domingo, 8 de noviembre de 2009

EL PUEBLO DE LOS PIÑONES.

Pues resulta que una amiga villalpandina, María Jesús de la Puente Boyano, se fue a vivir a ese pueblo hace veinte años. A una sucursal bancaria del mismo habían destinado a su hermano Ignacio. Los padres, Ignacio, un "Quiterio" que trabajó en el Juzgado, y Teresa, hija de "Tinajo", los dejaron huérfanos muy jóvenes.

María Jesús cometió el error de esperar nueve años a casarse con un "pedrejero" al que conoció nada más llegar, porque José Antonio es un tío majo, majo: discreto, educado, buen profesional de la carpintería. Poseían unos talleres que me ha impresionado verlos. ¡Bueno!, gracias a esa tardanza ahora tienen un crío moreno precioso de 9 años.

Ayer nos invitaron a pasar el día con ellos, visitando algo de lo mucho que se puede ver en tan industrioso pueblo. Nos habían programado las visitas.

La primera, ¡cómo no! a una industria piñonera: Teresa Mate, "Piñones de la Tierra". Alfredo, el esposo, nos atendió con excesiva amabilidad. Servidor, en su insaciable curiosidad, no paraba de preguntar. Quiso, en las instalaciones centrales, comenzar la explicación desde que el piñón, con cáscara, entra en ellas, pero yo quería conocer el proceso desde que la piña llega del árbol.

Para ello nos desplazamos hasta la "era", mucho más grande que las de aquí de trillar, completamente lisa, compactada, y sin un hierbuco, fuera del pueblo. En un extremo una nave abierta de 1.600 metros cuadrados que, en breve, comenzará a recibir piñas, hasta llenarse.

Empiezan ahora a recogerlas, aún verdes y el piñón lechoso, pues la campaña dura varios meses. Si comenzarán en el momento óptimo de la de maduración, mes de febrero, marzo, no les daría tiempo: con los calores de mayo empiezan a abrirse. además el piñón va madurando en la piña cortada.

En el verano las extienden en la era, se abren, les dan vuelta, y las echan en una máquina que las tritura y separa piñones del resto de la piñas machacadas.
Éstos los van almacenando en una nave grande, robusta, dentro del pueblo: remolques y remolques. Varios millones de kilos.

Durante todo el año, en otro edificio muy próximo, les quitan la cáscara, la camisa, camiseta, calibran, seleccionan, lavan, secan, matan el germen con el vacio, garrapiñan, fríen una porción, envasan, en muy distintos tamaños, venden, exportan. Se pueden imaginar qué complejididad de máquinas, e instalaciones, hacen falta para ello. Pero ver en grandes y limpios contenedores esos miles de kilos de piñones tan limpitos, paga todo el esfuerzo.

Luego visistamos otra industría similar, de una Cooperativa de 18 socios piñoneros. Unos de éstos comenzarán el día 11 a recolectar las piñas de "El Raso". Sentarán su base en Belver. Como no saquen 200.000 kilos, palmarán dinero.

Las cáscaras de piñas y piñones son un excelente combustible. Se emplean para calefacción de naves avícolas, e incluso para calefacción doméstica. Todo ello va a parar a otra impresionante industria, "BIOMASAS HERRERO".

Había conocido al dueño en Expobioenergía, pero no me había imaginado lo que allí había: montañas de cáscaras, de leña, de residuos de carpinterías. Todo lo que es ramaje de pino, limpio y de cierto calibre, embalajes sin puntas, virutas, recortes de carpintería, lo convierten en serrín y transforman en pellets, del tamaño de los gránulos de pienso compuesto. Dos kilos de ellos poseen el mismo poder calorífico que un litro de gasóleo. Como existen calderas muy apropiadas, pienso ese combustible acabará por sustituir al gasóleo en las calderas de calefacción.

En Pedrajas de San Esteban se ve la riqueza por todos los sitios: todo nuevo, limpio; ni un adobe ni un tapial, (la antítesis de mis queridos pueblos terracampinos), tampoco edificios de pisos: mucha piedra, chalets, jardines, instalaciones educativas, deportivas, culturales (la Casa de la Cultura, con su enorme biblioteca, su auditorio, su entrada diáfana y ajardinada, merecería capítulo aparte).

Impresionado he vuelto de mi visita, y con una enorme deuda de gratitud a nuestros anfitriones. Por la tarde nos llevaron a la ermita de Sacedón, junto al rio Eresma, todo entre pinares. Allí, escalando enorme pino, la estatua del piñonero con su pica. Después a los pinares de Coca.

Regresé a casa agotado, satisfecho y agradecido a María Jesús, a José Antonio, a Alfredo, el piñonero, a José Mª Sanz, el amigo piñero.

¡Cuánto trabajo y riqueza generan los pinares!.

2 comentarios:

María Jesús dijo...

Agapito, hemos leído María Jesús y yo tu larga exposición del rato que pasaste con tu hijo Jesús, en nuestra compañía y nos hemos emocionado con tus elogios hacia nosotros. Por nuestra parte el estar en vuestra compañía ha supuesto una gran satisfacción no sólo a mi mujer, si no a mí también y hemos contribuído muy poquito para lo que tú te mereces.
Hoy después de la Misa de Domingo hemos estado con Alfredo y su mujer y nos ha comunicado que cometió un error, no regalaros un tarro de piñones, te lo hago saber. Porque se quedó pesaroso. Tomando el vermút, te puedes imaginar la conversación que hemos tenido. Le has parecido una persona con inquietudes y sabiduría. Nos ha dicho que te va a dejar un DVD sobre el proceso de bajada y elaboración del piñon, no obstante, como María Jesús presume mucho de villalpandina y a mucha honra, les ha invitado a ir un día a conocer vuestro querido pueblo, así que cualquier día nos ves por allí. Aquí tienes Agapito, una familia que te aprecia y te quiere. Saludos de José María y un abrazo nuestro para tí y los tuyos.
María Jesús y José Antonio.

Agapito dijo...

Podéis venir cuando queráis. Nos avisáis antes. Creo lo mejor es tener una comida de hermandad en el "refugio". Vendría Sara, Jesús, Cristina, los niños. Mejor también si pudiéramos coger a David, que es el "Maestro Asador".

A este pueblo no se puede traer carne. Sería como llevar piñones a Pedrajas. De ella nos encargamos nosotros.

Dile a Alfredo que no tenga el más mínimo pesar. No fue poco la lata de una hora, y hacerle ir a la era.

Un beso para vuestro niño.