jueves, 20 de marzo de 2025

LEÑA.

 


    




    -"Tómame o déjame,  pero no me pidas que te crea más / pues tu ropa huele a leña de otro hogar". Cuando, con mucha frecuencia escucho a Mocedades, pienso que la leña era muy abundante en los caseríos vascos, de ahí la metáfora. En cambio, en Tierra de Campos, la leña escaseaba.
      Las vides trenzadas en manojos, con cuyo importe se pagaban todos los jornaleros de los majuelos, era la única leña disponible en los pueblos del adobe. Unos palicos, colocados con destreza en "la lumbre", un poco de paja sobre ellos y, encima, hacia atrás una talega del estiércol más seco, mezclado con los granzones, o de boñigas secas del prado. Así, con la poca llama de las vides, prendía aquel combustible,  que era como una masa de mecha, cuya combustión no hacía llama. De vez en cuando se soplaba con el fuelle para avivarla. Al amor de aquel borrajo, a lo largo de la mañana, se iban cociendo los garbanzos y el cacho de tocino, en el puchero de barro.
    En los pueblos con encinas cercanas, los menos, iban los labradores, por treinta duros, a por un carro de leña, de la más fina, la de los extremos de las ramas, con su correspondiente hojarasca. Luego en el corral, sobre el tajo, con el hacha, la iban troceando para poner en la lumbre.
    Aquellas "lumbres", en aquellas cocinas, no mataban el frío, no daban más que humo si se cerraba la puerta, pues se acababa la corriente para que el humo ascendiese por el chapitel.
    Cuando llegó el butano se fueron acabando las lumbres, y manojos y ramajes  perdieron valor. Fue por entonces, cuando en la reforma de la casa de calle Silera, en el nuevo salón, pusimos chimenea "francesa". No una lumbre grande y de hornaz alta, como las antiguas, para utilizarla, con madera, como calefacción.
     Compré, por los cepos, el majuelo de los Oleas en Valdeconejo. Jesús, con once años, tiraba del tractor. Yo iba poniendo la cadena a cada cepa. Cargábamos, con vides y raíces todo aquello. En el corral, sobre el tronco de una acacia de tajo, a base de hacha iba troceando todo aquello.
     En aquella primera chimenea, aunque pusimos una chapa frontal, se desperdiciaba la mayor parte del calor. Menos mal que cuando los cepos secos se hacían brasa, sacábamos al brasero.
    Pusimos un sistema, unos tubos que atravesaban la chimenea y expelían aire caliente al exterior. Fue un avance. Así tres o cuatro años. La solución definitiva cuando empotramos la "casette" Ergón. Cerrada, con su puerta de cristal. Se regulaba el tiro. Por rejilla superior salía un calorcico que ponía el salón a tono.
     La encendíamos a diario, cuando los niños salían de la escuela. Las cepas de Valdeconejo nos durarían dos inviernos. Después la emprendí con viejos almendros. Troceaba con hacha lo suficiente para echarlos al pequeño remolque. Fue entonces, cuando haciendo un exceso en nuestra modesta economía, compre una moto sierra eléctrica, la cual, con largo cable utilizaba en el corral de casa.
   Aquella duraría tres campañas. Nuestra economía iba mejorando. Compré una motosierra nueva de gasolina, si bien pequeña. Como le dí mucha caña, tampoco duró mucho. Años después, donde Vaquero en Benavente, compré una, ya grande, de segunda mano, que he utilizado hasta no hace tantos años.
   No sé cuántos miles de kilos, entre trocear, cargar, subir al salón, poner en la chimenea, han pasado por mis brazos. 
     Encontré un filón con la madera de derribos. Toda la de la casa de abuela Ana, frente al silo, donde está ahora el chalet de Felipe Vega. Otro montón que me dio Ángel Cañibano... Como pasaron años, empezamos a tener ramaje de piñoneros plantados por nosotros. Así hasta ahora. Si bien es Jesús el encargado de proporcionar leña a las chimeneas familiares.
   Ésta que ven en la foto está en la casa de la calle Corralones, donde ahora vivimos. El día lluvioso. La aerotermia la habíamos bajado el día anterior. Sara friolera. Agarró Leila y chiscó la chimenea. Al poco veinticinco grados.
    Todo esto lo cuento para dar la noticia de que los Ayuntamientos de la Mancomunidad del Raso, autorizan la recogida de "leña", el ramaje que va quedando, de la tala y limpieza de los troncos de los Pinaster que han acabado su ciclo, y ha surgido el matorral de encina. Ese ni tocarlo.
   Si no quieren dejarla allí, como desde hace años han venido haciendo, con el consiguiente peligro de incendios, ya puede la Mancomunidad mandar a recogerla. Se me ocurre una idea: a los de las pagas de bóbilis, bóbilis, a limpiar el pinar del ramaje muerto. Así, además, quemarían calorías, que algunos parecen cerditos.
    Regalan la leña me dijo uno. ¡Ya, ya! Pues no lleva trabajo el troceado, recogida, cargue, con lo cómodo que es chiscar la caldera de gasóleo o, incluso, la estufa de pellets.
   Mi último oficio como calefactor, ya jubilado, durante once años, hasta hace unos cuatro, fue el de recargar de astillas, trescientos kilos bien a gusto, a diario el depósito de la caldera que calentaba tres viviendas; sacar la ceniza y limpiar todo. Una hora de diaria de curro.
   El sistema este de las astillas ha quedado obsoleto. David desmontó y vendió todo.
   Me gustaría que alguien hiciera llegar al Ayuntamiento de Zamora el error, despropósito, fracaso que va a ser la faraónica obra de llevar agua caliente para calefacción y otros usos a las viviendas. Agua que van a calentar en un centro de calor, enormes quemadores, a base de astillas. Ramaje picado al que llaman biomasa.
   ¿Han echado cuentas de los miles de toneladas que son necesarias?  Un  trailer, a diario, aunque estén cerca las astillas, no dará a bondo a ese gigantesco horno. En toda la Comunidad la única empresa que está astillando es la de Tiedra, la que está entresacando en Valdeconejo. Ese ramaje tan fino de los pimpollos de pino es todo acícula (hojilla). Metralla. Lo criban, pero lo que tiene algo de madera lo utilizan para fabricar pellets. Creo piensan utilizar en esos hornos la hojilla, pero aunque utilicen todo el picado de ese ramaje sale una astilla de muy mala calidad.
    Quemados todos los pinares de la Culebra, de ¿dónde van a sacar toda la "biomasa" (ramaje picado) que un horno para calentar, no sé si mil viviendas, va a consumir? 
    Si ese invento ya hace años que ha fracasado en Valladolid.
 
