CON MUCHO CARIÑO, en recuerdo de JESÚS HERNÁNDEZ VÁZQUEZ
¡Mira que no enterarme del
fallecimiento de Jesusín “el Huevero”, anteayer, domingo..!
Pasé por el tanatorio sobre las
tres. Había un hombre de Quintanilla del Olmo, Francisco Fernández, no sé si no
hermano de una Juvencia que me arrolló de niño.
Ayer lunes, cosa rara, no salí de
casa. En la comida Álvaro me trae la noticia de un difunto, no sabe quién.
Llamo a Pablo: Jesusín “el Huevero”. A la una ha sido el funeral. ¡Cuánto lo siento!
Ahora, a sus hijas, Begoña y Mª Jesús
les dedico los recuerdos de una amistad desde niños.
Los niños del racionamiento, de
la comida en el Auxilio Social, del frío mal tapado con el pelele de apertura
cular (camiseta y calzoncillo al tiempo), cazadoras de borra, remendados
pantalones cortos de pana, calcetines con carcaños, sandalias de goma…
Hablan ahora de bulling, del
acoso escolar en niños de la abundancia, sin otra relación que la del colegio y
la digital. En aquel entonces, los trescientos y pico muchachos del pueblo (las
niñas eran otra cosa), todo el día
jugando en la plaza, por las eras, en el río y las lagunas, escalando a las
torres, cogiendo nidos, colándonos en el cine, cuando podíamos, o en los toros,
vivíamos en la selva. Se establecían jerarquías. Jugábamos y no pasaba nada, o
sí: a Jesusín “Huevero” de una patada,
un mozancón le chascó la tibia y el peroné. Posiblemente no lo llevaran a
Zamora; el Sr. Aniceto y don Tomás le entablillarían la pierna, y ya está. Le
quedó una secuela de por vida, lo que no le impidió, correr, jugar, trabajar.
¡Mejor!, dijo: así me libro de la mili.
Algunos inviernos trabajó en
casa, conmigo o con mi tío en lo del aguardiente. Era mi compañero en el juego
de pelota. Fuimos un domingo a jugar a Castrogonzalo. Nos dimos una buena soba.
Achaco al frío en la Vespa en el regreso, después de la sudada, la neumonía que
me encamó un mes.
Su primer trabajo, casi niño, fue
el de pinche, cuando plantaron los pinos del Raso. Fue aguador, como ven en la
foto. En el caño llegó a un pacto con las mujeres: cada cinco cántaros que yo
llene vosotras llenáis cántaro y caldero, o los dos o tres cántaros a las que
iban con carretillo, y los cuatro a las de cuévanos en la burra.
Consiguió comprar un tractor
Barreiros grande, mata tíos, con pala y remolque. Trabajaba en las obras: escombros
en derribos, traer arena. Tuvo cedido el derecho de explotación en la mina del
Teso San Marcos. Hasta se hizo un poco labrador, lo justo para cebar dos
marranos, gallinas; uvas para el vino del año en bodega que compró en
Villamayor…
A sus hijas les dio lo que él no
tuvo. Hasta estrenaron casa. Son cultas. Me encanta conversar con ellas.
¡Qué luchadores estos Hueveros..!
Pepe, Oliva, Fede, “Tista”, Jesús, “Tinín”. Su madre, la “señá” Margarita, alegre
y dicharachera. ¡Qué entereza! Siempre de buen humor.
Lo veía en el bar de Pedro. Creo me reconocía. Siempre le daba una palmada y le decía: "Jesusín campeón..!
Nunca le escuché una blasfemia a
Jesusín “el Huevero”. Dios ha de tenerle en su gloria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario