miércoles, 6 de enero de 2021

UNA COLABORACIÓN DE MI HERMANO.








EL PARADOR EUSTAQUIO O POSADA DE LA SEÑÁ ANA, “LA MARAGATA”. 

Pablo Modroño Alonso 




      Esa era la casona, terminada el año 1920, detrás de la cual, había otros cuartos, panera, cuadras, pajar y corral grandes, cochera..; el pozo con su pila, brocal, polea...; podría ser, esa parte de atrás, una de las ventas que Cervantes describe en El Quijote

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Ana Alonso Rodríguez era mi abuela materna. De origen maragato, vino a Villalpando desde su Santiagomillas natal a convivir con una tía suya que regentaba un mesón en la villa. Se casó joven, de segundas nupcias, con Eustaquio Alonso el cual había enviudado, aportando de su primer matrimonio una hija. Después este matrimonio se entretuvo en traer al mundo cinco hombres y cuatro mujeres. Una de ellas mi madre.



   Entrañable fotografía familiar realizada en el año de 1910-11: al fondo nuestro abuelo Eustaquio Alonso Redondo de 36 años; (obsérvese su parecido con "los Barriles") a su lado, nuestra abuela Ana Alonso Rodríguez, de 30 años; sentada, en el medio, la matriarca Ana María, tía de la abuela, quien la trajo a Villalpando cuando tenía 16 años. El mesón que regentaban, pasada la casilla de camineros, era el primer edificio, a la izquierda, según se llegaba desde Benavente, justo donde ahora están las casas de tía Lola y de Pablo. Ahí es donde está hecha la foto familiar. A la casona de la foto anterior no pasarían hasta nueve o diez años después.

    La niña mayorcita, como de once años es Vicenta Alonso de Prada, nacida en 1.900,  hija de Eustaquio con su primera mujer, Victoria de Prada, quien, muy joven, falleció del parto. Esta tía Vicenta, al casarse con Eloy Boyano, "Barril", fue conocida toda la vida como Vicenta "la Barrila".

    El resto de los niños: al otro lado de Vicenta, está el mayor del nuevo matrimonio, Manolo, nacido el 30 de enero de 1903. Es el padre de Anita, quien fue esposa de Luis Allende, "Cañero; a su izquierda, según se mira la foto, está Josefa, casada joven con Demócrito García, padres de los gasolineros; la otra niña, de pie, por delante de los anteriores, es Juliana, esposa después, de Bercario Cimás, conductor del coche de línea de Rufino;

    La tía Ana María tiene en sus piernas a una "niña de pecho", Chon. Fue nuestra madre. El niñito rubio, de pie, arrimadito a la tía es Matías, casado con Inés García, padres de Aguedina, Daniel "Casetas" y Angelines.

   Desde la fecha de la boda, 1902, a la de la foto, puede que a finales de 1910, o principios del "once", en ocho años, habían tenido cinco hijos. Y faltaban, creo por este orden: Teófilo, padre de Aurelia y Pilar, esposa de Félix "policia"; Antonio, quien por ser muy simpático y gracioso, fue conocido como Charlot; Coral, esposa de José, de "los Marcos", la madre de "los Chinas; y Pablo, nacido en 1920, Casado con Inés, "la gallega", no tuvieron hijos. Lo fuimos todos sus sobrinos.



     El letrero PARADOR DE EUSTAQUIO, lo rescató Agapito de la casa antes de ser derribada. Estaba arriba en el doble. Se lo dio a sus hermanos. Ahí lo vemos colgado de una ventana, tapada con un paño, de "la Jabonera". Delante, Pablo, ya anciano, hacia el año 2.000 y poco.
 




El Parador Eustaquio, como reza el viejo cartel de madera que se ve en la foto, estaba situado en la carretera de Madrid-La Coruña, enfrente del silo. Era una casona grande, que tenía todas las dependencias propias para acoger a todo tipo de arrieros, ya fueran vendedores, transportistas, tratantes o viajantes, entre otros, sin olvidar a afiladores y pañeras. 


La posada que después de la muerte del abuelo Eustaquio, pasó a conocerse como la de la “señá” Ana, “La Maragata”; todavía hasta mi niñez, tenía bastante trajín de huéspedes. Los cisqueros de Urueña o San Cebrián de Mazote fueron los últimos que aguantaron con el carro repartiendo cisco. 


También había un mantero de Vezdemarbán (Antonio) que, en su carro con toldo y tapizado por dentro, se dejaba ver por estos pueblos vendiendo costales y mantas de abrigo, y para las caballerías. Este mantero, y otros, tenía su habitación para dormir. Allí disponía de lavabo y recipiente con agua y orinal. Un lujo. Los otros, los cisqueros, por ejemplo, dormían en lo que nosotros conocíamos como el “portal de los hombres”, que no era más que un local rectangular, empedrado, grande, sin puerta y con una pequeña ventana de luz y ventilación, y donde extendían sus sacas en el suelo que previamente habían llenado de paja en el pajar.


Había un cisquero de Urueña, que recuerdo con cariño por lo buena persona que era: se llamaba Matías Revuelta. Este hombre, nada más llegar a la posada por la tarde-noche, después de una jornada vendiendo por los pueblos y cargando con sacos de los que se desprendía un polvillo negro, se interesaba por la cena: “señá” Ana, ¿qué hay para cenar? Mi abuela le contestaba: lo cotidiano, Matías, como siempre, a no ser que quieras ir a la carnicería: opción que siempre daba a los huéspedes, si previamente y con tiempo no habían encargado cena. Matías le contestaba: que vale, prepáreme lo cotidiano, mientras arreglo el ganado, me lavo el polvillo del cisco y lleno la saca de paja.


Lo cotidiano era un empedrado, es decir, patatas y arroz con bacalao. Abuela le preparaba una buena ración en una ennegrecida, por fuera, cazuela de barro que ponía a la lumbre de leña, que humeante y aun hirviendo le servía en la mesa junto al plato y el cucharon para que se “apartara” a su gusto. Y claro que se “apartaba”: se engullía medio pan de a kilo y dejaba la cazuela limpia. Después se despedía. Se iba a la saca a dormir, pero antes sacaba la botella de aguardiente que había comprado a la “seña” María, la aguardientera, la madre de los Modroños, y se echaba unos tragos. Dejaba algo para desayunar, que lo hacía encima de la saca donde había dormido toda la noche, y se acompañaba entre trago y trago del resto del pan de la cena, y así empezaba una nueva jornada hasta vender toda la mercancía y regresar a su casa. 


Tengo muchas vivencias de aquella posada y de sus gentes. Pero hay una que sobresale de todas: el día que se hospedó en la posada un circo. Si, un circo, con sus carromatos, sus animales, su cabra… y un oso. Un oso así de grande, que asomaba la cabeza por encima las tapias que daban a la laguna del excomulgado. ¡qué miedo! pero que curiosidad la nuestra. Bueno al final nos daba más miedo el domador que las fieras. Dentro de casa también había miedo. La abuela no acogió con agrado aquel tipo de huéspedes, pero fue obligada por la autoridad competente para así tener a la troupe mejor controlada. 


Este humilde relato es un pequeño homenaje a esa mesonera, Ana “La Maragata”, madre de nueve hijos; abuela de tantos nietos y bisnietos. Mi mujer reposa junto a ella. 




La abuela Ana, en su apacible ancianidad, cuidada y en casa de nuestros padres, Chon y Mateo.


lunes, 4 de enero de 2021

DOS COMENTARIOS QUE SE MERECEN SUBIR A LA CABECERA.

 


 Administrador dijo...


Pendientes de moderación
Angel Infestas ha comentado "LOS QUINTOS DEL "SESENTA Y DOS"."

