lunes, 17 de diciembre de 2012

HISTORIA DEL COOPERATIVISMO AGRARIO EN VILLALPANDO Y COMARCA. (II)



       En el año 1987, desaparecida la Cooperativa Agrovico, propietaria Caja Rural del terreno, naves e instalaciones, éstas estuvieron cerradas. Cada agricultor vendió su cosecha como pudo.

      Era un momento en el que el Sevicio Nacional de Cereales estaba dejando de prestar servicio. Cada vez imponía unas condiciones más duras para comprar el grano, y menores precios. En la Comarca se sentía la necesidad de una buena Cooperativa que comercialiara el grano.

      Es por ello que, auspiciado por el entonces presidente del Sindicato Agrario Asaja, Aguirre, surge un nuevo grupo de agricultores que crean la Cooperativa Sociedad Limitada AGRINZA, quien compra a la Rural lo que fue de Agrovico.

      Los ciento y pico socios del primer momento aportan cada año, y durante doce 60.000, 90.000 y 120.000 pts, según las dimensiones de su explotación.

        Agrinza, junto con otras 16 de CyL,  se integra en la Cooperativa de Segundo Grado, CORECCAL
que es la encargada de vender, cobrar y pagar nuestros cereales, y de comprar, cobrar, fertilizantes y fitosanitarios.

        En aquellos años ochenta las labranzas se iban haciendo más grandes, a cuenta de las que iban desapareciendo, pero, la mayoría no tenía paneras donde almacenar. Desde la cosechadora se echaba el grano en las eras, desde ellas se vendía a almacenistas, fábricas de piensos y de harinas, a través de comisionistas (yo fui uno de ellos) e intermediarios. Ello favorecía que, mientras había grano en las eras, los precios fueran bastante más bajos que los pagados después, en invierno.

       Ahí radicaba la motivación para el Cooperativismo: el entregar el grano, incluso desde la cosechadora, y despreocuparnos de almacenamiento o venta en verano.

       Y así, en los primeros años, obteníamos cierta ventaja, o comodidad comercializando a través de la Cooperativa.

       Pero la situación fue cambiando: se creaban grandes explotaciones ganaderas de chotos de ceba, cerdos, vacas de leche (al tiempo que desaparecían las pequeñas), y vacuno extensivo en la región, provincia y comarca. Aumentaba el censo, y mejoraba la genética de la cabaña de ovino y, por tanto, el consumo de pienso. Iba surgiendo poco a poco en la villa, una empresa familiar seria y solvente  en la fabricación, distribución y venta de piensos compuestos, mezclas; incluso abonos y "fitos". Se fue consolidando, aumentando su capacidad de recepción, con tres naves tan grandes como las de la Cooperativa. Compraba a los agricultores en condiciones para éstos más ventajosas. Por ej.: en la Cooperativa cobrábamos al final de campaña. Éstos Hnos. pagaban al contado a quien lo deseara, muchos años al mismo precio que un año después cobrábamos los Cooperativistas.

      El malestar comenzó a cundir entre los socios de Agrinza. Ninguna ventaja obteníamos: cobrábamos el grano al final de campaña, siempre a menor precio que la media de la campaña, Ni el abono ni los "fitos" no salían más baratos, encima pagábamos cuotas y no amortizábamos instalaciones.

       El problema estaba en Coreccal. Intentaron a la desesperada la fusión total de las diecisiete que, ¡gracias a Dios no!, se llevó a cabo!. Nada con ello se iba a conseguir: "Coreccal era una estructura cara, cargada de personal y excesivamente politizada" .

        Si es que resulta que esa entidad era una simple intermediaria. Pongamos un ejemplo: vendían el trigo a fabricantes de harinas, cuando eso lo podíamos hacer nosotros directamente. Yo vendí algún año, nuestra poca cosecha, a la fábrica de Cerecinos y a la de Villanueva. Y la cebada la podíamos vender directamente al mismo fabricante de piensos compuestos o incluso a grandes ganaderos, como los Posada de Tapioles, a los que ellos vendían.

         Cierto que  a los mayores productores de la zona les daba seguridad de cobro el llevarlo a la Cooperativa; pero el riesgo de almacenar y vender directamente tenía casi todos los años una buena recompensa. Verdad también que dadas las turbulencias del mercado se arruinaron almacenistas intermediarios, algún fabricante de harinas (Boreal de Benavente, por ej.) y dejaron sin pagar a algunos agricultores. Pero también Coreccal sufrió impagos, el de la huevera Valín, por ej., aunque esas pérdidas se repartieran entre los socios.

          El viernes, al salir de la Asamblea de la actual Agrinza, me comento el Asesor Fiscal que nos viene presentando las cuentas desde su fundación, qué gozada de Asamblea, tan distinta de cuando estábamos en Coreccal.

          Estábamos unos cincuenta socios. Primero, como todo va tan bien la gente no se preocupa, y segundo, sobre todo, como ahora no hay comida gratis después de la Asamblea, la cosa ha perdido interés.

           Aquellas Asambleas en el Sindicato lleno las presidía Repiso, el Presidente de Coreccal, y Alfredo Aldea, el Gerente, por el que pasaban todas las compras y ventas. Su misión era "hacernos comulgar con ruedas de molino", intentar aplacar el descontento. Ante las evidencias de que se cobraba menos el cereal dentro que fuera, que nos costaba más el abono, herbicidas, incluso el gasóleo, que al final se había empezado a despachar, apelaban al manido "espíritu cooperativo"," que si no fuera por las Cooperativas la cosa estaría peor", "que algún día tendríamos la recompensa". Como no fuera en el cielo, pensábamos, porque los años pasaban y la cosa iba cada día peor. La Junta Directiva no sabía vivir fuera de la sombra (la mala sombra diría yo) de Coreccal.

          Los balances, aunque nos intentaban maquillar las cuentas empleando la terminología contable, daban pérdidas cada año. Yo siempre recurría a la cuenta la vieja, y a que nos hablaran en castellano. Y preguntaba, bueno, en resumidas cuentas ¿Cuánto debemos?.

          Cito de memoria: QUINIENTOS NOVENTA Y SIETE MIL Y PICO EUROS, en 2006. Cada año debíamos un poco más por los intereses que se iban acumulando.  La situación se hacía insostenible, pero como a la salida nos pegaban una mariscada, chuletonada, merluzolada  de miedo para doscientas y pico personas (no cabíamos en el comedor de La Cañada Real), pues casi todos tan contentos.

          Era ese el momento de conocer a todos los socios, socias de Agrinza, gente a quien no veíamos por la Cooperativa, que se apuntaron cuando ya no obligaban a la aportación de las sesenta mil pts anuales, sino que le descontaban unos céntimos del grano entregado, pero como no entregaban, pues nada, eran socias sólo para ir a la comilona.

         Pero como aquello era insostenible, se había producido ya un cambio en la Junta Rectora de Agrinza, CORECCAL se fue al garete. Muchos respiramos aliviados.

         Mañana, s. D. q., será el último, gozoso, y aleccionador espero, capítulo. Me parece hay Cooperativas que están viviendo nuestra situación de cuando Coreccal.