Cuando novios compartíamos lecturas. Nos influyeron sobre manera los de formación moral para jóvenes escritos por el Obispo Húngaro Thiamér Tóth: "Energía y pureza", "Sé casto", "La joven y Cristo", "El joven de carácter"...
Ya de casados fue leyendo a los clásicos universales, Tolstoi, Dostoyevski..., a Cervantes, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, por supuesto; la Biblia, durante toda su vida. No nos perdíamos en la la "dos" las representaciones teatrales clásicas...
Además de a leer, me viene de lejos la afición "escritora". Sin duda, influido por lo relatos escuchados a mayores, en el taller de mi tío Paco, en la solana del "Rincón de las Monjas", en la aguardientería, a mi abuela en la camilla, me entró la afición de contar cosas.
Me di cuenta del enorme cambio social, de costumbres, de trabajos, de formas de vida, de la desaparición de la sociedad rural tradicional. Ese fue el motivo de empezar a escribir relatos describiendo facetas de la vida que desaparecía. Los iba mandado e iban publicando en "La Opinión de Zamora".
Fue don Tomás Osorio quien me animó a recopilarlos en un libro. Aquello, para mí, era algo impensable: ¡Escribir un libro! Me parecía algo muy grande, fuera de mi alcance cultural. Sarita me animó. Fue así como nació, "Crónicas de ayer desde un pueblo zamorano".
Contacté con la imprenta "Jambrina". Lo había escrito todo a *máquina. Les llevé los folios, había que pasarlo al ordenador. Eso aumentaba mucho el coste de la edición. Interviene Sarita y le hace el encargo al yerno reciente, y se lo paga bien pagado. Copia el texto y las fotos, las mete en un disquete y a la imprenta. Para la portada consigo una preciosidad de foto de la Puerta de Villa, con la laguna. Foto reproducida cientos de veces desde Jambrina.
La tirada fue de mil ejemplares. Entonces, todavía, no existía competencia de otros escritores villalpandinos, vivían las personas de la generación anterior, protagonistas de tantos afanes. Fue muy bien acogido.
Cuelgo la foto siguiente porque la intervención de Sarita hizo posible que estas memorias fueran publicadas
La foto es del cartel por el que la Asociación Cultural MUVI invita al acto de presentación del libro, "Andrés Vázquez", Memorias de un torero. Pinchen y pueden ver todos los detalles.
Mi pacto con Andrés fue que escribiría sus memorias si él se encargaba de la edición:
-No hay problema. Tengo amigos en Madrid...
Resumo: nada.
Luis González, el de librería Semuret, con la Diputación de Zamora, había publicado mi segundo librito, "Charlas de fragua y solana". Contacto con él. Pásame el texto. Ya, para el anterior, todavía en el Colegio, había aprendido a manejar el ordenador. Para éste ya tenía ordenador propio. Le imprimo el texto. Se lo llevo en una carpeta.
Unos días después pasó por la librería:
-No me atrevo a editarlo. Con fotos en color hacer tres mil ejemplares de un buen libro, cuesta más de cinco millones de pts. Se lo voy a pasar a la Diputación.
-No te molestes que para estos del PP (ya por aquel entonces) soy persona non grata.
-Por probar...
Un par de semanas después vuelvo por Ramos Carrión:
-Dicen que no, que carece de calidad literaria.
-Hombre, aunque sólo fuera por las fotos, (que no las habían visto) y por Andrés, creo merece la pena.
- Pues nada: me resigno a que no se publique.
Al regresar de Zamora con la carpeta y fotos en cuestión, Sarita me las pide.
Pasan unos días y me dice:
-Yo creo que debemos publicarlo.
-Anda, déjate, no nos vamos a embarcar en un lío de 30.000 euros.
-Que no hombres. Que he llamado a unas monjas, creo benedictinas, que tienen una imprenta, Editorial "Monte Casino", en la carretera de Fuentesauco. Si dejamos las fotos todas en blanco y negro, nos sale mucho más barato.
-¿Cuánto?
- Con IVA incluido como a 4'50 euros ejemplar.
-¡Pues muy bien! Cierra el trato con las monjas.
Después vino conmigo a Zamora, a la editorial. Con las monjas todo fueron simpatías.
Le pagamos la mitad. Por no andar buscando facturas, cito de memoria. Creo le pagamos 6.000 euros a la entrega de los primeros 1.500 ejemplares y un mes después otro tanto por la otra mitad.
La broma, con todos los gastos, el mayor el de la fiesta en La Cañada Real el día de la presentación, con barra libre, debió andar por los 10.000 euros.
Al principio se vendió muy bien, a 12 euros ejemplar. De ahí las Librerías se llevaban 4 euros. Salió a finales de junio. Al acabar aquel año, creo habíamos amortizado la inversión. A partir de ahí, los que se vendían en el Arte quienes nada ganaban en la venta, el dinero se lo iba dando a Andrés.
Con el paso del tiempo, no sé si al año siguiente, distintos avatares, narrados tiempo atrás, me llevaron a tomar la decisión de cortar el suministro de libros a Andrés.
Se iban ya vendiendo muchos menos. Como ya había amortizado, empecé a regalar libros. Uno a cada coche en la marcha de Benavente a Valladolid para reclamar un hospital; otros en una marcha de Asprosub.
Pasaron más años y aún me quedaban en casa 20 cajas con 50 libros cada una. Reconciliado con Andrés le dimos las 50 cajas. 1.000 libros. Antes ya le había dado ejemplares o su importe, como otros 300 libros.
En conjunto, a lo largo de unos cuantos años alguna ganancia tuvimos. Lo de menos. Lo importante ha sido quedar memoria del único matador de toros importante que ha dado esta provincia.
A Sarita, como a la mayor parte de los lectores, gustó este libro porque, aunque "exento de recursos literarios, está escrito en un tono coloquial, ameno, íntimo, costumbrista, por un no profesional, lleno de anécdotas y experiencias comunes. Repara mucho en la trayectoria humana de Andrés y poco en su faceta de matador de toros". "El trabajo del Sr. Modroño es honesto y sincero, propio de un amigo, si bien al estar escritas en clave tan local, para los puristas taurinos, su interés se achica".
Estoy totalmente de acuerdo con el entrecomillado. Cierto que los lectores más selectos echan de menos figuras, párrafos literarios. Que no es, ni mucho menos, algo parecido a la biografía de Juan Belmonte escrita por *Manuel Chaves Nogales*, tan llena de figuras retóricas y de perfección literaria.
Sarita, a esto me decía:
-Pero tú escribes muy ameno, muy sencillo, como para personas que nunca han leído un libro. Que Azorín hablaba de la difícil sencillez. Que tu lenguaje coloquial se parece al de Delibes rural.
¡Cómo me sobrevaloraba! ¡Cómo para no llorarla!
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