Hace 18 horas
Recordar amigos y compañeros, lamentar que algunos nos hayan dejado y alegrarme por los que estamos. ¡Cómo me gustaría que llegáramos a juntarnos! Gracias, Agapito por esta memoria. Ángel Infestas

4 de enero de 2021, 14:38

 Eliminar
   Agapito digo:    
   Lo que pasa es que tú tienes mala conciencia porque los cuatro de la "Puerta Villa" (Mele, Teíco, Paco el Churro y Angelito "el panadero") teníais atemorizados al resto de los muchachos del pueblo. Un abrazo muy fuerte, amigo.

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Pendientes de moderación
Txina Villalpando ha comentado "RESTOS DEL PASADO."

2 ene 2021
En la bodega de tu abuela Ana, que es mi bisabuela, hicimos peña por San Roque de los años 90, 91 y 92. Pablo me dio permiso. Ufff, lo que trabajamos en poner un poco de orden a todo aquello. Hacia frío, mucho frío por las noches dentro de la "peña". Había mucha humedad,hasta que un año el agua nos echó. Se inundó la bodega por el agua de las lluvias, o por agua venida de alguna avería que fue a parar a lo "bajo". 
Sería por la edad, pero fueron unos San Roques cojonudos. Recuerdo que alguna gente de ciudad, flipaba cuando salíamos camino del Toro del Alba, "joder, pero si hemos estado bajo tierra". Era todo oscuridad, por el camino, hasta que llegábamos a la peña de noche, algún accidente hubo por culpa de no haber luz y por culpa de no beber agua en unos días. La luz nos la daba la familia Citos, siempre tan buenos y atentos con todos. Después aquello quedó allí, nos dio miedo un derrumbe, y emigramos a otro local.

     Agapito dijo:
   ¡Qué risa, Fernando! ¡Cuánta nostalgia! ¡Qué bonito recordar! Todavía, en esa bodega, la última vez, creo fue el año 1964, hizo mi padre vino. Llevábamos el mosto en el carro, en un bocoy de 40 cántaros, desde la otra de la foto que todavía conservan muy bien. La cuba hacía unos ciento cincuenta cántaros. ¡Anda que si la hubierais "mangao" cuando la peña..!
    Pues claro que Ana Alonso Rodríguez, nacida en Santiagomillas, Maragatería, año 1881, fue mi abuela materna, y de otros cuarenta y tantos nietos; bisnietos, incontables. ¡Cómo agradezco recuerdes el vínculo familiar! Los nueve Alonso Alonso de tu abuela, Coral, de mi madre Chon, eran buenas personas, por eso no riñeron por lo que poco que había a repartir, por eso estaban tan unidos, se ayudaban, se querían... Me encanta mantener el cariño con los primos que vamos quedando, y con sus hijos. ¿Sabes quién fue el primero que se presentó, y me acompañó, cuando llevé a mi madre muerta, cayó fulminada en la puerta del cine, desde el Centro de Salud a casa en la calle Berrabueyes?  Tu abuelo José.
   Lo dejo porque me pongo sentimental y me inflo a llorar. Son tantos los recuerdos de aquellas viejas casas de junto al silo... Mejor quedarme con la risa de ser los "peñeros"  o "peñistas" subterráneos.
   Un abrazo.
  

domingo, 3 de enero de 2021

LOS QUINTOS DEL "SESENTA Y DOS".

 

   No consigo pegarla más grande. Pinchen en ella y la verán mayor. Está hecha, creo, el Domingo Gordo del año 1962. Si alguien entonces nos habla del 2.021 pensaríamos que nunca iba a llegar. De jóvenes no entristece el paso del tiempo. Entonces, cada año venía cargado de proyectos. 

    En aquel 1962 yo pensaba aprobar dos o tres asignaturas, que me faltaban, una de ellas la música, de Magisterio. En marzo iría voluntario a la mili, a aviación, en Madrid (ya me habían examinado como mecanógrafo; iba ya con destino, gracias a un pariente militar, Marcial Modroño) con un año de adelanto.

