganaban los que lograban mandarla a más metros de distancia y conseguían que la cayada lanzada diera más vueltas en el aire, ya que por cada vuelta que diera se sumaba un metro más. Al perdedor le vendaban los ojos y el resto de los jugadores podía arrojarle mantas enrolladas hasta que encontrara una cayada que había sido previamente clavada en el suelo.

VÁSTIGA. Se utiliza en la expresión poner en vástiga, que alude a la primera operación para formar cada manojo de sarmientos. Para ello escogían una manda de vides largas, que extendían en el suelo. Sobre ellas, transversalmente, colocaban todas las que iban a formar el manojo, que eran abrazadas, atadas por las de vástiga para, a partir de ahí, irlas trenzando. GC también recoge esta locución en sentido figurado con la acepción de ‘poner a alguien en cintura’.

VEGOSO. adj. Se aplica al terreno que forma parte de la vega de algún río, o que tiene características similares a este.

VELAHÍ. Interjección que se usa para expresar resignación o indiferencia. También se usa como deíctico para señalar con apoyo de algún gesto a algo o a alguien que se encuentra cerca de los interlocutores.

VELLÓN. m. Nube que presagia tormenta. SD recoge envellonao y avellonao ‘cielo lleno de nubes’.

VENAO. adj. Loco. También se usa la frase hecha darle a un la vena, para referirse a que alguien ha hecho una locura. Ya el Diccionario de Autoridades registra vena de loco ‘genio inconstante’.

VERRACO. Cerdo semental que, excitado sexualmente, suelta espuma por la boca. Por su parte, IS registra también el término con la siguiente acepción: “espuma producida por los cerdos verracos por la boca con gran abundancia"” Estamos, pues, ante una metonimia. Se utiliza en la expresión “echar verraco” cuando alguien muy enfadado suelta saliva al hablar.

VERRAQUINA. f. Llanto aparatoso acompañado de gritos y de grandes chillidos. Es evidente que deriva de verraco y que su significado está tomado de los gruñidos en que prorrumpen los cerdos cuando son maniatados para su sacrificio. SD recoge berrón ‘niño llorón’.


VEZAO. m. Cabestro (L y G, IS). Voz muy utilizada antiguamente en trance de desaparición en la actualidad.

VIANDANTE. Se aplicaba a los que llevaban la comida a los que trabajaban en el campo. Deriva de vianda ‘comida’.

VICIOSO. adj. Lozano, exuberante. Apréciese dicho significado en la glosa que hace Covarrubias a berro (“los muy crecidos y viciosos se llaman berrazas” y ruda (“plantada la ruda debajo de alguna higuera o injerida en su tronco, crece más viciosa y más dulce”).

VIESA. En Villalpando se usa este sustantivo para aludir a una porción de tierra que se cultivaba en El Raso, cuando aquellos terrenos eran de propiedad común. Cuando se pasaba un año sin cultivar, es decir en adil o piso duro, el usufructuario perdía todo el derecho sobre la tierra y dicho derecho lo adquiría el que la cultivara de nuevo: “Hace unos días, en el tiempo de la riebla, subimos al Raso a localizar una viesa en adil que íbamos a alzar al día siguiente, aprovechando el tempero” (AM, Charlas..., p. 119). Relacionada con viesa esta la palabra besana ‘labor de surcos paralelos que se hace con el arado’, según el DRAE. Martín Calero emplea este último vocablo en este hermoso texto, claro ejemplo de la riqueza del léxico rural: “Así le decían ir a arar a la besana grande, cuando aún había rastrojo. Que al levantarla y ponerla de cerros, perdía el nombre de besana y rastrojera para ser pardala. Cuando se sembraba dejó de ser pardala y se llamó serna, que perdió su nombre, cuando macollada recibía su primer arico y entonces se dijo senara. Y conservaba el nombre de senara hasta la cierna y ya manzaneando la llamaban pan, y buenos panes tenían siempre en esta alquería” (op. cit., p. 45). Ambos términos derivan del latín versari ‘dar la vuelta’.

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VIRUTA. Aparece en la frase hecha meter la viruta, que se utiliza como equivalente a engañar: “Lo que pasa es que te metieron la viruta cuando te compraste ese galgo” (AE, p. 34).

VOLUNTADES. f. Buen apetito. Solamente se usa con esta acepción en plural.






















Y

YEGUARICERO. Persona encargada de pastorear el ganado de todo el pueblo en el prado del Ayuntamiento.

YEGUARIZO. m. Corral o explanada delimitado por casas y tapias, con una sola salida. En él se reunía el ganado para ir al prado por la mañana, y se recogía en el mismo lugar por la tarde. El DRAE recoge la forma con la acepción de ‘persona que cuida las yeguas’, y señala que es una voz muy antigua.

YERA. f. Porción de tierra que podía arar una pareja de bueyes en un día (L y G). También registra el término JP en Tierra de Campos ’medida agraria equivalente a 2800 metros cuadrados’. Obsérvese el uso del vocablo en un documento fechado en 1464: “Hay luego otra tierra que podrá haber tres yeras; de que son linderas: tierra de Rodrigo de Sant Martín, que Dios haya; e el camino de Laguna de Carros” (Ángel Vaca Lorenzo, Documentación medieval del Archivo Parroquial de Villalpando, Salamanca, 1988, p. 246). MB registra el vocablo en León con una acepción distinta: ‘jera, jornada de trabajo de una persona’. También recoge el término GR ‘trabajo tasado de un yunta durante el día, o sea lo que ordinariamente ara en condiciones normales. Aplícase muy rara vez al trabajo del hombre’.