   
    

    

sábado, 15 de marzo de 2025

NO A LAS GUERRAS.

 

 

LA NOVIA ETERNA

 

    Aquel hijo de los aguardienteros fue el tercero de la familia y primero que nació en la Argentina, adonde habían emigrado sus padres, luego allá vendrían otros dos más.


    Regresó toda la familia cuando él tenía cuatro años. la madre no soportaba la añoranza. Regresar de la provincia de Mendoza, junto a los Andes, hasta un pueblo terracampino a finales de 1915, era, como sería hoy día, regresar de otro planeta: cruzar el inmenso país del Plata en primitivo tren, atravesar el océano, bordeando previamente parte del continente, en la clase tercera de aquellos inmensos vapores atestados de emigrantes, desembarcar en Vigo, coger el tren hasta Benavente, y de allí a su pueblo en carro, era todo ello, para una familia con cinco niños pequeños, una verdadera odisea. La hermanica mayor ayudaba a los padres a cuidar de los pequeños, entre ellos un bebé de meses.


    Fue a buscarlos a la estación de Benavente el abuelo, Pedro Chimeno "el Carruchero", natural de Villárdiga, con el carro. Además de los cinco niños traían un baúl con la poca ropa, una máquina de coser marca White, y un lazo de cuero. Puede que también unas pocas monedas.


