Es la Primera Comunión de Álvaro. Está Belén, que fue su catequista.
Además, toda la gente de la villa, y de la comarca, no deja de mostrarme cariño. La veo por todas partes, no sólo en casa, en el sillón, en la cama vacíos, sino por el pueblo, en lugares más especiales unos que otros. Por ej.: ayer en el Ayuntamiento. Acompañé a empadronarse a una chica venezolana y a su compañero. Siempre, siempre recuerdo la Sala de Fiestas Feliz, el salón de los Mantecas, que estaba allí, entre las viejas, y las mismas paredes de sillares de arenisca que levantaron los Templarios, hoy Salón de Plenos Municipal.
Salí de la Plaza por la calle del Toril; allí, cerrada desde hace muchos años, está la casa de Alejandra. con frecuencia visitada, para ver a la gran amiga Lucita Boyano. Un poco más. Creo la casa siguiente era la de "Goya, la "Sinda"". Vivía con un hijo soltero, "Tano". Enfermo, sin poder trabajar, en un cuarto de la casa, abrió un humilde bar con mostrador de ladrillo y cemento. ¡Nada! Cuatro paredes, una ventana, dos mesas y cuatro sillas. En alguna ocasión, de novios, poco antes de la boda, cuando su padre me aceptó, fuimos por hacerles un poco de gasto. No tenían más que vino de garrafón.
Nostalgia, tristeza. Permitan que por eso continúe, como queriendo atrapar un tiempo ido, con los recuerdos matrimoniales.
Allá, por principios de los setenta, llegó al pueblo un matrimonio joven. Luis García Cortés, su esposa Julita Sardón. Traían su primera nena, Raquel. Se alojaron en la casa de don Evaristo Conejo, en la plaza de Santa María. La misma cigüeña que a nosotros, los visitaba con frecuencia.
Luis vino destinado a Villalpando como Jefe de la entonces oficina de Extensión Agraria. Nada que ver con los actuales funcionarios, burócratas mañaneros, de ida y vuelta. Luis se implicó hasta los topes en la ayuda a la agricultura y ganadería de la comarca, a la mejora de las condiciones, al desarrollo. No existía la PAC ni el papeleo actual. Todo el esfuerzo consistía en hacer más rentables las explotaciones mediante, por ej., el cooperativismo.
Reuniones en la noche por los pueblos. Aquí ni sé cuantas, incluso en las mañanas y sábados de los domingos. Logro suyo fue la cooperativa Agrovico, si bien fracasada, origen de la actual próspera Agrinza. Mayor logro, cuando había tantos pastores, fue la Cooperativa Interprovincial de Ovino, origen del actual C.P.O.
Otro de los intentos, que consumió muchas horas de tumultuarias sesiones, cuando la gente carecía de costumbres de asambleas, y cada uno hablaba con el vecino, fue el intento de creación de cooperativa para instalar una planta deshidratadora de alfalfa, que vimos inviable y no cuajó.
En la multitud de gestiones que Luis realizaba, contactó con unos catalanes, de Lérida que habían montado una planta transformadora de alfalfa. En lugar de pasarla, recién segada, por un troner, donde a base de gasóleo, ya muy caro, la secaban, esta empresa "Aproalfa", llevada también recién segada y picada, la sometía a un prensado para escurrir parte del agua, y la metía en unas bolsas, sacos de plástico, cuadrados y alargados, de unos cuarenta kilos. Eran pequeños silos. Alfalfa ensilada parecida a la de las "bolas" de ahora.
Luis consiguió contactar con esos catalanes cuando, todavía, no habían rematado la fábrica en Suchs, y aquí que se presentaron: el jefe, don Andrés Rivadulla Buira y el segundo, un tal Antonio Roma. En el bar del cine nos reunimos unos veinte alfalferos interesados en el proyecto. Yo pagué la consumición.
Después de muchas reuniones y contactos, nos dimos cuenta de lo inviable del proyecto. Aquella consumición fue rentable: el primer camión de Rumialfa que salió de la factoría, vino a Villalpando. Un tráiler, veintipico toneladas que, saco a saco, pasaron por mis costillas, descargadas en el corral de “La jabonera”, contra la tapia de Peterete. No estaba aún construida la casa de mi hermana. Mi padre sintió mucho no poder ayudarme.
La rumialfa empezó a venderse aquel invierno como churros en verbena. Aquel primer camión lo fui repartiendo, a fines de semana, con el tractor por los cabañales. Después ya venían los camiones directos; a la vaquería de Bolaños, a la de Fernando Burón, por ej. A veces se repartía un camión para varios ganaderos. Si era día de escuela, iba Sari, con el camionero, a repartir y cobrar. Me facturaban a un mes. Cuando llegaba la letra, ya tenía, de sobra, las perras. Repartimos Rumialfa desde finales del "setenta y siete", al "ochenta y dos".
