lunes, 26 de octubre de 2009

Publicado hará como dos años, pero de actualidad.

SOBRE ENSEÑANZA O, MEJOR, EDUCACIÓN.- (I)

Una alumna a la que tres compañeras le rompen una pierna, un profesor zurrado por un crío de quince años, otra maestra sacudida por una madre, constantes bajas laborales de enseñantes por depresión, son pequeña muestra visible del desmadre educativo.
Debió ser allá por el ochenta y pico cuando un Maestro, Francisco Villaverde, puede que con un puesto en la Dirección Provincial de Educación socialista, llegó al Colegio de Villanueva del Campo a explicarnos las bondades del Libro Blanco de la reforma educativa, el que después devino en la LOGSE (Ley de Ordenación General del Sistema Educativo).
Discutimos a fondo: no estábamos de acuerdo con aquella filosofía de que para disminuir el fracaso escolar, se debería bajar el listón, a los que no pudieran saltarlo. A eso lo llamaban “adaptaciones curriculares”. Mayor la discrepancia en mantener hasta los 16 años el mismo programa para todos. Veíamos peligro en la relajación del esfuerzo, y en el buenismo que no con todos funciona. Lo del buen salvaje de Rouseau resulta, con los que son buenos.
Ahora jubilado, no por ello despreocupado del fragor de las aulas (tengo compañeros en activo y familiares docentes, visito el Colegio, charlo con padres, observo a los educandos), puedo hacer afirmaciones políticamente incorrectas que, en activo, ni se me ocurría escribir; ante las evidencias, sí las largaba por el piquito, en privado.
Cuestión de fondo: la herencia genética. Igual que heredamos el aspecto físico, y nacemos morenos, rubios, castaños, más o menos altos, cetrinos o pelirrojos, pues también los genes deciden las capacidades volitivas e intelectuales, junto con los rasgos sicológicos, tan distintos de unos a otros.
No. No estoy afirmando que ello decida totalmente la conformación de la persona, sino que esas características son la base, la materia prima, el trozo de roca a tallar por los agentes educativos: familia, escuela y sociedad.
¡Y claro!. Si la roca es pizarra, por ej., imposible tallar el busto perfecto (para el que hace falta mármol) de la brillante carrera universitaria a la que todos los padres aspiran. Sí es, en cambio, muy útil para formar buenas placas que cubran tejados. Ambas cosas necesarias en la sociedad.
Sólo los Maestros, no así los padres, conocemos la enorme diferencia en la capacidad de aprendizaje de unos alumnos a otros. Diferencia que se percibe en los primeros estadios. Primeras tendencias ya en la educación infantil. En 1º de primaria son ostensibles: los que saben, y no, leer. Van aumentando con los cursos. En la Secundaria los primeros, doblan en el circuito varias veces a los rezagados.
Estoy pensando en alumnos criados en parecido ambiente familiar y social; y, ¡por supuesto!, todos con las mismas oportunidades educativas. Nadie hoy puede decir, ¡gracias a Dios!, que él se quedó atrás porque sus padres no tenían dinero para mandarle a estudiar. Para todos, además de obligatoria, es gratuita la enseñanza hasta los 16 o 18 años. Gratuito el bachillerato, salvo los libros. Para la Universidad, con las justas notas adecuadas, hay becas, que perciben incluso los no tan necesitados.
Justo, conveniente, necesario que todo el mundo tenga derecho a la misma educación. Que, incluso, los que más lo necesitan reciban más ayuda. El Estado se vuelca con los de ACNE (Alumnos con necesidades educativas especiales, por algún tipo de discapacidad síquica o física). Bien la igualdad, pero imposible el intento de igualitarismo que late en la filosofía de esta política educativa.
¡Nacemos tan distintos.....!.
Dicho lo más incomodo, la próxima semana continuaremos con el análisis.