Las vides trenzadas en manojos, con cuyo importe se pagaban todos los jornaleros de los majuelos, era la única leña disponible en los pueblos del adobe. Unos palicos, colocados con destreza en "la lumbre", un poco de paja sobre ellos y, encima, hacia atrás una talega del estiércol más seco, mezclado con los granzones, o de boñigas secas del prado. Así, con la poca llama de las vides, prendía aquel combustible, que era como una masa de mecha, cuya combustión no hacía llama. De vez en cuando se soplaba con el fuelle para avivarla. Al amor de aquel borrajo, a lo largo de la mañana, se iban cociendo los garbanzos y el cacho de tocino, en el puchero de barro.
En los pueblos con encinas cercanas, los menos, iban los labradores, por treinta duros, a por un carro de leña, de la más fina, la de los extremos de las ramas, con su correspondiente hojarasca. Luego en el corral, sobre el tajo, con el hacha, la iban troceando para poner en la lumbre.
Aquellas "lumbres", en aquellas cocinas, no mataban el frío, no daban más que humo si se cerraba la puerta, pues se acababa la corriente para que el humo ascendiese por el chapitel.
Cuando llegó el butano se fueron acabando las lumbres, y manojos y ramajes perdieron valor. Fue por entonces, cuando en la reforma de la casa de calle Silera, en el nuevo salón, pusimos chimenea "francesa". No una lumbre grande y de hornaz alta, como las antiguas, para utilizarla, con madera, como calefacción.
Compré, por los cepos, el majuelo de los Oleas en Valdeconejo. Jesús, con once años, tiraba del tractor. Yo iba poniendo la cadena a cada cepa. Cargábamos, con vides y raíces todo aquello. En el corral, sobre el tronco de una acacia de tajo, a base de hacha iba troceando todo aquello.
En aquella primera chimenea, aunque pusimos una chapa frontal, se desperdiciaba la mayor parte del calor. Menos mal que cuando los cepos secos se hacían brasa, sacábamos al brasero.
Pusimos un sistema, unos tubos que atravesaban la chimenea y expelían aire caliente al exterior. Fue un avance. Así tres o cuatro años. La solución definitiva cuando empotramos la "casette" Ergón. Cerrada, con su puerta de cristal. Se regulaba el tiro. Por rejilla superior salía un calorcico que ponía el salón a tono.
La encendíamos a diario, cuando los niños salían de la escuela. Las cepas de Valdeconejo nos durarían dos inviernos. Después la emprendí con viejos almendros. Troceaba con hacha lo suficiente para echarlos al pequeño remolque. Fue entonces, cuando haciendo un exceso en nuestra modesta economía, compre una moto sierra eléctrica, la cual, con largo cable utilizaba en el corral de casa.
Aquella duraría tres campañas. Nuestra economía iba mejorando. Compré una motosierra nueva de gasolina, si bien pequeña. Como le dí mucha caña, tampoco duró mucho. Años después, donde Vaquero en Benavente, compré una, ya grande, de segunda mano, que he utilizado hasta no hace tantos años.
No sé cuántos miles de kilos, entre trocear, cargar, subir al salón, poner en la chimenea, han pasado por mis brazos.
Encontré un filón con la madera de derribos. Toda la de la casa de abuela Ana, frente al silo, donde está ahora el chalet de Felipe Vega. Otro montón que me dio Ángel Cañibano... Como pasaron años, empezamos a tener ramaje de piñoneros plantados por nosotros. Así hasta ahora. Si bien es Jesús el encargado de proporcionar leña a las chimeneas familiares.
Ésta que ven en la foto está en la casa de la calle Corralones, donde ahora vivimos. El día lluvioso. La aerotermia la habíamos bajado el día anterior. Sara friolera. Agarró Leila y chiscó la chimenea. Al poco veinticinco grados.
Todo esto lo cuento para dar la noticia de que los Ayuntamientos de la Mancomunidad del Raso, autorizan la recogida de "leña", el ramaje que va quedando, de la tala y limpieza de los troncos de los Pinaster que han acabado su ciclo, y ha surgido el matorral de encina. Ese ni tocarlo.
Si no quieren dejarla allí, como desde hace años han venido haciendo, con el consiguiente peligro de incendios, ya puede la Mancomunidad mandar a recogerla. Se me ocurre una idea: a los de las pagas de bóbilis, bóbilis, a limpiar el pinar del ramaje muerto. Así, además, quemarían calorías, que algunos parecen cerditos.
Regalan la leña me dijo uno. ¡Ya, ya! Pues no lleva trabajo el troceado, recogida, cargue, con lo cómodo que es chiscar la caldera de gasóleo o, incluso, la estufa de pellets.
Mi último oficio como calefactor, ya jubilado, durante once años, hasta hace unos cuatro, fue el de recargar de astillas, trescientos kilos bien a gusto, a diario el depósito de la caldera que calentaba tres viviendas; sacar la ceniza y limpiar todo. Una hora de diaria de curro.
El sistema este de las astillas ha quedado obsoleto. David desmontó y vendió todo.
Me gustaría que alguien hiciera llegar al Ayuntamiento de Zamora el error, despropósito, fracaso que va a ser la faraónica obra de llevar agua caliente para calefacción y otros usos a las viviendas. Agua que van a calentar en un centro de calor, enormes quemadores, a base de astillas. Ramaje picado al que llaman biomasa.
¿Han echado cuentas de los miles de toneladas que son necesarias? Un trailer, a diario, aunque estén cerca las astillas, no dará a bondo a ese gigantesco horno. En toda la Comunidad la única empresa que está astillando es la de Tiedra, la que está entresacando en Valdeconejo. Ese ramaje tan fino de los pimpollos de pino es todo acícula (hojilla). Metralla. Lo criban, pero lo que tiene algo de madera lo utilizan para fabricar pellets. Creo piensan utilizar en esos hornos la hojilla, pero aunque utilicen todo el picado de ese ramaje sale una astilla de muy mala calidad.
Quemados todos los pinares de la Culebra, de ¿dónde van a sacar toda la "biomasa" (ramaje picado) que un horno para calentar, no sé si mil viviendas, va a consumir?
Si ese invento ya hace años que ha fracasado en Valladolid.
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