Cuando entraban en el pueblo, después de un mes de viaje, volteaban jubilosas las campanas de las cinco iglesias: Era mediodía de la víspera de la Purísima. La emoción de aquel instante nunca la olvidó aquella familia. 


    Establecidos en el pueblo, la familia se dedicó a confeccionar zapatillas, y al poco, volvió a su viejo oficio de aguardientero: una humilde alquitara, un carro, seis pipas y una mulica para recoger“ las madres” por las bodegas, junto con la casa que compraron al regreso, constituían todo su patrimonio.

    Aquel hijo de los aguardienteros iba a la “escuela de Villa” con sus hermanicos. El maestro los miraba bien. La madre, cuando cocían, reservaba en cada hornada una torta para el necesitado docente. Compartían escaseces.

    Aquel muchacho fue aplicado. Aprendió lo poco, y lo mucho, que el maestro podía enseñar, en una escuela en la que se hacinaban más de sesenta hijos de la penuria. Llegó hasta la “regla de tres” y al “tanto por ciento”. Escribía con letra muy bonita y sabía de geografía y de historia.

 

    Todos los hermanos, así que iban creciendo ayudaban al padre en el oficio. Limpiaban, por las bodegas de los pueblos, las cubas de “madres” y “orruras”. En las “pipas”, sobre el carro, las transportaban hasta la "pileta" (argentinismo) de casa, de donde las iban sacando para destilarlas en la alquitara.


    En la dehesa con monteros, (herramienta por un lado azadón y por el otro hacha) cavaban alrededor de la encina hasta descubrir las raíces, que iban cortando. Una vez derribada, con hachas,  tronzador, pinas  y maza,  troceaban una encina al día, por la que pagaban veinte duros,  hasta convertirla en leña, tizos y cisco. Con eso arrosiaban durante quince días la caldera.


    Con tanto esfuerzo, el pequeño negocio iba prosperando. De una mula pasaron a dos, y a alambique y carro mayores. pero el gran salto se produjo cuando al protagonista de esta historia se le ocurrió recoger en las vendimias el orujo que los bodegueros tiraban. Lo echó en un pilo, lo compactó y tapó para que fermentara. Pasados cuarenta días lo destilaron, ¡daba aguardiente!

    A los pocos años llenaban con varios carros seis o siete enormes pilos cilíndricos, excavados en el suelo.

    Aquel muchacho de los aguardienteros creció, espigó, se hizo el más guapo de los hermanos: rubio, esbelto, de ojos claros.

  Compañera de juegos en la calle Limpia, había crecido junto a él, la hija pequeña del herrero. Tenía la belleza fresca y morena de los campos soleados tras la lluvia de verano. Se atrajeron, se querían con un amor adolescente, limpio, tierno, intenso.


    Como eran cuatro hermanos y “ya salían” los que venían detrás, nuestro muchacho empezó a trabajar en el primer taller mecánico que hubo en el pueblo. Arreglaban máquinas de segar, aventadoras, norias y algún que otro automóvil. Era habilidoso. Le encantaba aquella incipiente mecánica.

    "Cabrito", Eulogio Alonso, el padre de sus jefes, y amigos, del taller había instalado,  el primer cinematógrafo que había en el pueblo. Le encargaron a él de manejar la máquina que daba el cine, mudo, donde había sido la iglesia de los Templarios.

    La mili le tocó en África. Siendo uno de los pocos que sabían de mecánica, lo destinaron al aeródromo de Larache, en Marruecos. Allí, en la aviación, amplió sus conocimientos.

    Una vez licenciado, en el pueblo, su vida: el trabajo en el taller, su familia, su novia. Se veían por la noche. Compartían las vivencias, los afanes de cada día, las ilusiones y las caricias.


    Iba al café domingos. No le gustaba jugar a las cartas. Leía “el D ebate”, “el Imparcial”, “Blanco y Negro”, y escuchaba la radio. Le encantaba la música.