Así fuimos consiguiendo ahorros para el arreglo de esta casa e ir comprando alguna tierrica, y para que nuestras hijas fueran a la Universidad, David a internado de FP, luego a la Escuela de Ingeniería Técnica Industrial. Jesús consiguió el Título de Profesor de Auto-Escuela, y de Director. Álvaro, en otro internado, durante cinco años, se formó para ser un excelente profesional agrícola y ganadero.
A Sara siempre le gustaron mucho las flores. Cuando nos casamos y vinimos, con los tíos, a esta casa de Silera, me animó a cercar un trozo del corral, con tela metálica, para que no entraran las gallinas, y dedicarlo a jardín. En la boda, creo fue la primera novia que llevó ramo de flores. Se ve en alguna foto. Unos gladiolos, dalias, no sé si alguna rosa, del jardín de sus tías "Bachicas".
En la primera obra, reconstrucción de la parte de esta casa colindante con el solar de una casa vieja que mis tíos habían comprado, a continuación de ésta, en Silera, derribamos la tapia, pusimos verja y aquel solar quedó convertido en jardín, que fuimos modificando. Sarí en él cultivaba muchas flores. No sé de dónde obtuvo la semilla. Lo cierto es que en un verano florecieron unas enormes, rojas, exultantes amapolas. ¡Pobre!: qué disgusto cuando la Guardia Civil le recomendó las arrancaran. Eran de la opiácea adormidera.
Ese amor a las flores, cuando había criado a cinco hijos, cuando durante el curso estaban fuera de casa, la llevó a tomar la decisión de abrir una tienda de flores. Ella siempre me evitó preocupaciones. Yo tomaba las decisiones en materia agrícola, Sarita todas las demás de la economía familiar, incluida la administración de mi sueldo.
Un día, cuando salgo para Villanueva, veo que llega el albañil Antón y dos peones, provistos de herramientas.
-¿Qué andáis haciendo?
-¿No te ha dicho Sarita que vamos a arreglar este bajo para poner floristería y trastienda?
Me eché a reír. Lo comprendí. Ella, entre mimos, ya me había hecho alguna sugerencia los días anteriores. Sabía que mi resistencia intelectual no daba para más que las clases de Lengua y Literatura para alumnos de la 2ª Etapa en el "Gabriel y Galán", y su preparación. Por eso, ya digo, me cuidaba mucho emocionalmente.
Por la tarde, al regreso de la escuela:
-Pero, ¿ tú crees que una tienda de flores es negocio en Villalpando?
-Creo que sí. Además, por probar... Si no resulta, pues tenemos una habitación más arreglada en la casa. No te preocupes que tenemos ahorros para la obra.
Y no me quiso decir que muchos días no vendería una flor. Un poco antes se había muerto nuestro tío Paco Gutiérrez. el carretero, Sarita ya le puso unas flores de su jardín. Empezaba el acompañamiento de coronas, ramos, centros florales en los funerales.., y por los Santos. Y estaban las carrozas de Semana Santa. También alguna que otra boda...
Llené de rosales parte del corral de esa citada casa vieja aneja del Sr. David el burrero. Ocupado ahora, casi todo, aún le queda por detrás un poco de jardín, por la casa de Gracia. Planté en la finca gladiolos para los Santos. Todo eso era pequeña cosa, pero ayudaba. Si bien el grueso habría de comprarlo. Empezó abasteciéndose de Toxal, productores gallegos de flores. Se fue enterando de unos cuantos más proveedores. De unos viveros de Valladolid traíamos la planta, también flores.
Como son un producto muy efímero, y caro, a diario tenía pocas. Cuando coronas, corre corre a Villaornate, a La Bañeza... Estos productores se hicieron también mayoristas y comenzaron a distribuir semanalmente, Faustino el de la Bañeza, Isidro, el de Villaornate, a quienes, ya canosos, veo algún día por aquí. Para los Santos traíamos mucha flor de los "Teo" de Matilla de Arzón. Aquello era una locura. No recuerdo ya a través de qué mayorista, pero lo cierto es que le llegaban cajas llenas de claveles, bien embalados, que venían directamente de Colombia, envueltos en papeles de periódico de Bogotá.
Sari al poco de abrir hubo de aumentar su infraestructura, en la trastienda, con recipientes de plástico, con agua corriente, donde conservar la flor; estanterías, mesas y herramientas de trabajo. Además, en esta casa hay cuartos, antiguas despensas, oscuros y frescos
Siempre, desde el principio, por los Santos, Semana Santa, contó con la ayuda de Gracia, de Belén, de Nana hermana de don Primitivo, pero el trabajo mayor, todos los cuidados y responsabilidades, corrían de su cuenta.
En su paso por esta vida no ha hecho más que buenas obras.
Tras la puerta primera, más baja y de dos hojas, ya sin el rótulo , "Flores Jesús", estaba la floristería.
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