viernes, 24 de abril de 2026

LA QUERENCIA DEL PUEBLO.

 

    Hace un poco, al acercarme a darle un poco de consuelo a Victoria, esposa de ISIDRO RODRÍGUEZ ALONSO, elogio el que hayan traído ese cuerpo tan curtido en el trabajo, desde Francia, a descansar en su pueblo.

    Me dice llorando: -Es lo que él quería, y nosotros también-. Noto que para ellos es un gran consuelo. Y que los del pueblo, los de toda la vida, los acompañemos.

    Su hijo, Isidro "el Francés", en el breve diálogo, me recuerda fue amigo de Belén. Que era alegre, encantadora. Me reconforta formar parte de esta comunidad que comparte vivencias, recuerdos, nostalgias...

    Isidro "Pucherero" (Este apodo familiar se refería al oficio de algún abuelo o abuela, que llegaron desde Pereruela de Sayago, el pueblo de la alfarería. Recuerdo que también los llamaban los "Perigüeleros"), no sé si fue el segundo o el tercer hijos de la numerosa familia del Sr. Eugenio, el "Pucherero" padre. Un hombre muy industrioso, comercial.

    Escuchar a Isidro sus comienzos comerciales, al lado de su hermano Tomás, el mayor. Me encantaba:

    "Íbamos en bici todos los jueves al mercado de Benavente. Mi hermano iba ajustando camadas de lechones para unos catalanes. Les daba la "señal", un anticipo, yo me encargaba de marcar con almazarrón a los marranos. Mi padre y mi hermano, con el trato, hicieron mucho dinero". "También teníamos alguna tierrica, y majuelos...

    Cuando aquella sociedad rural fue desapareciendo, Isidro, con dolor, como otros tantos, decidió emigrar a Francia. Con ese instinto comercial, después de trabajar algún tiempo en una fábrica, así que aprendió a chapurrear el francés y la industria chacinera, montó su propio negocio de productor y vendedor por los mercados. Y, las perricas que fueron ahorrando las invirtieron, demás de en Francia para sus hijos, en el pueblo.

    Compraron la casa de don José Labrador, en la carretera de Madrid. Así han pasado sus últimos años, a lomos entre Villalpando y Francia.

    Era muy majo Isidro. Lo recuerdo con mucho cariño.

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    Ya de puesto, quiero recordar también a Juan de Prada Santiago, "Juanito" el de la centenaria tienda de la calle Miraflores.

    Su sencilla biografía es de todos conocida. Aun así podría escribir mucho de él, de todas sus circunstancias familiares. Pero prefiero resumirla con unos pocos sustantivos. Bastaría uno solo: BONDAD.

    Si bien alguno más es de justicia añadir: austeridad, sacrificio...

    A esta derrochona sociedad le vendría muy bien inocularle las virtudes de Juanito.

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    El mismo día que Juanito falleció también otra señora de Villalpando, de toda la vida, otra buena mujer: Ángeles Granado de la Puente.

    Con su hija anduve recordando su descendencia: hija de Luis Granado, de la saga de herreros, que eran tantos, que dejó de haber trabajo para tantas fraguas. Su familia emigró a Vizcaya, aunque Angelines, creo ya casada con Ángelito de Prada, hijo de Federico el panadero, permaneció, haciendo pan para Villalpando, Quintanilla del Olmo y Prado, toda su vida laboral, y después de jubilada.

    Su madre era hermana de Anastasio de la Puente González, uno de los fusilados cuando la guerra. Cuando homenajeamos a estas víctimas, en precioso acto, descubriendo placa en el cementerio, con el nombre de todos, Angelines fue una de los familiares que depositó una rosa tras leer el nombre de su tío.

    Para todos nuestro recuerdo cariñoso.

    

     


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