    Un domingo de julio, al atardecer, charlaba con los vecinos que tomaban el fresco en el rincón de las Monjas, mientras esperaba la hora de ir a buscar a la novia. Para octubre, de aquel “treinta y seis”, planeaban la boda. Él, de mecánico, podría ganar para mantener una familia. ella preparaba el ajuar con toda la ilusión del mundo. ¡Cómo se querían!


    Su amor los aislaba del hosco ambiente social y político, de la tragedia que se mascaba en el pueblo, en la nación.


    La paz de la tarde, el sosiego del músculo cansado en la brega de la recolección se rompieron con los gritos de: ¡arriba España!, ¡abajo los rojos! El olor a bálago de las eras se ensució con el olor de la pólvora; la canción de grillos, ranas y chicharras, de la gramola que invitaba al baile, se silenció con el trallazo de los fusiles.


    Un camión de sublevados había llegado a tomar el pueblo. Pararon donde el coche de línea, en la Ctª de Rioseco. Un muchacho los desafió con el puño cerrado. Corrieron tras él pegando tiros. Se metió en el primer escondrijo que pilló a mano. Le perdieron la pista. la gente asustada se refugió en las casas, en los bodegones, debajo de las camas.


        A las voces y disparos siguió un silencio denso, amenazante. Los odios acumulados en las huelgas, en la escasez, en la lucha de clases, en la injusticia social, ya habían estallado.


    Este hijo mediano de los aguardienteros, temeroso, marchó a buscar a la novia. Ya no fueron al baile: la gramola había comenzado un silencio de tres años. ¡Había estallado la guerra!


    De noche, en la rinconada de la calle Limpia, abrazados lloraron como niños: sus ilusiones, sus sueños, su vida estaban en peligro. Su quinta sería de las primeras movilizadas en una lucha que, para ellos que no odiaban, que amaban la vida, no tenía sentido.


    En septiembre lo llevaron. Primero, como a todos, a Zamora. De allí al aeródromo de la Virgen del Camino, donde estuvo pocos días. Ella le tejió un jersey, una chalina, un pasamontañas. Desde León, en el arma de aviación, lo destinaron al aeródromo de Getafe, para el mantenimiento de los aviones. Estaba bien. No había entrado en combate. ¡Si él a nadie quería matar..!


    Se escribían con frecuencia. ¡Había tanto que contar...! al hermano que iba detrás, Antonio, le pilló la sublevación cumpliendo la mili en Zamora en aquel verano sangriento. Le tocó formar parte de un pelotón. Iban a fusilar, entre otros, a un muchacho cenetista de su pueblo “juzgado” en consejo sumarísimo. Cambió ese “servicio” por la limpieza de todas las letrinas del cuartel. ¡si habían ido juntos a la escuela, al baile, al juego de pelota...!


    Al hermano pequeño, quinto del 36, lo llevaron al frente el día de Reyes del “treinta y siete”. El hermano mayor, (mi padre) en septiembre se había alistado  “voluntario” huyendo de la quema, cuando detuvieron (luego lo fusilaron) a su amigo Pedro, “el Nene”.

    Un amanecer de enero la aviación “enemiga”, los chatos rusos, atacaron la base. Cuando corrían a los antiaéreos, un trozo de metralla le perforó el cráneo.

    El día de san Vicente, 22 de enero, llegó el alguacil a la aguardientería con un telegrama: -“su hijo había caído por Dios y por España”- . Al viejo aguardientero, que era un roble, se le vieron las primeras abrasantes lágrimas. La madre cayó desmayada. Enfermó del corazón. La hermana corrió a decírselo a la novia. Nadie sabe cuánto lloraron. La primavera henchida de aquella muchacha se quedó sin flores, sin cantos, sin rocíos.


    Por el pueblo corrió la noticia. Los odios como cuchillos. Alguien se atrevió a decir: -“como ese deberían caer todos los días”-. Y todo porque el padre había sido presidente del partido republicano radical socialista.