      Me incorporé a filas un 21 de marzo, al poco de la foto. En el reconocimiento médico (en aviación eran muy exigentes), por culpa de un pie más corto que otro, me mandaron para casa. Todo se torció. De haberme quedado en la mili hubiera terminado en Madrid, la "carrera" (Magisterio, trote, mejor); hubiera aprobado y sacado las oposiciones. Luego una enfermedad, cuando sólo me faltaba el último ejercicio, me las complicó. Es posible que no hubiera vuelto al pueblo. Con escuela, en cualquier sitio, me hubiera casado con la novia de siempre. Tía Petra y tío David, con quienes vivía, tan enfermo él,  (entonces no había Seguridad Social) no sé como hubieran subsistido, sin un mozo que sacara orujo de las bodegas. Vivían de eso, de la poca aguardiente que destilaban cada año. Hubieran vendido las cuatro tierras que tenían; entonces muy baratas. Estaban ya emigrando los pequeños labradores y vendían, quien las tenía, los cuatro cachos para comprar el piso en la ciudad. No hubieran podido sostener esta casona, entonces ya necesitada de arreglos... Nunca se sabe. Volví al pueblo y, a luchar. Entre Silera y Corralones, en el solar de los Chimeno, sigue habiendo Modroños.

    Estuve con don Manuel Cossio hasta finales de 1961, menos las tres semanas que dediqué a las vendimias, a sacar, con mi tío Antonio y el carro, orujo de las bodegas. Fueron las ultimas de mi padre y mis tíos juntos. Aquello ya no daba para tres familias. Tío Antonio marchó a una portería a Madrid. Mi padre subsistió  aquí mal, como pudo. Le emplearon, una temporada, aquello sólo duró unos meses, de guarda nocturno de las máquinas que habían venido a raíz de las inundaciones, a dragar el Valderaduey. Le dieron un chaquetón grande de cuero. Pasaba las noches de invierno en la cuadra de Conejo. Tuvo también un gallinero, y alfalfa a guadaña de los dos cachos de tierra. Le dejábamos el carro y el macho. Fue lo peor cuando Pablo, mi hermano, en 1964, hubo de marchar a la mili. Estuvo como año y pico de ayudante con los maquinistas de aquellas "grúas" del MOP que limpiaron el río. Las mil doscientas pesetas que llevaba a casa cada mes eran vitales.

     El día dos de enero de aquel año fueron las inundaciones que  reblandecieron, desmoronaron  por estos pueblos ribereños, tanto adobe y tapial. El día tres de enero, la yegüica, (sin cebadera que, entrabada, por allí pastaba) manta, alforjas, fardel, fiambrera, botella de agua, azada (a cambio de la máquina de escribir)  y a "alumbrar" los majuelos de los Amorosos. A aquellas arenas no había llegado la inundación. Fresca la matanza, primero coscarones, luego torreznos, no faltaban; el chorizo, de callos, le dije a mi tía que no lo friera. Me lo metía crudo en el fardel, envuelto en un papel. Con tamuja y palicos secos de pino, de los de Quesada, lindantes con nuestros majuelos, los asaba. Aquello y el trago de vino no vean como movían la azada, limpiando las cepas por debajo de las vides;  en la pierna izquierda para apartarlas sin arañarme, me ponía un leguis.. Los viernes, mi tía, me metía en la fiambrera tortilla unos, otros huevos cocidos con aceitunas aliñadas con aceite, vinagre y pimentón. Setenta cuartas de majuelo me ventilé.

    Volvamos con "los quintos": de los once del grupo faltan, alguno desde hace muchos años, cuatro. Les cuento de arriba y de izquierda a derecha, quiénes éramos lo del retrato
     En mangas de camisa, con corbata y sin chaqueta, Severiano Infestas Mazariegos, sigue en la villa soltero y solo; con abrigo, Domingo Carricajo Luna, hermano de "Quines", uno de los diez hijos de Domingo, el herrador y la señá Lucia, emigró creo que, incluso, antes de la mili. Fue bombero del Ayuntamiento de Bilbao, hasta la enfermedad, un gran deportista; construyó casa en el pueblo, la primera de la urbanización "los herradores" en las Cercas de Santa María, su viuda viene con frecuencia; vino a rezar por su salud a San Roque, pero éste prefirió llevárselo con él.

