sábado, 15 de diciembre de 2012

HISTORIA DEL COOPERATIVISMO AGRARIO EN VILLALPANDO. (I)

 

          Ayer se celebró la Asamblea ordinaria anual de la Cooperativa Agrinza. Comparando estas asambleas y la situación de la Cooperativa con las de hace años, y más años, me doy cuenta qué fácil es que los grupos humanos se equivoquen en sus decisiones.

                    Empecemos por la Cooperativa fundacional, AGROVICO (se me ocurrió el nombre, Agricultores de Villalpando y Comarca). Fue fruto del trabajo intenso del Agente de Extensión Agraria Luis García y de unos cuantos pioneros. Ni sé las horas de reuniones que costó parir aquello. En ellas empezó a destacar por su labia, un muchacho de Tapioles. Nos deslumbró. Lo elegimos Presidente. Los socios aportamos cantidades importantes en metálico. Caja Rural nos concedió un préstamo. Se compraron dos hectáreas de terreno, se construyeron dos naves, báscula, etc. 

                   La primera cosecha que entregamos fue la de 1.984.  La gestión, de forma altruista, empezó a hacerla el Presidente. Él era el Gerente, oficinista, recepcionista sin sueldo.  Le encantaba jugar a ejecutivo. 

                   ¡Bueno!: aquello iba funcionando. El poco grano que se metió aquel año se cobró al final de campana a mejor precio que si se hubiera vendido en el verano, desde la era.

                    Se construyó la 2ª nave adosada. La cosecha de 1985 fue buena. Se llenó una nave de cebada, y la otra se medió de trigo. Como justificantes de la entrega del grano nos quedábamos con los tiques de las pesadas, nada más.  Al acabar el verano el cereal empezó a subir. El Presidente-Gerente dejó que fueran pasando los meses, despreciaba las ofertas, y se puso a especular con una nave llena, y con capital que amortizar en Caja Rural.

                   Llega el mes de marzo del 86  y no había vendido ni un tito. Se encuentra en Caja Rural con un intermediario comprador de grano, Amador Arroyo, de Salamanca. Se lo presentan, como persona de movimiento y solvencia, ajustan la cebada a 26 pts. /kilo. Un peseta por encima de a como se estaba pagando. Manda un camión, dos, tres. Camión y talón que cobra sin problemas. Se hacen amigos. Cenan juntos en El Labrador.  

                 -A partir de mañana te voy a empezar a mandar seis o siete camiones diarios. No vamos a andar con un talón por cada camión. Te firmo un talón en blanco, y cuando se haya terminado haces la cuenta, lo rellenas y lo cobras en la Rural, como los anteriores.

                  En aquella oficina le habían informado de que era negociante que movía mucho dinero. ¡Movia!: compraba trigo, por ej., (fueron los años en que se liberalizó el cereal). Pagaba con talón a fecha siguiente o dos fechas. Se lo vendía  a Carbajo, por ej., éste le pagaba a la entrega de la mercancía. O sea: iba cobrando por delante,  así pagaba y se quedaba con la pts o los cincuenta céntimos en kilo. No tenía más que un viejo coche y mucha geta. No se habían inventado los móviles.

                 En pocos días vació la nave. El de Tapioles, con el talón firmado, ¡tranquilo!. Hace la cuenta, lo rellena, treinta y ocho y pico millones.  Va a cobrarlo a la Rural y no hay saldo. El Amador desaparece. El de Tapioles monta guardia en la puerta de su casa en Salamanca. Lo pilla. Se lo cuenta al Tesorero, un hombre recto de Belver, Lorenzo de Castro. Consiguen que, ante Notario les firme un reconocimiento de la deuda que, con los intereses, supero los cuarenta y un millones.

                Resumiendo mucho, como era insolvente, ni una perra cobramos. AGROVICO AL GARETE.

                 ¡Qué asambleas las de aquel trance, en año y pico...!. Hubo una, en el cine lleno, un domingo,  que duró desde las diez de la mañana a las cinco de la tarde.

              En la primera, cuando se destapó el pastel, en el mes de junio del 86, y la tragedia venia desde abril, le hicimos dimitir. Los socios, con el cine lleno,  eligieron una nueva Junta Rectora de la que fue Presidente José Cepeda Allende, Tesorero José Badás Martín y Secretario, servidor. Peleamos lo indecible por sacar aquello a flote, pero Cubells, Presidente entonces de la Rural, se cerró en banda y  nos embargaron todo. Tuvimos importantes contactos con el Abogado entonces  de la Rural, Pedro de Prada, padre del actual escritor y famoso, Juan Manuel de Prada.

                Hundido el barco, se trataba de salvar los muebles.  Nuestra labor consistió en liquidar. El dinero que sobró del valor del solar, naves, y grano,  entregado todavía en la cosecha del 86, embargados, después de saldada la deuda (hubo socios que lo llevaron a pesar de la cornada que teníamos encima), lo repartimos proporcionalmente al grano entregado  entre los socios.

                Como la sociedad ya se había deshecho,  hubimos de abrir cartilla a nombre de los tres citados, desde la que hicimos cobros y pagos.

                  Habrían pasados como dos años, y aparecen en la libreta varios miles de pesetas, cantidad regulárcica,  de una subvención de no sé donde. Me lo dijo "Jose", se lo dije a Badás. Acordamos donársela a Caritas Parroquial. Suprimimos la cartilla.  El Lizondo pequeño y Badás, que entonces no andábamos sobrados, fueron para mí ejemplo de honradez.