    Ese padre mandó a dos parientes, Pablo “el sastre” y Paco “el carretero”, hombres entonces jóvenes, a buscar el cadáver. Llegaron tarde. Lo habían enterrado hacía dos o tres días en el cementerio de Griñón, en fosa común. No pudieron traer el cadáver de su primo. Trajeron su maleta con las cartas de la novia, la bufanda y el jersey. 


    Sus huesos, con consentimiento de la madre que aún vivía en 1959, reposan en el Valle de los Caídos. Lugar que debe conservarse como símbolo de reconciliación, en lugar de servir para remover viejos odios.


    Acabada la guerra, el gobierno ofreció a los padres una pensión, como a todos los caídos en el bando nacional. Renunciaron, en un rasgo de orgullo dijeron que no querían chupar de la sangre de su hijo.


    La novia puso de luto su cuerpo y su corazón. Tuvo buenos pretendientes. No se quiso casar. Nada podía suplir aquel amor de juventud.


    ¡Además!, su única hermana, casada muy joven, ya por entonces se estaba llenando de hijas, a cual más guapas, y algún hijo. Tuvieron dos madres. Carmen “la novia eterna”, volcó en sus sobrinos su frustrada maternidad. Ayudó a sacarlos adelante, y en la confitería de la plaza. 


    Tenía también el cariño de los padres, de los hermanos de su novio. Todos, cada veinte de enero, le decían una Misa. 


    Carmen, “la novia eterna”, fue mujer digna, educada, hacendosa, discreta. Falleció no muy anciana. en los últimos años, enfermita y débil, estuvo protegida, acogida, cuidada, querida por su hermana y sobrinos. No la aparcaron en la residencia. La quisieron y cuidaron. Bien le devolvieron lo que por ellos hizo.


    El día del funeral con ellos compartí lágrimas. Carmen Vega y mi tío, Gil-Agapito, juntos en el cielo seguirán siendo novios por toda una eternidad.

 


martes, 11 de marzo de 2025

UNA ESCRITORA DE SANTA EUFEMIA.

     

Se llama Anabel Santos Pumar. Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales. Sus padres, fallecidos ancianos ha no mucho, fueron Silvestre y Tasia. Muy amigos de Carmela Riaño y Bonifacio Martín Valdés. A ese pueblo me unen muchos recuerdos.

    Su segunda novela, que acabé ayer de leer, me ha llevado cinco tardes, es una auténtica preciosidad. Les copio el prólogo y les animo a comprarla. Está en Amazon.

                                        


                                                    PRÓLOGO

             Fui niño, soy hombre de pueblo. En aquel entonces, tan llenos de vida, ahora extinguiéndose.

            Desapareció la sociedad rural tradicional, y con ella los niños, los jóvenes, la escuela, el baile, las novenas, las fiestas…; los herreros, herradores, carreteros…; la farmacia, el médico, la partera…; la era, la bodega, el palomar, el pajar, la panera, la cuadra, pocilga, gallinero...; desaparecieron los animales de labor, amigos del hombre, el carro, el arado y su mancera, el trillo, la tornadera…; los juegos de pelota, la chana, los paseos por la plaza y la carretera…

            Si queda alguna muchacha vive en libertad, lejos de las ataduras del “qué dirán”, de la opresión que las obligaba al recato, a la honestidad, a las labores, para poder solucionar su vida con un buen casamiento.

            Consciente de ir quedando pocos que recuerden aquello, he venido publicando relatos descriptivos: la enseñanza, diversiones, noviazgos, bodas…; barbecheras, sementeras, “hacer el verano” (así se llamaba a la siega, acarreo, trilla, aventado del grano), vendimias…

Pero, con todos esos mimbres tejer el cesto de una novela grande, me excede, aunque sentía la necesidad; echaba en falta una obra costumbrista, donde quedara retratada aquella pacata sociedad rural terracampina de la posguerra,  de forma realista, al estilo de Pereda, Blasco Ibañez, Palacios Valdés, la Pardo Bazán, Concha Espina, Torrente Ballester, Macías Picavea, y cómo no: Delibes.

            Y, ¡0h gozo! ¡Ya está!: Anabel me manda ésta, su segunda novela, “Ala de Cuervo”. 