     El siguiente, con gabardina, es José Antonio Herrero, hijo de Antonio "Carnaval". Mayor de familia numerosa. Tenían buena casa, buen rebaño, corral y cabañal grande, que daba y da a la calleja "Castañón". Estos "Carnavales", conservan, mejorada, la casa y corral; dos de las mujeres, vienen con frecuencia, otro, Floreal, compró piso de los Peralta. Emigró la familia entera a "Bilbao" (aqui no distinguíamos; todos los que se marchaban a las Vascongdadas, iban a Bilbao). Se casó, como era normal, con otra pastora, Angelita, hija de Adriana y "Gusarate". Otro también con casa en el pueblo. Un infarto se lo llevó inesperadamente, de golpe.

    Le sigue, Marino Infestas Pérez, era el quinto, el del medio de la numerosa familia (¿cuál no en aquellos tiempos?) del "Rojo el pintor", labrador de par de mulas de los que marchaban bien. ¡Pero nueve?.  Marino, cumplida la mili, aprendió el oficio de soldador en los cursos del PPO. En ello trabajó hasta que, mucho antes de la jubilación, regresó al pueblo, donde sigue.

    El de más a la derecha, un poco separado del grupo, es servidor. Medí, al tallarnos descalzo, uno setenta y tres. Pesé 73 kilos. Era de los más altos. ¿Cómo he podido achaparrarme así? Pero los genes eran buenos: mis nietos ya pasan del uno ochenta; Inés, cumplió los quince hace unos días, no tardando, si llego, me sacará una cabeza...

     Vamos con los agachados o, mejor, en cuclillas: primero a la izquierda, con cigarrillo, Jesús Fernández  creo, Carricajo. Fue el menor de los hijos de la señora Isacia y Severiano (una hermana mayor muerta joven, que fue mujer de Victoriano, "entenao" de Cencerrilla);  Victoriano, "Torano", Asterio y Jesús, les llamábamos los "Torreznos";   Se conserva la casa de gruesos muros en la calleja Castañón. Ya emigrados, Asterio y él compraron y remozaron casa en las Cercas de San Pedro. En ella, en unas vacaciones de Navidad, murió Jesús. Viven sobrinos suyos en el pueblo, el hijo (Fernando, quesero de toda la vida) y las hijas de Susana y "Torano". 

     Quiero, ahora, dedicarle un muy cariñoso recuerdo: estaba soltero y sin hijos (que yo sepa), cuando falleció aún vivía su madre, alojada en la residencia. Era festivo el día del entierro, Navidad o el Año. Estábamos cuatro en la iglesia. La madre se pasó la misa llorando, era su niño, su hijo pequeño, menudo y guapo. Al salir para el cementerio la madre se agarraba al ataúd, como queriendo retenerlo junto a ella; el cura, impasible (hasta en el entierro de mi hija Belén, mucha seguridad debe tener en la otra vida)  con cierta prisa, hizo un gesto de impaciencia; "Torano" consiguió separarla... Éste es uno de esos recuerdos que no se me olvidan, que me hizo, que  me hace llorar.       

    El siguiente, acrucado, es "Teico", Timoteo Suena, el menor de la familia de "Los Culines". Vivían, y ahí viene Teico con su mujer, hermana de Maxi el carpintero, en la calle Amargura, por donde "La Melona", o por ahí. Aprendió el oficio de peluquería, en la idem, o barbería de "Capucha", en la que eran tertulianos habituales, "Júpiter", Petronilo, Alfredo Argüello, su cuñao Ramiro, cuando venía por aquí; más lo que iban a afeitarse o cotarse el pelo, como Pepe "el Huevero", Miguel el pregonero... Oírle contar a Teico las bromas, las gracias, las anécdotas de esa barbería, es una risa continua. 

