martes, 28 de octubre de 2008

CAMBIO, CAMBIO, CAMBIO (II).

En “El Disputado Voto del señor Cayo”, creo que, junto al Hereje, las mejores novelas de Delibes, llegan de la ciudad en campaña electoral, primeras elecciones, las del 77, dos aspirantes a políticos, uno idealista, otro medrador, a un recóndito pueblo, podría ser norte de la provincia de Burgos, donde sólo quedan dos matrimonios de ancianos, el del Sr. Cayo y otro, con el que no se hablan.
Se encuentran con aquel anciano, aún vigoroso, lleno de sabiduría rural práctica, saberes que, en el diálogo, les va desgranando: el cultivo del huerto, cuidado de los frutales, cría de animales domésticos, conocimiento de las plantas silvestres y sus propiedades, curativas en algunos casos; catar las colmenas, hacer el pan, etc. etc.
El idealista queda impresionado. Al marchar, le dice al otro, más o menos: -“Si por culpa de un cataclismo universal, de un colapso en la distribución del petróleo, u otra causa, se deshiciera el orden socioeconómico actual, tú y yo, tendríamos que venir a que nos diera de comer el señor Cayo”.
Hoy, lunes día 13, alcanzado ayer un acuerdo entre los mandamases de la UE para evitar la quiebra de algunos bancos, que podría tener efecto dominó, las bolsas han abierto con euforia. Fuegos fatuos. ¡Bueno: algo es algo!, porque si empezaran a cerrar bancos, sería la leche!. Pero la crisis, la original, ahí sigue.
¿Qué pasa? ¿Qué ahora van a poder seguir prestando dinero a los promotores inmobiliarios, por ej., para volver a hinchar un globo que ha reventado?.
¡Qué no!: QUE ES EL MODELO URBANITA, ESPECULATIVO, CONSUMISTA, CAPITALISTA QUIEN NO DA MÁS DE SÍ.
¿Por qué no aprenderemos de la naturaleza?, ¿de las especies animales?. ¿Dónde fijan su habitat?. En el lugar donde puedan encontrar alimento, cobijo.
¡No hombre!. No voy a defender que, como ocurría hace no tantos años, el 80 % de la población española vuelva a ser rural. Pero más descabelladas son las macrometrópolis y la despoblación de inmensos campos.. Un ejemplo aberrante es el de la Argentina: el gran Buenos Aires, 17 millones de h., la mitad de la población en un país de 2.700.000 km2, cinco y pico veces más que España. Así les va.
Cuando la guerra civil, Madrid tenía un millón y pico de habitantes.. Cortados por los nacionales gran parte de los accesos, y con ellos los suministros, el hambre de la población fue atroz. ¿Qué pasaría con los ocho millones actuales ante cualquier tipo de catástrofe?.
En esta “sociedad del bienestar”, en los países ricos hemos montado un tinglado de vida basado en el derroche de recursos, motor insaciable movido por el petróleo; bien no renovable y en manos de unos pocos. ¿Cuánto cuesta transportar alimentos para las grandes urbes?. ¿Cuánto el movimiento de los ciudadanos dentro de ellas?. ¿Cuántos problemas planetarios está causando el derroche consumista?.
Cuando el cerco internacional a Franco, hasta del petróleo nos cerraron el grifo. ¡Encima malas cosechas!. Tengo el recuerdo de niños descalzos, comedor de Auxilio Social, mendigos harapientos. ¡Terrible!. Pero, incluso sin gasolina, salimos adelante. ¡Cómo aprovechábamos tanto como ahora se tira...!. Los tractores y camiones de entonces consumían paja y cebada; la “vitrocerámica”: palos, paja y estiércol; la calefacción: brasero de cisco, mantas en la cama y correr por la plaza. Y ni contaminación, ni basureros, ni calentamiento global.
Aquello, no, ¡por favor!, ¡que no vuelva!. Este modelo consumista feroz, ¡tampoco!.
Daremos la próxima semana, (s.D.q.) (ya sé que esto de “si Dios quiere”, aun en abreviatura no está de moda. Me importa un carajo la moda), algunas ideas.