    Cinco tardes me ha llevado su lectura. Lector impenitente, desde niño, nunca había encontrado tanto deleite leyendo. ¿Saben ustedes lo que supone para un “mayor”,  volver a vivir, adentrarse en su infancia, en su juventud, en el baile con chinganillo por la Santa?. Y ello hacerlo sin esfuerzo intelectual, por ser páginas tan amenas y ágiles.

            En ese escenario, el de su pueblo y contorno, ahí, cuando la era, el velo, el rosario, el baile y la preñez canalla, sitúa Anabel los hechos y los personajes. Todo real, verosímil. ¿Un crimen pasional? Alguno conocí de niño. ¿La tragedia de preñeces no deseadas y distintas reacciones familiares? ¡Para qué les voy a contar!: que una muchacha preñada de un casao se tiró a un pozo cerca de nuestro corral. ¿Adulterios? En medio de una moral tan rígida pocos, pero los hubo, y criaturas cuyo apellido paterno no coincide con sus genes. Y revolcones por un serillo de garbanzos y dos chorizos…

            “Ala de cuervo” es mezcla de las candorosas y románticas novelas rosa de Rafael Pérez y Pérez, que ponían tiernas, a las chicas de los “sesenta”, y de las policiacas de Ágatha Cristie. Solo que con Guardias Civiles rurales. Tiene intriga, interés, misterio hasta el final.

 De “Clarín” tiene el retrato psicológico de los personajes.

            El gran logro es que sabemos cómo son, al verlos actuar, en una constante acción, en un constante diálogo. Apenas aparecen los párrafos largos, la voz de la narradora.

            Esos diálogos constantes, junto a la estructura en capítulos muy cortos, inter actuados, le dan gran modernidad a esta obra. Hacen facilísima su lectura incluso para quien nunca haya leído un libro.

            Empiecen a leerla cuanto antes. No quiero robarles ni una línea más.

 

 

 

miércoles, 5 de marzo de 2025

MIGUEL-ÁNGEL MATEOS Y VILLALPANDO.

 


    Ayer ha fallecido mi amigo y admirado profesor e historiador, Miguel-Ángel Mateos Moreno. Cómo el alzehimer pudo cebarse en cerebro tan privilegiado!.
    Mi primer contacto fue, en el siglo pasado, asistiendo a una de tantas conferencias como él impartía. Tengo, y leído todos sus libros. El de la historia de la II República en Zamora, releído y consultado.
    Por él tuve noticia de la existencia en este pueblo del primer "Radio Comunista", aparte de la capital, en la provincia. Están todos los datos en "La otra historia de la villa", y en "Víctimas de la guerra civil".
    Tenía su sede en la calle Arco. Copio un fragmento: "Reglamento de Villalpando del Partido Comunista de España, Sección española de la Internacional Comunista.
    En su historia Miguel-Ángel citaba al Presidente del mismo, Salvador Luna Alarma, y la peripecia de como el PCE zamorano no encontraba candidatos en la provincia que se atrevieran a encabezar la lista comunista a las elecciones de 1933, porque, jornaleros todos, ninguno se atrevía porque los "amos no les darían trabajo".
    Les copio el Art. 2º de su reglamento: Esta entidad se propone luchar políticamente por la total emancipación de los trabajadores y el establecimiento de un régimen de igualdad social".
    Le informé que vivía en Villalpando una hija y nietos de Salvador Luna. También vivía una vieja comunista, Emilia García. Mostró mucho interés en saludarlas de nuevo.

