EL AGUA
Preocupante la situación de
sequía en toda España. Ya es noticia en los telediarios. El embalse que
abastece a toda el área de Barcelona está al 13% de su capacidad. Nuestros
embalses, los de CyL en la cordillera Cantábrica, (Riaño, Porma, Luna,…) menos
mal, están al 79%. Ya tienen el riego asegurado los maiceros del páramo leónes.
A lo mejor, algo de ese agua, que llega hasta cerca de Valderas, algo nos llega
por las capas freáticas del subsuelo, ya que el proyecto original del embalse
citado, trasvase Esla, Cea, Valderaduey, para regar la vega de éste hasta
Cañizo, quedó en agua de borrajas; mejor dicho: quedó toda en la provincia de
León.
Para hoy, los múltiples hombres y
mujeres del tiempo, dan algo de agua. Nubes, por lo menos, hay. No sé si
soltarán alguna gota. No son los cúmulo-nimbos, “panza de burra” que aparecen
por la dehesa, precursores de los frentes atlánticos cálidos, movidos por los
vientos ábregos. Estos estratos gris claro de hoy son, más bien, nubes de frío.
Ayer, en la residencia, en torno
a Atanasio, preparamos tertulia:
-¿Qué tal el campo?
-Bonito hasta hace unos días, pero ya muchas parcelas están empezando a
entregarse. Da pena verlo.
--Pero ahora no va a pasar como el “año malo”, que se nos morían las
ovejas de hambre.
--¡Hombre nacido y bonito está, en el peor de los casos algo
arrebañarían las ovejas.
-Si ahora se han hecho muy señoritos los pastores, y no las sacan.
-¡Claro!: además hay más regadíos. Aquí están regando en “los Campos”,
“el Valle, Monte de Las Pajas, la finca de “Colorete” y mi hijo en “los Quince
Puente” y “Pinos de Quesada”.
-Y, ¿pa tantas yeras aguantan los pozos?
-En algunos ha habido que bajar las bombas. Ya no sembramos remolacha
porque lo malo es en el verano.
-Es que te voy a contar que yo conocí un pozo artesiano en el molino de
Conejo. Íbamos allí a dar agua. Llenábamos el botijo. Era un agua muy fresca y
muy rica. Pero cuando empezaron a picar pozancones y meter tubo, cuando empezó
la moda de la remolacha, ese artesiano dejó de echar.
-Y el de Santa María, el de San Pedro y el de San Miguel, los caños pa
todo el pueblo…
Nuestros abuelos, e incluso
padres, vivían sobre un lago y carecían de agua potable. Además de en casi
todos los corrales de labranza, (conservo el de nuestra casa con una bomba,
pero cuya agua no bebemos) a veces compartido para dos y tres, a ambos lados de
la tapia, había pozos abiertos, picados a pico y pala, empedrados como de ocho
a diez metros los más profundos; además para la gente más pobre, había por el
pueblo. Los recuerdo: plaza de las Angustias, al que cayò la mula de un
trillero de Cantalejo; a la entrada del Paseo, frente a casa de Foro; una poza,
al fondo, dentro del Paseo, junto a la carretera; en la entrada al callejón de
la torre de Santa María había otro pozo, que por San Roque tapaban con un
trillo.
Sigo citando sitios: plaza de
Santo Domingo, por los años cincuenta, una mujer que echó el garfio para sacar
el caldero, de chapa, que se le había ido al fondo, agarró un saco de trigo;
otro día les contaré de dónde procedía el tal trigo; se conserva ese pozo,
tapado el brocal y con un caldero que no deja de echar agua; muy utilizado por
la vecindad, era el pozo en la plazuela de Argüello; había otro en la calle
Limpia, y otro cerca de las Cercas de Santa María y la carretera de Rioseco,
ahora de propiedad particular.
Lo malo es que el agua de todos
esos pozos no era potable, muy cruda decían, sabía sosa, no valía ni para beber
ni para lavar, porque “cortaba el jabón”; valía para lavar los pisos de baldosa
(en la mayoría de las casas jornaleras el piso era la tierra), y para los
animales. Y, menos mal que no la bebían, tenía mal sabor. En corrales pequeños
con el muladar al lado del pozo , ¡no habría bichitos en aquellas aguas..!
Hasta la Gestora del año 1936, en
que Damián González, padre de Ismael, el de “la Granja”, (quien murió en un
accidente de tráfico con la moto en 1952) picó un artesiano en San Pedro, las
gentes del pueblo, para beber, iban a la Fuente, que, abandonada, se conserva,
junto al tejar de Baltero, detrás de las bodegas donde mataron a “Kilómetro”;
al pozo de la Bomba, y al del Agua Buena, próximos entre sí, detrás del actual
polideportivo. Lavaban, en el buen tiempo, en las lagunas.
Era tan abundante el agua en el
subsuelo, además de la más superficial, no potable de los pozos abiertos
citados, de las pozas de los huerticos (a tres o cuatro metros el nivel,
regaban con cigüeñal) y de otras pozas por el campo con noria (así regaba yo de
niño con la yegüica, siete cuartas de alfalfa); era tan abundante, digo que,
cuando, con un trípode, poleas y cable, consiguieron oradar el suelo, meter
tubo de tres pulgadas y, a base de tramos, roscados uno al otro, llegar a los
15 o 20 metros, empezara a salir, día y noche, agua por el tubo. A su alrededor
construían una base de cemento, y tres salidas para poner los cántaros; a su
lado el famoso típico tópico pilón de los chistes de Gila, adonde llevábamos a
dar agua al “ganao”. El agua sobrante (esos pozos artesianos echaban noche y
día) iba a la Cava.
Existía alguna fuente natural de
las que, aún, quedan restos. La de “Torroyo”, por ej., de la que se surtían de
aguas las familias habitantes de la dehesa.
P.D.- Una hora después, o cosa
así, del anterior pronóstico pesimista de lluvia, cogí la bici y me fui, por la
carretera de Quintanilla, hasta el “majuelo de Cobera”. Se puso a pintear, pero
como me daba de espalda, no hice caso. En el Km. 3 vi a mi espalda nubarrones y
las “cuerdas” tirándose por la Lomba. Me di la vuelta. Ya de cara, empecé a
calarme. Me iba a refugiar a la “obrigada” de la nave de Charela. Vino Juan
Carlos, el de Segundo: -¡Anda, sube que te calas! Dejé la bici en la cuneta con
la esperanza de coger mi “Pandita”, al llegar a casa, e ir a buscarla. Lo
tenían Álvaro y Jesús en la granja. Me preocupó me robaran la bici. Llovía más.
Le insistí a Cristina y me llevó a buscarla, ¡aunque me moje”. Y, ¡vaya si me
mojé! Llegué a casa calado. ¡Menos mal que estaba encendida la chimenea! Hube
de cambiarme. Al poco dejó de llover. ¿Tres litrillos? ¡Buenos son! Sólo con
las nubes el campo ya tenía otro color.
Es admirable como están resistiendo las parcelas mejor tratadas.
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