Es que mañana sería el cumple de Sarita. Tenemos, como todo el mundo, muchas fotos familiares con nuestros hijos, y nietos, en la plenitud de sus vidas, que me pareció indiscreto publicar en todas las entradas que en el duelo, dediqué a relatar "la historia de nuestro amor".
Al faltar ella reviví aquel intenso amor adolescente, juvenil, adulto... Tal era mi amor que, al irse, transcurrida su vida a mi lado, al principio con tantas dificultades, me entró "remordimiento de conciencia". Perdonen estas íntimas confidencias. Y me dio por pensar que, con lo guapa que era, pudo haber tenido "mejor partido", nadie del pueblo, por supuesto, tal como le aconsejaba "Margaritina": -"iba yo a hacer caso a ese muerto de hambre".
Mi agradecimiento ha sido infinito. Busqué, en aquellos triste días de noviembre, consuelo a ese "remordimiento", (¡por favor! si nos amábamos con locura) en mis hijos.
-¡Por favor papá!, y nosotros ¿qué?
-Cierto hija. -y me quedé tan tranquilo.
No es sólo la belleza física, que también, sino todos los valores humanos de "los Modroños" Riaño.
Me ha quedado la foto un poco borrosa. Pinchen para verla más grande.
Ahí están: por la izquierda, primero sentado, corbata roja, David. sigue Álvaro; de pie Sara-Belén, las manos sobre los hombros de Ángel Abad, su esposo. El otro hombre al lado, de pie, es el otro yerno, Miguel Saenz. A su lado, el otro de pie es Jesús, el moreno guapazo. Las chicas sentadas son Inés Hernández, la nuera, esposa de Jesús, y Gracia, de quien decía doña Tere la maestra de matemáticas, con su santa claridad: -Tu hija lo tiene todo: es guapa, inteligente y buena, pero no le dieron el "Brígida Escudero", por ser hija de un maestro. Tampoco pasó nada.
De la generación siguiente, de los seis nietos, no me voy a poner en plan abuelo, aunque podría, sin exagerar.
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