    ¡Bueno! Demos un salto hasta el año 2.003. Reimplantado un caciquismo de nuevo cuño que había eliminado a todos sus adversarios y adversarías políticos, que también extendía sus tentáculos en el Colegio, a cuya plantilla funcionarial yo pertenecía, (les recuerdo el incidente de cuando la calefacción), por eso, y por temperamento, me erigí en la última trinchera, a la que venían muchos a resguardarse.
     Aquella situación era axfisiante: -"-dile a tu cuñao que ya le han visto hablando con ese; a ver si te vas a jugar el puesto en la residencia"; un día en Zamora, un señor en plenas facultades, me lo encuentro en Victor Gallego, Sede del PP:
     -"Venga, que te llevo hasta Villalpando, hasta la residencia, si quieres.
    - Pues te lo agradezco por tener que comer aquí y esperar al coche de las seis. Sólo te pido, si no te importe que me dejes antes de llegar al pueblo-.
    Son pequeñas muestras de catálogo lleno de manchas más graves. Sé que a los mayores esto les puede parecer repetitivo, pero es bueno que los más jóvenes conozcan nuestra reciente historia.
    Un hombre, de fuertes convicciones católicas y coherente con ellas, animado por su esposa y cuñada, mi esposa Sara Riaño, decidió, como compromiso Cristiano, pisar el barro de la política local. Con esa cabeza de lista, me animé a buscar a doce personas para presentar candidatura en las próximas municipales del citado año.
    Como con los de Víctor Gallego nada había qué rascar, tenían una red caciquil bien implantada en la provincia, además, por corruptos, ya había reñido con ellos, y en el PSOE suponía ya tendrían candidatos, recurrí, a través de Luis Almena a UPZ; al poco se integró y lideró esta formación Miguel-Ángel Mateos.
    Entonces, con esas siglas sin carga ideológica, conseguimos encontrar a doce valientes, cuatro muy jóvenes entonces, veintiañeros. Además otro familiar, se sumó a la lista; quien además por sugerencia en el último momento, encabezaría la lista de la candidatura conocida como de Agapito, que resultaba más fácil que UPZ, que nadie conocía. También a esa candidatura se le llamó la de "los cuñaos", y a mí, con las proverbiales chanzas, "el cuñadísimo".
    El poder caciquil local del PP en aquellos momentos era tal que los históricos del PSOE no consiguieron ni un nombre para su candidatura. Se rellenó totalmente con "paracaídistas".  
    Mantuve, a petición suya, una reunión en el mesón de Cecilio Lera, un domingo de Ramos, con Jesús Cuadrado Bausela, Secretario Provincial del PSOE zamorano entonces. Lo consulté con el resto de la candidatura y rechazaron la oferta de cobijarnos bajo las siglas socialistas.
    Aunque los llevaban así que habrían en correos, entonces a las nueve de la mañana, todo el pueblo supo como una monja y un empleado de la residencia iban llevando a los ancianos, los metían por detrás, bastante en silla de ruedas, y a la más en estado vegetativo en una camilla, a "solicitar" el voto por correo.
    Ya lo he explicado más veces. Aquello era ilegal, Art. 72 Ley Electoral, un pucherazo de libro.
    El día electoral, últimos de mayo, al cerrarse las urnas, quise ir a las mesas a impugnar el voto por correo. Aquello era tan de cajón que la Junta Electoral Provincial hubiera anulado los 47 sobres de la residencia, o yo qué sé. Más de la mitad ni siquiera tenían firma las solicitudes. Todas, en contra de lo legislado, rellenadas por la misma monja, y puesto el dedo del anciano/ana; dependiente tan incapacitados que ni siquiera eran capaces de firmar, cuando había sido personas muy alfabetizadas. 
    Estaba el ambiente tan crispado, había tanto en juego, que no me dejaron ir, repito a, como Representante, impugnar el voto por correo. Intentaban tranquilizarme diciendo que había ido una, aquel día, elegida concejala. Pero no. 
    Y, claro: lo que tenía que pasar, pasó. Miren los resultados. Triste comprobar el descenso del padrón.