     Un poco oculto, José Mari Garea Sánchez, hermano mayor de Luis (q. e.p.d.), de Pedro, marido de Julita, último chalet de Ct" Quintanilla, y de la señora de Norberto, quien fue alcalde de Bermillo de Sayago. José Mari formó parte de la redada que los franciscanos, tras unas misiones, se llevaron al Pardo. Allí se formó. De niño era muy trasto, de ahí que el Sr. Narciso, el carnicero, le llamara: ¡Oh hacha! Él fue el inductor del "banquete" que nos pegamos con un tostonico que se había muerto de la camada de la marrana de su abuelo Vicente, "el herrero". Por escabrosos, omito los detalles.

      Y viene "Morito", Eudoxio Argüello Alonso. Tiene una mujer y dos hijas muy guapas. Estuvo en el verano, a pesar de la pandemia y sigue igual de "morito". Tiene dos casas en la Solana, esquina al Olivo. (cuando digo vienen, me refiero a antes del bicho). Aunque ya lo he contado, en recuerdo de aquel sufrido maestro, lo repito: Tomás Alejos, "alias Tarzán", Eudoxio "Morito" y mi primo Eustaquio "China", eran el terror en la escuela de don Valentín. Con aquel pobrecico maestro de Villárdiga caían. Si los pilla un tal don Paco que estuvo unos cursos antes, al que no recuerdo, pero del que he oído hablar, se les hubieran quitado las ganas de sacarle cantares. Aquel, según me contaban los mayores, Benigno "Grillero", por ej., a quien echo mucho de menos, era un verdadero salvaje, practicante y defensor de "la letra con sangre entra". Quiera Dios, Eudoxio, que nos sigamos viendo.

      El penúltimo acrucado es Ventura Mazariegos Guaza, el mayor de los hijos de Cleofes, también, hace años, fallecido. Vivían en casa de labradores pequeños, en la plazuela de Argüello, anexa a lo que fue colegio de "Las Hermanas" y hoy residencia. Su mujer y alguna hija siguen viniendo. Como otros tantos, han adecentado su casa. Yerno suyo es un hijo de "Tinín" Hernández, de los hueveros, quien lleva a su pueblo en el alma. 

     De los once de la foto, menos dos, todos, cuando la misma, o un poco después, ya habían emigrado. Pero no se piensen que sólo éramos once. Perdonen si es un poco de chapa, sobre todo para los más jóvenes o que no conozcan. Ahora sólo voy a citar a quienes recuerde, y que no están en la foto. De la clase alta de entonces: Ramón Concejo, "Monchi"; Manolo Cossio del Corral; Fernando Fernández Vázquez de Prada (hijo de don Manolo, el del banco). los demás, hijos de obreros, de pequeños industriales y labradores: Melecio Mansilla, "Mele", gran amigo; Paco "el Churro", debe andar por Tarrasa; Ángel Infestas Gil, quien no necesita más explicaciones; está más joven que yo porque le llevo ocho meses; José Luis Gallego, "Huesieto" Vivió en Santander. Sé, por su hermana, que ha fallecido. No volvió por el pueblo, si, en cambio, su dicha hermana Avelina, quien fue mujer de Ventura "Cachurre", que andaba con muleta; Vitaliano Alonso Bariego, "Vita", nieto de Pelesín, sobrino del famoso excura Ángel Bariego. Por Antonio, "el tratante", casado con su media hermana, bastante más joven, sé que Vita falleció en una residencia.

     Indalecio Argüello, "Melón", gran amigo;  noble como él solo. Falleció joven en un accidente de trabajo, manejando una retro. A su mujer, de Cañizo, Gonzala, la veo por aquí en la compra. Creo pasa todo el año en la Plaza de las Angustias. 

    No quiero olvidarme de mi primo, tan querido, Manolo Cimas Alonso, uno de los siete encantadores hijos e hijas de mi tío Bercario Cimas y Juliana Alonso, una de las nueve hijas e hijos de abuela Ana. Como sé que alguno de estos primos se asoma por aquí, les cuento un poco de los orígenes de Bercario.  No era de Villalpando. El apellido Cimas es de Cotanes y algo menos de Quintanilla del Monte. Posiblemente mi tío Bercario naciera en alguno de estos dos pueblos. Cecilio Áres, nacido hacia 1921, en Quintanilla del Monte, en la familia rica del pueblo, se acuerda que vino, de niño, a la boda de Bercario y Juliana, en un mesón de la carretera de Madrid. Como la hija mayor, Ana Mari, nació en 1935, la boda sería en 1934. No sé si poco antes o poco después, que la de tía Coral, que sé seguro se casó, con 18 años, un 2 de junio de 1934.

