lunes, 31 de marzo de 2014

LES CUENTO CÓMO PASÓ. Cap. III




                                                  LES CUENTO CÓMO PASÓ.- Cap. III

                Adolfo Suárez comienza a recorrer la senda marcada por Torcuato Fernández Miranda, ideólogo, hombre de gran capacidad jurídica, cabeza visible de todo el numeroso grupo de gentes de centro y derecha democrática que estaban por la reforma –“de la ley hacia la ley por la ley”.

                Su primer paso, el de Torcuato, de acuerdo con Suárez, y todos los demás, redactar  el “Proyecto de Ley para la Reforma Política”. Aprovechaba el resquicio legal que le propiciaban las Leyes  Fundamentales del Movimiento.

                Tal “Proyecto” había de ser refrendado por las Cortes franquistas y falangistas, de las que el mismo Torcuato era Presidente. Lo aprueban por inmensa mayoría. Es cuando lo del famoso “harakiri” Cito de memoria. Debió andar por el 80 % de los votos a favor.

                El 15 de diciembre de aquel año 76 se somete a referéndum. Estuve en una  Mesa. Votamos el 78 % de los españoles. El “SÍ” anduvo en más del 90 % de los votantes.

                Ello demuestra como la inmensa mayoría deseábamos el cambio, la TRANSICIÓN desde un régimen autoritario a la democracia plena, aunque existieran ciertos miedos y resistencias.
                Lo deseábamos, pero de una forma pacífica.

 No sería justo si silenciara los disturbios en las principales capitales españolas, durante el gobierno de Arias. Muy graves los de Vitoria, donde las todavía fuerzas represoras se “emplearon a fondo” sobre todo cuando el desalojo de aquella iglesia con gases lacrimógenos, y a la salida con fuego real. Me parece que cinco fueron los muertos.

                ¿Que aquellas manifestaciones y disturbios, siempre motivadas en principio por motivos laborales, influyeron para que el rey, siempre aconsejado, acelerara la  destitución de Arias…? No lo sé. Lo evidente es que la transición nace dentro del régimen y en los aledaños de centro y diestra democrática.

                ¿Cuál era la postura de las gentes de izquierdas?

                Los pocos significados, los que habían “resistido” a la dictadura, los de verdadero  “pedigrí”, estaban por la ruptura total, por la implantación de una república “democrática”, que excluyera todo lo que hubiera tenido que ver con el franquismo. Así, unos pocos,  lo manifestaban. Para otros, aunque lo callaran, ese era  su sueño oculto, lo que deseaban para cuando muriera Franco: la revancha.

                Contra estos en un extremo y los inmovilistas del otro, estábamos, con Suárez, Torcuato, los generales Diéz Alegría y Gutiérrez Mellado; Carrillo, el nuevo  PSOE, aunque remoloneando unidos a la reforma, Areilza, Fraga (quien  no admitía la legalidad del PCE),, la inmensa mayoría de los españoles.

                Los líderes, Carrillo, González, Nicolás Redondo…, fueron pragmáticos. Se dieron cuenta del gran colchón de clases medias  que el desarrollo había formado en España, que no estaban por la revolución ni la barricada. Se sumaron, apoyaron el modelo de Transición de Torcuato, de Suárez.

                Adolfo navega por un proceloso mar: al terrorismo de extrema izquierda, ETA, GRAPO, que, con la impunidad de Valery Giscard, asesinaba cada semana, y tenían acojonada a la población vasca, que no fuera aberzale, se sumaba, el de extrema derecha, más alborotador que dañino, salvo la masacre de los Abogados laboralistas de la calle de Atocha.

                Esa sí, la manifestación de repudio por esos crímenes, fue la  mayor manifestación masiva de protesta  que en España se había conocido hasta entonces, a la que acudieron gentes de toda ideología que no fuera Fuerza Nueva. Y mira si habría gente con justa rabia,con ganas de armarla, pero ni un incidente. El mismo servicio de orden del PCE se encargó de apagar los brotes.

                A Suárez nada le arredra. Forma, de prisa y corriendo, en mayo de 1977, un partido de aluvión, UCD, en el que convergen democristianos, Fernando Álvarez de Miranda,Iñigo Cavero, Landelino Lavilla, Otero Novas…, antiguos falangistas, como él mismo, Rodolfo Martín Villa, Torcuato…, social demócratas, Fernández Ordoñez…; liberales, los Garrigues,  Abril Martorell…, amalgamados todos por lo que dicen sus siglas: UNION DE CENTRO DEMOCRÁTICO.

                Previamente, el famoso Sábado Santo, 9 de abril del 77, legaliza al PCE, Partido Comunista de España, la bicha del régimen, lo que levantó sarpullidos en el ejército y en las gentes más de derechas. Luego se vio que no “era tan fiero el león como lo pintaban”.

                Convoca elecciones para el  15 de junio de 1977, a las que concurren, libremente, un montón de siglas previamente legalizadas. En las dos semanas anteriores una cálida borrasca metereológica, centrada sobre la península, nos mandaba benéficas lluvias. El tiempo se sumaba a la lluvia de mítines, de carteles, de octavillas, de magafonia…, de esperanza, de ilusión en la democracia, por pueblos y ciudades.

                Volvían del exilio, o de dentro, viejos y míticos líderes de la II República: Dolores Ibarruri, Alberti, Gil Robles, Rodolfo Llopis, el propio Carrillo… Casi todas las noches había en el pueblo la fiesta de algún mitin en el cine o en el Colegio Comarcal.

                Recuerdo muy especialmente el mitin en el cine del Partido Comunista. ¡Qué emocionante estremecimiento!: banderas rojas, hoces y martillos… Y lo mejor: la presencia de quienes ejercieron sus ideas en la clandestinidad, de los viejos izquierdistas: Emilia, Frater Blanco y familia, Garibalde…, Melecio Serapio... Abrazos, lágrimas con los viejos camaradas de Zamora: Manuel Ballesteros, Amable García…

                Aún nos falta de contar, de lo sabido, lo intuido y lo que ahora se va descubriendo  que realza más la categoría humana de Adolfo Suárez.