    Censo de votantes. . . . .    1.555.  En 2.023. . . . .1.150
   Votos emitidos. . . . . . .  .    1.277
    Abstenciones. . . . . . . . .       278
    Blanco. . . . . . . . . . . . . .         22
    Nulos. . . . . . . . . .. . . . .          42
    Partido Popular. . . . . .          588
    Unión Pueblo Zamorano .    561  
    PSOE. . . . . . . . . . . . . . . .      64

     Por 27 votos nos ganaron. Los tan "legales" de la Residencia fueron 47.
    Al Colegio electoral me impidieron ir. Cierto que se hubiera preparado bronca gorda. Pero al día siguiente nadie me impidió presentar denuncia ante el Juzgado de Instrucción.
    Miguel-Ángel Mateos me apoyó en todo momento. Exigió la juez refrendación de la denuncia por parte de la Junta Directiva de  UPZ. ¡Faltaría más!
    Hay ocasiones en las que pienso en la validez del dicho. "Dios escribe derecho con renglones torcidos". A tenor de lo ocurrido en años posteriores, pienso en la certeza del dicho.
    Estaba, por falta de dinero, parada la obra del ayuntamiento. Con un timorato alcalde de UPZ, parada hubiera seguido. Reconozco que la del PP los tenía bien puestos, y terminó, una más (¡claro que en 28 años..!) la magnífica obra.
       Días antes del San Roque siguiente, les comunican de UPZ Zamora, que Miguel-Ángel Mateos,  Jambrina, el Subdelegado del gobierno y séquito, vendrán a pasar el día quince con nosotros, para apoyarnos. Pero el "cuñadísimo" ya estorbaba, restaba protagonismo... Fue la primera señal de una decepción que tragué, con tranquilidad, mucho tiempo. Pero el cuñado bueno me lo dijo e invitó a la recepción.
    Cuando llegué alguien me dijo: -¿Tú qué haces aquí si no eres concejal?
    ¿Qué hacía allí? Para empezar. presentar a los de Zamora a los de Villalpando, y viceversa, pues ni se conocían. Además me había hecho acompañar por nietas de Salvador Luna, de Emilia, etc. Todo ese grupo, en principio, protagonizó el ameno coloquio. Después, en el Comercio Grande, ¿quién iba a departir de historia con los visitantes?
    Les aseguro que no abusé, ya no quise asistir a la comida, me eché la siesta y por la tarde salí, nada más, a despedirlos, por cierto, al ALSA con Cesáreo, pues Mateos fue de aquí a Madrid.
    En aquella legislatura arreció la persecución contra mi familia. Tuvieron parada la obra de la nave agrícola de mi hijo todo cuanto pudieron, con la ayuda del "ínclito" Arquitecto. Incluso "el ayuntamiento" llevó al Juzgado a mi hijo. Al juicio nos acompañó la familia. Le absolvieron. 
    Seguí actuando. Actuación, gracias a la cual a los ancianos de la residencia se les quitaron las ganas de votar por correo.
    En las elecciones generales de marzo de 2.004, las que ganó Zapatero, al no encontrar a nadie, actué de Representante Comarcal, con Gabi, la alcaldesa entonces de Fuentes de Ropel, por el PSOE, a quien voté, puesto nunca he sido de piñón fijo.
    Y, claro, a eso iba: impugné el voto por correo. Cierto que fastidié a la Junta Electoral Provincial, porque los votos de aquí no incidían en el resultado provincial. Pero me enteré que el voto por correo de la residencia, había pasado de 47 a 19.
    En las municipales del 2.007 ya me habían orillado. Si hay otros que lo hagan, tanto gusto. Además se había ofrecido "un chico muy competente". Aunque me dio mala espina, seguí apoyando.
    Mi actuación en esos años fue decisiva. A los ancianos de la residencia se les quitaron las ganas de votar, y el PP, aunque con renovada y rejuvenecida candidatura, perdió la mayoría y la alcaldía.
     Un tiempo, no recuerdo cuánto, los de UPZ-Adeiza, abandonaron a Mateos y se pasaron al PP, que era su sitio, y la Junta les premió con el arreglo de la Puerta Villa.
    Sufriendo, y gozando, todo lo vivido después, pienso si no hubiera sido mejor tener a Paquita Osorio de alcaldesa. 
    Miguel-Ángel Mateos y Antolín Martín, ambos prematuramente idos, son dos referentes de honestidad en la política zamorana.