Z


ZAGUAZAL. m. Aguazal, registrado por el DRAE como sitio bajo donde se detiene el agua llovediza’.

ZAHURIL. m. El lechón (o cualquier otro individuo) de los más pequeños de la camada. En femenino fue el apodo con que se conoció toda la vida a la señora Cándida, la de la gasolinera: “la Zahurila”

ZAMBRA. f. Pelea, riña. Emplea este vocablo, tan característico de esta zona, El Padre Isla en su Fray Gerundio de Campazas: “Sobre si el verso es o no es esencial y necesario al poema épico, se dan sendos remoquetes los autores, y hay entre ellos una zambra y barahúnda de mil diantres”. Para el DRAE este término tiene la acepción de ‘bulla’ en el lenguaje familiar.

ZAMBRANA. f. Badén que sirve para que un camino atraviese un río.

ZAMPA. f. Panza. Se explica a través de una metátesis de esta misma palabra. También se utiliza zampudo como sinónimo de comilón, tragón..

ZANGAMANGA. f. Aparece en la locución hacer la zangamanga, que es equivalente a disimular. El Diccionario de Autoridades recoge el vocablo con la acepción de ‘embuste muy estudiado’, y autoriza su uso con el siguiente texto perteneciente a Quevedo: “Hacía grandes extremos, diciendo que bien entendía la zangamanga”. Y además señala que es voz baja y vulgar. Por su parte, SD la recoge con el significado de ‘andar de un lado para otro sin hacer nada de provecho’. Esta segunda es la acepción del término en Villalpando.

ZARACEO.- Lluvia menuda.

ZARABETO. adj. Tartamudo (L y G, AG). Véase su empleo en La esfinge maragata: “Yo soy el mismo de antaño, don Miguel; y me pongo zarabeto y torpe en tratándose de finuras, ayúdeme y me daré a buenas en lo de abuelico”. GR da cuenta de la existencia en El Bierzo de zarabetear ‘tartamudear’ y GL recoge las variantes zarabito y zarabitear.

ZARCERA. f. Chimenea en forma de tronco de cono o pirámide que comunica a la bodega, desde su techo con el exterior: “Por la cumbre otras tantas zarceras, de forma cilíndrica o prismática, semejan cortas chimeneas agujereadas rematadas por un tejadillo de tierra” (AE, p. 19). También emplea el término Agapito Modroño: “ Allí estaba “El Velas” en primera línea para apagar un fuego, como el enorme de la casa de Los Periquitos, para salvar vidas, como a los Manriques en la riada del 62 o a la niña del Sartenero que se había caído por una zarcera de bodega arroñada” ( Memorias de un torero, p. 32).

ZARRACINA. f. Destrozo, estropicio, escabechina, matanza (L y G, DE): “¡Cuántos muchachos cayeron, hijos de pequeños labradores estrujados por las rentas de los terratenientes, casi tan siervos de la gleba como nosotros los jornaleros! ¡Claro que la zarracina no fue menor entre los nuestros!” (AM, Víctimas de la Guerra Civil en Villalpando, p. 169). En León, según MB, este mismo vocablo tiene la acepción más concreta de ‘matanza de ganado’. Creo que es una variante de sarracina, palabra procedente, a su vez, de sarraceno, por las devastadoras y brutales correrías que se les atribuía a tales individuos. El DRAE recoge sarracina con la acepción de ‘pelea entre muchos, especialmente cuando es confusa y tumultuaria’. Pero Delibes emplea esta misma palabra con el significado señalado arriba para zarracina: “¡Huy madre, las sarracinas que habré armado yo! Tenga por seguro que en los buenos tiempos sí que cazaba cien avutardas al año” (Castilla habla, p. 48). En Sayago, según ML, existía cerrecina ‘considerable daño, sobre todo en los sembrados’, GL, por otra parte, recoge en Santander cerracina ‘destrozo’, ‘zurra’, y SD en León cerrajina ‘destrozo’.

ZOLETA. f. Azada pequeña que suele usarse para escardar: “Si hay que buscar el cardo, para echarle los polvos, es mejor darle con la zoleta” (AE, p. 46).

ZUZA. f. Se emplea en la expresión “echar en zuza”. Adobo consistente en agua, ajo, sal, orégano y pimentón que se emplea para conservar y dar sabor a los lomos y costillas del cerdo: “Hay que deshacer la manteca, salar jamones y tocino, meter en zuza los costillares, cintas y espinazo para obtener el rico adobo”(AE, p. 107). También emplea el término Agapito Modroño: “Llenaba y curaba los chorizos, salaba huesos y tocinos, echaba en zuza” (AM, Memorias de un torero, p. 14).

NOTA: Advierto existe algo de aporte, por mi parte, a este trabajo, referido a la acepción de ciertas palabras. A la supresión de alguna que me resultaba desconocida. También, para hacerlo más breve, y a pesar del meritorio y erudito trabajo que supone, buscar las etimologías, he suprimido alguna de éstas.

Recuerdo que este diccionario está publicado en el libro ESBOZO PARA UN VOCABULARIO DE LA TIERRA DE CAMPOS ZAMORANA.