Oscurecido,
en esos viernes, se llenaba la iglesia de San Pedro para rezar y cantar el Vía
crucis, y el Miserere.
Durante
los nueve días anteriores al de Pasión, la Novena de la Dolorosa. Llena hasta arriba la Iglesia de San Nicolás.
¡Menuda expectación, oír cantar los solos, acompañados por el armonio, de los
versos a La Dolorosa....!: -¿Quién esa mujer que angustiada, vacilante y
llorosa camina,...?.
El Domingo, se bendecían
los Ramos en San Nicolás, e íbamos en procesión hasta San Pedro. Allí se
oficiaba la larga Misa. A los muchachos, en el coro, les costaba trabajo a los
maestros “meternos en cintura” para no pelearnos con las ramitas. Primer
sermón, prueba de fuego para el predicador de ese año. Por la tarde el “de las
paces”. Siempre incumplido. ¡Pues no había odios en el poblacho!.
El
Martes, acabada la jornada de trabajo, el sermón de “Las Lágrimas” de y en San
Pedro: -¡si Pedro negó tres veces,/ mil veces yo te negué,...../.
El
Miércoles la primera procesión, la del “Silencio”. Como únicas imágenes “La
Dolorosa”, sin cofradía, y el Cristo de la Pasión acompañado de sus cofrades: túnicas
blancas y guantes, capuchón rojo, hachón en una mano y cruz en la otra.
El
Jueves por la mañana, después de la solemne Eucaristía se recorrían los
monumentos, expuesto el Santísimo en las cinco iglesias, por entonces, del
pueblo. Procesión por la noche del Nazareno y su cofradía de la Vera Cruz. Todas las procesiones seguían el mismo itinerario.
En
la amanecida del Viernes el muñidor de ésta recorría el pueblo blandiendo su
campana, llamando a la gente a la procesión del “Encuentro”.
Por
la noche la gran procesión, en que se sacaban “todos los Santos”: El Señor
Atado a la Columna, pequeña talla portada por niños, previo pago al
nieto del Sacristán, “El Ecce Homo”, “alias Ceomo”, convertido en adjetivo
para, por similitud, designar a los muy feos; “La Oración en el Huerto”, San
Juan, “La Soledad”, a quien siempre portaba “Chapirú”, vestido de gala, y a quien
sólo alumbraba “La Pelitos”; después ya los “Santos
grandes: La Dolorosa, El Nazareno, el Cristo de la Pasión y la Urna, a
la que dicen “la Urnia”, custodiada por la Guardia Civil de gala.
La
única imagen portada en pequeña carroza, era la del Cristo y las Marías. La
costaleaban ocho jornaleros, que, como iban dentro y no se les veía, cobraban
jornal.
Las
demás imágenes iban sobre andas de “cuatro brazos”. Había que ser mozo muy
fornido para cargar con La Dolorosa, y más, el sumun, con Jesús, y más cuando,
debajo de la túnica, le pusieron una batería para las luces.
Era
una de las noticias de la semana Santa. ¿Quién lleva este año a Jesús?. Se
subastaban las andas. Se juntaban grupos de cuatro mozos parejos, quien más
pujara lo llevaba. Lo de llevar a Jesús revalorizaba socialmente a los
portadores.
¡Qué emoción, en un pueblo tan poblado como mal alumbrado, tenían aquellas procesiones...!: dos monaguillos, cada uno por un acera, portando los ciriales abrían el cortejo, otro, por el medio, la Cruz. Detrás de los ciriales, en sendas filas, los niños, las niñas, (vigilados por los Maestros), luego las mujeres, al final los hombres; las imágenes por el centro, los cofrades, (sólo existían la Vera Cruz y la del Cristo) también en filas, por debajo de la acera; detrás de La Dolorosa, del Nazareno y del Cristo grandes grupos de mujeres, de jóvenes a viejas, alumbrando, alguna mujerica con el mismo farol de la cuadra, alguna otra, que “se hubiera ofrecido”, descalza,....; al final, presidiendo, las autoridades...
Eran
procesiones escuetas y hondas, sin banda, flores ni carrozas, con las únicas luces de las
macilentas bombillas públicas, los faroles y la luna llena; con el sonido ronco,
espaciado del tambor de Miguel "el pregonero", el esquilón de “Cementerio” y los cantos de
todo el vecindario: -¡Perdón a tu pueblo señor!, ¡perdón a tu pueblo!,
¡perdónalo señor.....!.
En esos días, por la villa, se mascaba la religiosidad, flotaba en el ambiente, cual el tañido lúgubre desde los campanarios. Además de los sermones citados, el Jueves Santo, antes de salir la procesión había una plática; el Viernes Santo, el sermón del Encuentro, por la mañana; por la noche el de la Soledad, llena la plaza, desde un balcón del Ayuntamiento. Los oficios religiosos, llenas las iglesias; las visitas al Santísimo, (se hacían guardias para que estuviera siempre acompañado) expuesto en las Monjas, en el monumento, y en San Nicolás...
