sábado, 6 de septiembre de 2008

Publicado hoy 6 sep.2008 en VOZ BENAVENTE.

GAMBERROS A TODA PASTILLA.

El pasado fin de semana ha habido en mi pueblo una concentración motera. Las impresionantes máquinas, y sus rugidos comenzaron a llegar el viernes al atardecer al polideportivo de la villa, lugar del asentamiento. Entre los actos programados habría, el sábado por la tarde, una reunión de todas las motos en la plaza mayor.
Serían poco más de las diez de la noche del viernes. Un grupo de familiares y amigos disfrutábamos, sentados en una terraza, de la paz de dicha plaza, casi desierta: alguna mesa más ocupada, y algunos niños que correteaban por allí. Es peatonal, de momento, y no entran coches.
De pronto, cinco enormes y ruidosas motos irrumpieron. Uno de ellos, paró a dos metros de nuestra mesa. El tubo de escape libre, sin silenciador. Se puso a pegar tales acelerones que sus bramidos de acero dañaban nuestros tímpanos. Le hicimos un gesto con la mano, y aumentó la potencia al límite. Con la máquina suspendida sobre las patas de apoyo, él, el monstruo, de pie, embragó el motor, freno la rueda delantera, para que le rueda de atrás friccionara sobre el pavimento, (parece que a esa machada le llaman quemar rueda). Entre el humo de motor ahogado que soltaba el escape, y el que la cubierta desprendía, se formó una asquerosa humareda que nos envolvía. Nos echó de allí. Al vernos levantar paró riéndose de su hazaña. No tenía casco, por eso vimos su pelo blanco, el de un macarra cincuentón. A pesar de mis años le increpé su “valentía”, y me enfrenté a la cuadrilla de gamberros, más jóvenes que le coreaban.
Nos marchamos mientras nos insultaban. Justamente indignado recurrí a la Guardia Civil. Me indicaron que tomara la matrícula, para lo que volví a la plaza. Al día siguiente pusimos la correspondiente denuncia ante tráfico.
Con nosotros la cosa terminó ahí. ¡Menos mal nuestra calle es silenciosa por poco transitada...!. Pobres los de las calles céntricas, y más los pocos vecinos de la del Olivo, la de la “movida”. Es estrecha, como casi todas las del pueblo. En esta no sólo fue que no pudieran pegar ojo, es que no podían respirar dentro de sus casas, que se llenaron de humo. Una señora hubo de recibir asistencia sanitaria.
Allí, no todos los moteros, sino un grupo pequeño de los doscientos acampados, se dedicaron, durante toda la noche a beber y a sus exhibiciones: trompos, caballitos, frenadas, quemar y quemar ruedas. Allí están las marcas en el asfalto ennegrecido.
Más o menos ocurrió en la calle Zarandona, junto a la discoteca.
La Guardia Civil intervino, pero estaba desbordada. Bastantes particulares han puesto denuncias, también los guardias por ese escándalo nocturno, y por elevadas tasas de alcoholemia.
Sin que me entusiasme, (no comparto ese dispendio, ni ese contaminar la atmósfera) no estoy en contra de la fiesta motera. Era bonito el ambiente de la plaza repleta de motos el sábado por la tarde. Aquello estaba lleno. No había opción a los derrapes, la mayoría demostraba civilización. Maquinonas enormes, llenas de níqueles y brillos se deslizaban despacio, suaves, silenciosas. Parece ser que todos los demás actos resultaron bien.
Mi crítica es contra esos asociales, (no todos los moteros, ni mucho menos) especimen abundante en nuestros días, alimentados por la impunidad de unas leyes y una justicia tan lasas. Son seres de baja estofa, llenos de carencias culturales, morales, cívicas.
Frustrados y resentidos se enfundan el mono, las botas, el casco, cabalgando moto vieja, o nueva, pero ruidosa se creen los reyes del “mambo”. Por el tubo de escape intentan soltar toda la mala baba que llevan dentro, o, con sus “exhibiciones”, demostrar “su poderío”. Y, si molestan y joden, ¡mucho mejor!.
¡Pobres!. Por mucha mala baba que suelten, les queda más dentro. Desprovistos de sus cueros y metales son inmundicia. Y si, además, les llega de Tráfico una buena receta, les hará un bien, a ver si aprenden.