      También, aunque no era de Villalpando, pero creo aquí pasó los mejores años de su sacerdocio, quiero citar a don José María el cura, hijo de Baltasar y Purina, natural de Villarrín de Campos, de la última casa a la derecha según se salé del pueblo para contra allá. También era quinto. Se hizo capellán castrense. Falleció muy pronto.

     En la duermevela me he acordado de otros dos quintos, alguno más quedará por ahí: los mellizos, antes se decía embelgos, Macarín y Maximito Gallego Lobato, hijos menores de Ciriaca, la del señor Macario el organista y de la señá Evarista. Las tres mayores eran hermanas: Amor, recientemente fallecida, Pepita y Encarnita; después venía Josele, escribiente y recadero en el sindicato, y los gemelos dichos. Emigró toda la familia a Gijón, menos Encarnita, casada con "Nitro" peluquero en Valladolid; Josele fue empleado de notaría, de algo le sirvió la mecanografía del sindicato; a Maximito le tocó la lotería, hace bastantes años. Venía al pueblo todo elegante y enjoyado. Falleció no mucho después. Macarín se conserva muy bien. Sigue viniendo con su familia a la casa del Sr. Macario, calle Silera, esquina a Angosta.

      De las niñas, como no iban a la mili y ni estábamos en la escuela juntos, me acuerdo de pocas: Angelita, la de Peque; Tina "Lizonda", Marujita de la "Chata"..; también una hija de Eumenio "el Tocinero" y de Sagrario Lobato. Emigró de joven a Madrid. Pasado no mucho desapareció y no se ha vuelto a saber de ella.

     

viernes, 1 de enero de 2021

RESTOS DEL PASADO.

LAS BODEGAS.




Eso era la bodega, sin lagar, estaba detrás de las monjas, de mi abuela Ana.



Esos restos, con la zarcera abierta, ya ni sé de quién serán. Eran las bodegas de Santa María, ocho diez a lo sumo. Todas en una fila. Se accedía a ellas por un camino que partía de "La Rampla", por detrás de la casa de "Citos". Supongo que aprovecharon un trozo del terraplén de la segunda cerca, ya con tierra, del recinto amurallado, para excavar unas bodegas que eran horizontales. Al fondo de esas bodegas había una pared que, desde el piso de los corrales de las casas de la Ctª de Rioseco, sobresalía por encima del alto del terraplén, de enorme inclinación.
Los muchachos habíamos hecho "resbalines"; o sea: toboganes sobre la tierra. ¡Cuántas suelas de calzado y culeras de pantalones no quedaron en ellos..!

                                                        LAS DE LA SOSA.                                         
           
       Ahí estaba el núcleo más importante de bodegas del pueblo, detrás del castillo, a la izquierda del Camino de Berrabueyes, y a la derecha de la senda de "Las Putas". Por entre ellas discurría un camino del que sólo queda el comienzo, hasta los tres restos de bodegas que desde él se accede. Casi todo aquel terreno fue ocupado por la cerámica.


                                 Ese es el hermoso lagar de la familia  Cañibano. La bodega está hundida. Aunque arroñado el tejado, las paredes, tan sólidas y relativamente modernas, se mantienen en pie. En las bodegas más antiguas, la mayoría, el lagar estaba abajo. Se tiraban las uvas por una zarcera, que daba a la lagareta. El mosto iba a un pilo y de allí, a calderos, lo iban echando en las cubas, lo cual daba un enorme trabajo. En estos lagares sobre el terreno, el mosto por un canal, iba, por su peso hasta las cubas. ¡Cuántos majuelos no tendrían para un lagar así de grande..!



 Ese es el único lagar, conservado y en pie, de las bodegas de la Sosa. Está, en el mismo camino, cerca del anterior. