miércoles, 15 de abril de 2009

PINCELADAS NOSTÁLGICAS.

Pasado el Domingo de Ramos, cuando supe que el pregón lo había pronunciado Ángel Infestas Gil, me llevé disgusto por no haberlo escuchado.



Supe que había copias. Ayer me entregó una, otro amigo de la infancia, otro de los niños adelantados de la escuela, Miguel Rojo, "Paíno", otro emigrante que no pierde el careo del pueblo, otro con el que da gusto conversar.



Lo he leído con avidez, releído saboreándolo. Es como suponía, sencillo, culto, hondo, evocador, coincidiendo en el recuerdo de las mismas vivencias infantiles. Aunque no lo parezca, lo que algo me acompleja, somos quintos.



A Angelito el "Panadero", su padre Chencho, tenía panadería en la Plaza de San Andrés, en una casa de planta baja, en el solar que hoy ocupa la nueva casa de Luciano, "El Tobo", le recuerdo de la infancia.



Pertenecía a una pandilla, los de "La Puerta Villa", que imponía "su ley" entre la chiquillería: el susodicho, Paco "El Churro, a quien no he vuelto a ver desde que emigró; sí a algún hermano y sobrinos que han venido conmigo, en el remolque, a los encierros; Melecio Mansilla, "Mele", con quien sigo manteniendo gran amistad, al igual que con el cuarto; "Teico", de la familia de "Los Culines", visitantes asiduos del pueblo, con casa en el mismo.



Después, cuando marchó a los frailes, en una redada gorda que hicieron los Franciscanos después de unas misiones, sólo venía, un mes, de vacaciones en el verano. De aquella época de adolescentes y jóvenes recuerdo compartir inquietudes sociales, religiosas, culturales. De todos los que pasaron por "El Pardo", de aquella "cerandada", quedaron "tres garbanzos gordos": Félix "Nitro", Angelito, y José Mari Garea.



Hoy, "Angelito el Panadero", forma parte de la intelectualidad villalpandina, junto a José Álvarez Junco, "Pepito el del Registrador; Fernando Alfayate, "Nandi"; José Mari Concejo; Andrés, "el del banco",.......... . Hay muchos más. Pido perdón a los omitidos. A estos veteranos se van a sumar, mi sobrino Félix, y Fernando Cartón.



Al final, para que comprueben coincidencias, voy a transcribir algunos párrafos del pregón de Ángel Infestas Gil, nieto del señor, "Rojo el Bayón" y "El Brigidón".



..."entre asombrados, distraídos y resignados, asistíamos a ceremonias que se nos hacían interminables, pero que intuíamos muy importantes por la seriedad y la emoción contenida que observábamos en los mayores.

Esto sucedía con los oficios de tinieblas, que tenían lugar el miércoles al atardecer: también eran en latín, y consistían en el rezo de una serie de salmos y de otros pasajes de la Biblia. Pero añadían un componente particular que los hacia especialmente atractivos para los niños...

Durante su celebración, con todas las luces del templo apagadas, destacaba el tenebrario, un candelabro en forma de triángulo con quince velas, que ocupaba un lugar relevante en el altar mayor.

A medida que se iba rezando cada salmo, se apagaban una tras otra todas las velas, menos la última, que, encendida, se ocultaba tras el altar, mientras se recitaba un salmo de difuntos, el Miserere. Terminado éste, en la más absoluta oscuridad, los participantes en los oficios de tinieblas, debían producir un ruido que recordara el terremoto que acompañó a la muerete de nuestro Señor, según el evangelista San Mateo: "la tierra tembló y las rocas se hendieron....". A pesar de la seriedad sagrada era el momento esperado por la chiquillería para unirnos a la celebración, colaborando en la reproducción del terremoto con matracas y carracas y.... con los bancos de la iglesia, por un tiempo indefinido, que siempre nos parecía demasiado corto, hasta que Don Cayo, ayudado por un cíngulo, se encargaba de restaurar el silencio y el respeto al lugar sagrado.

Bastante niños éramos cuando aquello de Don Cayo. Éste falleció en el mes de julio del año de 1954. Aquel año ya no usó el cíngulo, ni posiblemente el anterior. "Carapela" ya no nos dejó entrar en la iglesia. Nos sacudió con su varita. Yo sentado en una ventana del Síndicato, me tiré de golpe, caí sobre otro niño y me rompí el tabique nasal. Sangraba como un marrano.
Con los anteriores datos puedo aportar que nuestros recuerdos datan del 52, y para atrás, cuando teníamos 11 años, y menos.