COMENTARIO A CUENTA DEL PEQUEÑO INCIDENTE NARRADO.

Anoche, en el bar de Pedro, me disponía a leer el periódico. Llegó Julio, uno de los organizadores de la Concentración. Sonriente, me preguntó por el incidente. Se lo conté tal cual, y me ofreció todo el apoyo del motoclub, por la valentía de enfrentarme a unos gamberros, una minoría, en el total de los más de cuatrocientos asistentes. Estaban muy en desacuerdo con la que organizaron toda la noche del viernes al sábado.
Luego llegó el Presidente del motoclub, e igual. Me contaron quiénes habían sido los gamberros, que ellos tuvieron algún enfrentamiento, que él fregó "las quemadas de la plaza", a base de gasolina y legía; que ya le habían propuesto al alcalde poner vallas, en el próximo año, para evitar el acceso de los vándalos a las zonas conflictivas, etc.
Que el grupo al que yo me enfrenté, de Salamanca, habían colgado en su "foro" que vendrían a "quemar el pueblo", etc. También hablamos que una pena estos incidentes, ¡con lo que bien que resulto la concentración...!.
La conversación en la barra, en la que participaba también otro amigo, fue de lo más cordial y agradable. Así es mi relación con la inmensa mayoría del pueblo y comarca. Hay mañanas en las que salgo a gestiones, y me lío un montón con unos y otros. Y "vinos" que duran hasta las tres y media, o incluso cuatro, cuando no está mi esposa.
Pero el hecho de ocupar un lugar de cierta visibilidad en "el campanario" del pueblo, hace que "algún cuervo revolotee a mi alrededor".
Anoche me topé con uno de estos "cuervos", en desagradable sorpresa. Es un individuo cuarenton, mal encarado. Pertenece a una familia numerosa de gente muy honrada y trabajadora, a la que me une gran amistad. Así como con el más laborioso de sus hermanos converso a menudo de su negocio, etc., con éste nunca había hablado. Ni siquiera sé muy bien su nombre.
De antes, notaba le costaba trabajo decirme "adios". No sé el porqué, ni de la animosidad que anoche demostró contra mí.
Ya salía para casa, cuando, al pasar junto a su grupo, me preguntó "qué (tercera vez que me lo preguntaban en media hora, por lo que supongo ha corrido por ahí, no sé si en el cerrado foro, la tergiversación correspondiente) me había pasado con los de las motos", "que, servidor, había llamado a la Guardia Civil, me habían acompañado a la plaza y les habían hecho fregar las huellas",.......¡¡¡,!!!!, y otras mentiras por el estilo. Intenté contarle la verdad de lo sucedido. ¡Pero no!. Él ya tenía una versión en la que insistía para zaherirme, pasando ya después a mayores acusaciones.
No quise entrar en su dinámica, le respondí de forma civilizada, y lo dejé.
Perdonen mis lectores si les canso con algo tan personal. Es la forma de desahogarme, de criticar actitudes lesivas que ya veo responden, a la frustración que da la incultura, al resentimiento, de, por el puesto de trabajo ocupado, sentirse inferior, en personas que no asumen que todo trabajo es digno.
Ciertos individuos no respetan la jerarquía moral. Esa que debería dar la edad, el nivel cultural, la dignidad. Y más en los pueblos, donde todos vamos a los mismos bares y lugares. Yo corro ese riesgo, (pequeño por tan buena relación como mantengo con "casi" todo el mundo) de que algún patanillo, quiera hacerse "el chulito", intentando menospreciarme. Eso fue lo ocurrido anoche. Abusan de mi bondad y de mi accesibilidad. ¡Si al menos leyeran y aprendieran....!