sábado, 1 de abril de 2017

BUENAS, MALAS Y REGULARES PERSONAS EN LA VIDA NORMAL.



   Razonamos en el artículo anterior que para los que  poseen tendencia innata a la maldad, los que delinquen, el remedio más eficaz es el castigo, apartarlos del cuerpo social por su toxicidad; todo de acuerdo con unas justas leyes.

    En el caso de los extranjeros, que encuentran, sobre todo los del "este", en España un paraíso para la delincuencia (todo los días tenemos noticias de bandas organizadas que roban y destrozan a mansalva), la mejor solución sería ponerlos de patas en sus países, ficharlos bien y no consentirles el regreso. Serían muy convenientes los tratados internacionales para que los delincuentes cumplieran condenas en sus naciones.

   Descendamos ahora a la convivencia entre las personas normales. Dice el Profesor Tobeña que frente al dos o tres por ciento con instintos criminales, y otros  dos o tres dígitos más que nacen malos, malos, existe, sobre un veinte por ciento, buenazos de nacimiento. Luego, abunda más lo bueno que lo malo, teniendo en cuenta que entre los regulares, la mayoría, somos más los que tenemos tendencia al bien, que los dominados por la tendencia al mal, en mayor o menor medida.

   A lo largo de la historia de la humanidad la lucha entre el bien y el mal ha sido constante. No puedo entrar en el análisis de todos los pensadores, filósofos, doctrinas, corrientes filosóficas y de pensamiento que han tratado de influir en las sociedades humanas. Simplemente intento unas reflexiones de andar por casa.

   Vivir en un pueblo con habitantes suficientes para un amplio muestreo, y para que todos nos conociéramos, sobre todo cuando tanto nos interrelacionábamos, (ahora somos menos y más desconocidos) da mucho lugar para conocer a las personas por sus comportamientos, en las distintas épocas. En nada se parece la sociedad de mi infancia y juventud a la actual. Por supuesto que, dados a escoger, aun mejorable, la diferencia es abismal a favor de ésta.

   No obstante, aparte de las carencias y necesidades, que se fueron aliviando a partir de finales de los cincuenta, también aquellas sociedades, sobre todo las rurales, tenían aspectos positivos: eran más patriarcales. En todas había curas, maestros, incluso médicos. En las "cabezas de partido judicial", como se decía entonces, jueces, abogados, procuradores, notario, registrador (es inevitable utilizar el masculino, pues salvo las maestras y hermanas de la caridad, lo demás eran hombres), practicantes..., quienes ejercían positiva influencia.

   Y no sólo los de este estamento superior, que diríamos, sino otras personas que, con la edad, se iban haciendo venerables, porque habían sido de conducta intachable. Recuerdo por ej., a los señores Amadeo Fernández,. Vicente y Paco Méndez, albañiles; al señor Silvano y mi tío Paco,  carreteros; labradores medianos, como los Allendes (Tomás, Pablo, Marcelino, Vicente); los Núñez: Manolo y Aurelio; otros más pequeños pero igual de honrados y ejemplares, como el Sr. Ubaldo, "Toteza", "Pajalarga", "los Roísos ", el tío Forrús"...; no puedo olvidar a los ancianos que conocí de niño, pastores a sueldo, cavadores de majuelos, alguna albillera propia, y los demás ajenos, como el suegro de "Upín", que vivía en la calle del Espino; los Bayones, Mecos, Brigidones; el Sr. Aínse, que cuidaba el majuelo de Cobera...

   Todas esas personas ejercían influencia positiva en la vida del pueblo.

     Por supuesto que estábamos en la dictadura, de lo que niños y jóvenes no éramos conscientes. Todas esas circunstancias contribuían a que apenas existiera delincuencia, salvo los pequeños hurtos debidos a las necesidades.

    El gobierno de los pueblos no engendraba confrontación. Alguna que otra trifulca sí se originaba en la Hermandad de Labradores y Ganaderos, porque ahí se manejaban más intereses: arriendo de los pastos, guardería del campo, las afiliaciones de los obreros a la seguridad social agraria, pago de cuotas, cobro de "puntos".., que todo se llevaba desde esa oficina, (en la que estaban, por la noche, don Eloy y don Benigno, cuando podían ir labradores y obreros) en el "Sindicato".

     En la elección de los cargos dirigentes de la Hermandad existía cierta democracia. Debió ser por ello que esos puestos los ocuparan, e hicieran buena labor social, gentes con reciente pasado muy de izquierdas, que mantenían una buena relación con los de derechas.. Tengo que citar a Eumenio "el tocinero", Serapio Veledo, Melecio Mansilla, Segundo López, "relojero"...

    ¡Claro!: entre la influencia de los curas, (le oí al Sr. Silvano: "la religión es un freno") de los patriarcas, y de la guardia civil, existía una moralidad, no me refiero sólo al sexo, entre convencida a impuesta. Las familias estaban muy estructuradas. Con trabajar para subsistir y criar a las camadas no había tiempo para peleas ni pensar en divorcios. En los pocos casos de maridos tarambanas las mujeres aguantaban carros y carretas.

   Esas circunstancias propiciaban que, por temor policial y social, afloraran menos las tendencias negativas de las personas.

    Y, por fin, llegamos "al consonante": ahora cuando gozamos de libertad es el momento en el que quien posea valores,  cada uno, según su capacidad de influencia, intente convencer con su ejemplo y su palabra, de la necesidad, por el bien de todos, de ser honrados.

   Podríamos exponer alguna idea sobre un código de buena conducta, aunque de ello ya hay mucho escrito.

                                                     Segunda Parte

    Nos hablaba el Catecismo Católico de los siete pecados capitales, yo diría, coincidentes con la moral natural. Esas tendencias negativas, asociales, en el ser humano son la fuente de los desajustes para una convivencia más justa y armónica. Vamos a recordarlos: soberbia, ira, avaricia, envidia son los cuatro más gordos; los otros tres, pereza, gula y lujuria son más disculpables. Pienso habría que añadir, hipocresía, falsedad, zorrería.

    Don José Labrador Luna fue un señor católico ejemplar. Seguro que nació con el gen "finlandés", el de la bondad. Vivió soltero con una hermana. Ejerció de Procurador de los Tribunales. Vivía en una casa de la carretera de Madrid, que es en la actualidad, modificada, de Isidro "Pucherero". Cuentan que cuando la gripe del dieciocho, la última epidemia grave, y muy contagiosa, él fue a atender a las siete familias que vivían en las casas del Raso, afectados todos sus miembros.

   Al poco de estar servidor con don Manuel Cossio,  otra católica buena persona, presencié esta conversación, con don José Labrador, servidor casi niño y él casi anciano:

   -Mira Manolo: yo, de los siete demonios capitales, a seis los tengo bien sujetos. Tú sabes que no soy iracundo, ni avaro,  envidioso, perezoso, glotón, ni lujurioso; pero el que me trae más por la calle de la amargura es de la soberbia, eso de creerme yo el mejor,... Y era un hombre humilde.

     ¡Bueno!: que cada persona a quien más quiera sea a sí misma está en la ley natural, en el instinto de supervivencia. Eso de amar al prójimo como a ti mismo, en según a qué prójimos, es un precepto incumplible. Cierto que han existido, y existirán personas que han dado su vida por salvar la de otros, sobre todo si eran seres amados.

    Una faceta de la soberbia es la vanidad, normalmente asociada a la necedad. Son estos individuos que no suelen tener otro tema de conversación más que hablar de lo que tienen, de lo listos, de lo machos que son o han sido. Eso, los del "yo": porque soy, porque tengo...

     Les pongo un ejemplo: un especimen de mi casi quinta: -"yo he sido muy figura. Ahora estoy jodido de la espalda de tanto manejar la puta hemina que, además, me gustaba tanto (nada: cuatro cargas en la era hace doscientos años). Ni he escrito un libro, ni he tenido un hijo, ni he plantado un árbol, pero era el mejor labrador del pueblo (lo dejó antes de los cincuenta años y vendió las tierras que le tocaron, casa, tractor, nave...), y ya ves como futbolista, gracias a mi ganamos el trofeo "Gañán"  (en el Atlético Villalpando, cuyo rival más directo era el Villamayor de Campos); y con las mujeres, he tenido las que he querido... (de joven, feo y patán no se comió un rosco. Ya de mayor a la oleta del dinero fresco de las tierras que vendía, no le faltaron extranjeras).

   De todos los modos estos vanidosos, si no son muy necios o pedantes que pueden resultar insoportables,  no son peligrosos. Lo malo son los soberbios dañinos

   Es una buena máxima el "no trates a los demás como no te gustaría que te trataran a ti". Personalmente una de las filosofías que trato de aplicarme es la de desear no ser envidioso ni envidiado, ni temeroso ni temido, ni agresor ni agredido, ni ladrón ni robado, ni murmurador ni murmurado...

    No necesariamente el "hombre ha de ser lobo para el hombre". Ahora, cuando las máquinas han liberado a hombres y mujeres de los trabajos más penosos, podríamos, podemos vivir en una convivencia con bienestar basado en la justicia.

    Así como a los malvados malhechores el temor a la ley es lo que puede frenarlos, a estos otros de menor pelaje, a esta gente con ciertos defectos de fábrica y, sobre todo, si llegan a desempeñar cargos públicos (lugar en el que se refugian mediocres o prepotentes con ansías de medrar, de valerse del cargo para satisfacer su "ego" y su bolsillo), debe ser, a tenor de sus hechos, de su comportamiento, el temor al rechazo social lo que podría disuadirlos.

    Perdonen que me haya subido al púlpito, que de acuerdo con la deontología periodística, además de entretener e informar, intente, en mi pequeño ámbito, formar.

 


       

 

 
 

 

2 comentarios:

Agapito Modroño Alonso dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Agapito Modroño Alonso dijo...

Blogger Agapito Modroño Alonso dijo...

Estas personas con tendencia al mal viven entre nosotros. ¡Qué pensar de quien la tiene tomada, y rebusca, sin encontrar, para dañar a una familia con denuncias a unos hijos que no son de la guerra! De quien agrede e insulta, en frío, sin discusión previa...

Cuando llegan a un cargo manipulan en su provecho. Creo que pronto será juzgado el "Caso Villalpando". Ayer obtuve la prueba que me faltaba.

Y si alguien quiere ver ofensas para llevar al Juzgado le puedo dar copia de lo publicado en La Opinión (2-febrero-2015) o en "Feisbuk" o en "los anónimos" tan poco anónimos. Por el estilo se nota la escuela a la que pertenecen. Además, ¿quién va a ser, en el fragor de aquella batalla cuando iniciaron mi persecución, si no tengo otros enemigos?

Lo malo es que son irrecuperables. No aprenden de mis reflexiones ni de mi ejemplo vital.

4 de abril de 2017, 20:52