Se pueden imaginar que nada de diversiones. Si en toda la Cuaresma, desde el Martes de Carnaval, al Domingo de Pascua, no se abría el baile, pues en Semana Santa, ni cine, siquiera. En las cantinas de Emiliano Allende, "Monsifú", en la plaza, y en la de "Citos", donde paraban los coches de línea; en las pequeñas "barras" del Ideal, Cine, "Bartolo" y "Riesco", los más "impíos tomaban chatos de vinos de cosecha local, en garrafón y, si acaso, vermut con sifón; si acaso, para los señoritos podían ofrecer pincho de anchoa o de berberechos.
Les insisto en que, como ven en la foto, en las procesiones, se observaba el perfecto orden de ir en fila y sin mezcla de sexos: las mujeres, todas con falda, (vean la foto) detrás de los niños, los hombres tras ellas. No había banda. Íbamos cantando cantos penitenciales.
Perdón a tu pueblo, perdónale Señor. Perdón a tu pueblo perdónalo Señor ¡ No estés eternamente enojado...!. ¡No estés eternamente enojado, / perdónalo Señor....!”.
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“¡Mira ingrato pecador/, mira a tu amante Jesús, /clavado por ti en la Cruz! Expirar por ti de amor.
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“Amante
Jesús mío,/ ¡oh cuánto te ofendí!./ Perdona mi extravío, (la mayor parte de la gente decía, perdona nuestra vida)/ y ten piedad de
mí...!”.
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¡Sálvame Virgen María, óyeme te imploro con fe. Mi corazón en ti confía. Virgen María, sálvame, sálvame...!
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¿Por qué habría de estar eternamente enojado? Por nuestros muchos pecados, nos decían con amenazas del infierno, don Primitivo y don Policarpo. Bien pronto, en la adolescencia, comprendí que el amor y la justicia eran el meollo del mensaje Cristiano.
"¡Oh cuanto te ofendí!" "¡ingrato pecador"... ¡Pobres gentes aquellas que procesionábamos en blanco y negro. ¿Qué pecados? Pequeños hurtos por necesidad, riñas, odios añejos. Trabajar en domingos y festivos, faltar a misa. Había también sinvergüenzas que "daban falso testimonio" en los juicios Había algo, un pecado muy común, entre los mozos, hombres y unas poquitas mujeres: incumplir el Sexto y, sobre todo el Noveno Mandamientos de la Ley de Dios.
6º.- No cometerás actos impuros.
7º.- No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
En aquella moral tan puritana en esto insistían mucho lo curas: la decencia en el vestido femenino, en los espectáculos públicos. Era pecado ver películas 3R. Por ej.: era 3R el "Último cuplé". Y lo del guante de Gilda, eso ya era lo máximo: 4.
Las Semanas Santas han cambiado tanto como la sociedad. Les aseguro que cuantos procesionábamos por aquellos finales "cincuenta y principios sesenta" estábamos impregnados por la moral Católica del sexto y el noveno. Pecado gravísimo la coyunda fuera del matrimonio por la iglesia. No conocí convivir ni a una sola pareja que no hubiera pasado por el altar. ¡Cómo para encima ir a comulgar o ser cofrade..!
Han aumentado las cofradías, y los/las cofrades en la Vera Cruz; los pasos, las carrozas, las flores. Desde que surgió la banda se acabaron los cantos penitenciales. Ahora ya se han acabado las procesiones. Son, como en las ciudades, desfile de cofrades, pasos, banda. La gente vamos a verlos pasar. Al final, como son tan largas, acaban por llegar casi solos los cucuruchos a San Nicolás.
Luego, ¿cuál debería ser la motivación para procesionar, para ser cofrade?. Se supone que ser cofrade, portar, acompañar las escenas de la Pasión, al crucificado, implica, cuando menos, ser creyente, que debería ser un compromiso religioso Si no cumplir, conocer, al menos, no solo los diez de la Ley de Dios, sino los cinco de la Santa Madre Iglesia.
Los recuerdo: Oír misa entera todos los domingos y fiestas de guardar.- Confesar y Comulgar, al menos una vez al año, por Pascua Florida. Cumplir lo del ayuno y la abstinencia. Socorrer al a iglesia en sus necesidades. La mayoría de los cofrades no es, ni siquiera que los cumplan, es que ni siquiera los conocen, que no han estudiado el Catecismo.
Miren: soy comprensivo con los incumplimientos, sobre todo a cierta edad, del sexto y el noveno, si bien no comparto la actual promiscuidad con el consiguiente desbarajuste familiar y social.
Lo que sigo sin aceptar es la inmoralidad de la incoherencia, de la mentira, del postureo, del que están tan repletas nuestras procesiones en general, en un mundo tan lleno de la necesidad del arraigo de la moral cristiana o de la ética universal, sobre todo en lo referido al quinto mandamiento.
¡Bueno!: deseando encontrar algo consolador me quedo esos versos dedicados al Nazareno:
"En carroza engalanada / por las calles hoy desfilas / pero flores y cornetas / ¿No serán solo mentiras?
¡Pero no, que también hay mucho amor / en la ley de todo un pueblo./ Y se manifiesta así, / puede que una vez año , / siguiéndote en procesiòn, / al igual que los de antaño.
Es mi elogio a ese villalpandinismo, amor a la tradición del pueblo, a ese relevo generacional de todos los muchachos que andan alrededor, muñendo, (los vi en la iglesia de las Clarisas) como decía Andrés Vázquez, al "Moreno".