martes, 3 de diciembre de 2013

INGRATITUD (VI)


    A Matías, pasado algún tiempo, le dieron trabajo en "La Cañada Real" y alta en la Seg. Soc. cuando también allí trabajaba la hermana.

     Cuando reunió lo suficiente para el billete, se fue a la Agencia de Viajes, y se largó definitivamente a Buenos Aires. La mamá me dijo que había ido a vivir con el padre. Después me daba buenas noticias de él. Que ayudaba al padre en el trabajo. ¡Vete a ver!.

    Aquí le dimos dos oportunidades de trabajo. Pagamos la tasa del permiso de residencia, un poder que hubo de hacer la madre ante un Notario de Benavente, viajes, etc. Todo para nada. Cerrado el capítulo de Matías.

   Retrocedamos un poco en el tiempo.

   Tan bien como Cres estaba en Cerecinos, pensando en la llegada del chico y su trabajo en Benavente. Pensando también en la venida de la chica, Silvana, y su bebé, vimos que lo mejor sería buscar una casa en Cerecinos, adonde, incluso, a ésta le habían ofrecido trabajo, en "La Panera".

    Nos pusimos a buscar. Las que vio no eran de su agrado. Entonces se me ocurrió pensar en la casa del Cura, que llevaba, desde que la dejaron D. Primitivo y Nana, unos años desocupada. La habían dejado en muy buen estado.

   Contacto con el cura D. José Antonio quien me remite al Obispado. Allá que nos vamos Cres y servidor.  Les expongo es un caso de caridad para con unos "pobres" inmigrantes. Me dicen lo pida por escrito. Lo redacto, recojo la firma de Cres y carta al Obispado. Nos contestan a los pocos días aceptando el uso de la vivienda a cambio de una renta simbólica. Muy poco. No sé si 50 o 60 euros al mes.

   Al siguiente domingo, a la salida de Misa, D. José Antonio le da la llave a Josefina, la citada hija del señor Julio de Anta, "Julines".

  Ven que la casa tiene cierta necesidad de limpieza y arreglo. Tres señoras se ofrecen, gratuitamente, para ese trabajo: Josefina, María Luisa (madre de María Luisa Gallego, la de SER Benavente), y otra no recuerdo. También unos cuantos nos aprestamos a donar muebles, una camilla, algunas sillas, algún sofá camas, colchones, ropas. Todo estaba preparado.

   El plan era bueno. Yo pensaba que, al igual que nuestros emigrantes, cuando iban a Europa, lo hacían para trabajar, ahorrar y con esos ahorros forjarse la vida en España, a su regreso, éste debería ser el plan de mis protegidas. Al chico lo recogería Félix Mantecón al pasar a Benavente, a Silvana le darían trabajo en el pueblo. De la niña se ocuparía la abuelita,  pues en casa de Julines le daban buena acogida,..., ¡pero no! Después vi que mis esquemas mentales no coincidían con los de esta gente, sin sentido del orden, ni del ahorro.

   Poniéndome no sé qué disculpa, devolvimos la llave, desistieron del plan "Cerecinos". Era mucho más cómodo vivir en Villalpando, en buen piso con calefacción. Después caí en la cuenta de que Cres siguió la comedia de buscar casa en ese pueblo, aun con la intención, de antemano de no traer ahí a sus hijos.

  SILVANA: Una chica estudiosa.  Había terminado la Secundaría en "Fátima". En España podría trabajar y continuar estudios. Ya empieza Agapito con nuevas gestiones. Primero información.

    Me envía fotocopia del título de allá. Solicito y obtengo convalidación por el bachillerato español. Ciento noventa euros de tasa que ya ni me molesto en apuntar en el cuaderno. Me informo de si podría solicitarse el permiso de residencia por motivo de estudios. Imposible. No reunía los requisitos. No obstante, una vez aquí podría acceder a un montón de titulaciones,en el campo sanitario, lo que a ella le gustaba, de las que me informo. En esto me ayudó Soraya Mazariegos. (¿Qués de tu vida Sorayita que desde la boda no he vuelto a saber de ti?)

   Esto ya año 2.007. Asomaba la crisis. El gobierno español endurecía los requisitos para entrar en  el país como turista. Tendría que venir ya con oferta de trabajo y permiso de residencia. ¿Qué empresario, sin conocerla le haría la oferta de trabajo, los papeles? ¡Ninguno!.

   ¡Bueno!: apareció uno, Agapito Modroño. Trabajo ofertado: "Trabajadora del hogar". Una vez aquí ya le saldría trabajo.

   Nuevos viajes a Zamora. En extranjería ya era como de la casa (papeles de Cres, de Carolina, de Matías, de Silvana y la niña, de un amigo de Cres, Alberto Padín, que estuvo a punto de venir,...), cuando algún plazo apuraba, recurría a Carlos Hernández, o, simplemente a su Secretaria, arriba, ante quien se ponían firmes las de abajo, entre ellas Pilar, la jefa de abajo, la de "los chinitos". Cuando Carolina, llegada la víspera del día en que tenía el billete de regreso, no le habían dado los papeles solicitados por el "Ideal", localicé a Luis Garea, que estaba en Valladolid. Se pegó una mojada, delicado como estaba, para ir al Jefe. Lo solucionó. A la mañana siguiente Maxi corriendo a Zamora. Llegó, con los papeles, justo un momento antes de coger Carolina el Auto-Res. Ésta, a su regreso, trabajando en el bar, le dio caradas y malas contestaciones a Garea. Quiero aquí rendirle este pequeño homenaje de recuerdo.

     El día de la llegada de Silvana y la nenita viví una inmensa alegría. La joven mamá tenía 21 exhuberantes años; y la Nenita, Maire, (Baspineiro,  apellido del padre, Amarilla) ¡qué encanto!.  Me volvió loco. Iba a cumplir los doce meses. Era, como decía la abuela, "morochita", indígena pura. Una carita preciosa, con el lustre de la abundante lactancia materna, enmarcada en una cabellera tan negra, tan espesa, tan abundante, que desde aquel momento comencé a llamarle, "PELUSILLO".

    No la quería menos que a mis nietos. Volqué sobre ella toda mi protección.


    ( continuará, el próximo capítulo será el último, s. D. q.)

 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchisimas gracias Agapito,cuantas molestias y dinero para esos desagradecidos.Te diria mas pero no manejo bien este aparato me como todos los acentos comas y demas pero bueno espero me perdones estas faltas ortograficas cuando te vea te dire quien soy para ti y para mi.

Agapito Modroño Alonso dijo...



Gracias a ti. Me gusta me manden mensajes y nada tengo que perdonar, sino agradecer. Deseando estoy verte y reconocerte.

Un saludo.

Agapito.