viernes, 14 de marzo de 2014

       

            AGRICULTURA, POLÍTICA  AGRARÍA COMÚN Y DESPOBLACIÓN RURAL.


                A mi artículo sobre la “intelectualidad villalpandina”, a propósito de incluir, con justicia, en esa relación a Fernando Cartón, quien también, sacándolo del cuerpo, es agricultor, me llegó un mensaje contrario a mi postura sobre lo que debería ser  la reforma de la PAC.

                Ello ha provocado civilizado debate.

 Hoy me llega otro mensaje constatando que en la “Tierra de Campos” palentina la mayoría de los ATP  (Agricultores a Título Principal), viven en la ciudad. Algo que, desde hace bastantes años sé.

Además ayer en las Cortes de CyL, por unanimidad, se ha aprobado la primera Ley Agraria de la Comunidad, que va en el sentido de lo que los Sindicatos Agrarios, sobre todo Coag y Upa, y yo, venimos defendiendo.

Como el asunto es de  gran importancia quiero resumir y aclarar las siguientes precisiones.

Premisa primera: Lo de vivir en el pueblo (cierto que también según sea el pueblo) o en la ciudad va en gustos.  Sé que no es igual vivir en Villalpando que en Quintanilla, aunque no es tanta la diferencia. Dicho lo cual no necesariamente se vive con mayor calidad de vida en la urbe que en el campo.

Como digo que va en gustos, a mí, entre la locura de vivir en una gran metrópoli en una vivienda colmena o en confortable casa en Cotanes, como la construida por el hijo de Tomás Vicente, prefiero el último lugar.

Estamos hablando de la poco poblada “Tierra de Campos”. En los núcleos mayores, Rioseco, Mayorga, Valderas, Villalón, Sahagún, Villalpando…, están todos los servicios básicos. En caso de emergencia tenemos al 112 en diez minutos. Y, aunque ahora en la tele tienes todo tipo de películas, si quieres ir al cine, o al gimnasio, o a la piscina climatizada te plantas en un cuarto de hora en Benavente.

Igual es la calidad de vida en la mayoría de estas buenas casas de los pueblos, que en un piso de 70 metros…, oyendo el ascensor cada poco, la cadena del wáter y el chiqui-chiqui de los vecinos.

Con esto quiero decir que no me dan envidia los “agricultores” que viven en las ciudades. Cierto insisto que de Villalpando no sé si hay alguno, verdadero y buen profesional.

DESPOBLACIÓN RURAL. La emigración, el trasvase campo ciudad, fue algo necesario e inevitable cuando España pasó del atraso a país desarrollado.

Hasta los años sesenta del pasado siglo el 70 % de la población vivía en los pueblos, y a la agricultura y ganadería se dedicaba el 50% de la población activa, que, en cambio, no producía alimentos suficientes para ella y el resto de españoles.

Cuando la repoblación medieval de la meseta, fueron surgiendo pequeñas aldeas por doquier, allí donde había agua, pastos y las mejores tierras. Poco a poco se fueron concentrando y dieron lugar a las aldeas y villas que han llegado hasta nosotros. Como cada matrimonio tenía muchos hijos, la población fue aumentando. Llegó a su máximo a principios del siglo XX. Ese aumento demográfico trajo consigo la roturación de más tierras y montes. Aun así, como se labraba con bueyes, luego con mulas, las tierras, por lo general no estarían en un radio superior a los seis, siete kilómetros, por ello esa era la distancia media de unas a otras aldeas.

A finales de los cincuenta empiezan a llegar los primeros tractores y cosechadoras. Tardó unos años en mecanizarse el campo. Cuando lo  hizo, casi del todo, sobraron miles y miles de brazos. Emigraron jornaleros, pequeños agricultores, sus hijos, gente de los oficios…, pero todavía la mayoría de quienes entonces eran agricultores medianos y pudieron comprar un tractor, resistieron complementando todo el tiempo libre que les dejaba la agricultura y la escasez de ingresos que el trigo producía, con la ganadería.

En las cuadras de las mulas se metieron vacas de leche. Un camión había comenzado la recogida diaria. A fin de mes el dinero de la leche se convirtió en el sueldo de los campesinos. En las tierras se sembraba cebada y alfalfa para las vacas. Otros optaron por las cerdas de cría. Además, cómo no, siguieron y aumentaron las ovejas. Ello supuso el mantenimiento de los pueblos, con niños, con jóvenes, vivos, hasta finales de siglo. Todavía, mucho, con un 16 % de población activa en el campo.

Aquellas pequeñas explotaciones mixtas, en su mayoría, no tuvieron relevo generacional. La competencia se hizo mayor. Se primó el abandono de la producción láctea. Más gente fue abandonando el sector. La producción ganadera se fue concentrando en grandes macroexplotaciones. Y los labradores que resistieron fueron cogiendo, de una forma u otra, las tierras de los que abandonaban, por jubilación ya en la mayoría de los casos.

Actualmente andamos ya, en cuanto a población activa en el campo, por el 5 %, a la altura de los países más desarrollados. No sólo producimos alimentos para todos los españoles, sino que exportamos.

A finales de los ochenta, principio de los noventa, la agricultura tradicional del cereal secano, estuvo al borde del colapso, cuando se liberalizaron los precios y no podíamos competir con el exterior. Algunos de los que se habían metido en préstamos para compra de tierras, maquinaría, o regadíos, se fueron al garete.

LAS AYUDAS DE LA POLÍTICA AGRARIA COMÚN, “alias” la PAC, a partir de 1993, frenaron la debacle. Hicieron posible la continuidad de la agricultura. Los políticos europeos se dieron cuenta que este es un sector estratégico, que no podíamos cerrar el campo; que no podíamos dejar la despensa a merced de las importaciones de alimentos, aunque fueran más baratos.

Como era una época de abundancia,( en el primer mundo, que en el tercero se morían de hambre), de cereales, carne, leche…, en lugar de seguir primando los precios (como se hacía en España pagando el trigo el SENPA por encima del precio de mercado mundial) optaron por subvencionar las has.

Los objetivos de la PAC eran que los campesinos vivieran dignamente, produjeran alimentos abundantes de fácil compra, y MANTUVIERAN EL MEDIO RURAL.

Con el último presupuesto ha ocurrido lo contrario: los que tienen muchas tierras, por lo que cobran mucho de la PAC, les ha permitido comprar, además de tractorazos, todoterrenos para ir a los encierros, piso en la ciudad, e irse, como es el caso de los palentinos, aquí mucho menos, a vivir en el piso urbanita.

Me temo que gran parte de las aldeas que vemos de Rioseco a Palencia, de Becilla a Sahagún, de impresionantes iglesias mudéjares, y algunas de por aquí, aunque menos, no tienen remedio, aunque vivieran en ellas los tres o cuatro labradores que quedan en cada una. El problema es que la población activa en el campo, los cerealeros, en esas zonas, es tan escasa que no da para sostener todos los pequeños pueblos.

Ahora bien: frente a ese modelo de agricultura extensiva en monocultivo, de grandes explotaciones, agresiva con el medio ambiente dado el uso de abundantes fertilizantes químicos y pesticidas, donde retiran la paja porque les estorba, donde los suelos se van empobreciendo en materia orgánica, hay otro modelo de agricultura sostenible en simbiosis con la ganadería, diversificada, con rotaciones; complementada con actividades medioambientales, ganaderas, pensando incluso en otras recrías, en la que, para vivir una familia en los pueblos, no se necesitan tantas tierras.

La reforma actual de la PAC  y la Ley Agraria de Castilla y León van por este camino. Sé que entre eso, y la crisis, tan bien capeada en el campo, a los pueblos, sobre todo a los medianos y grandicos, les queda vida.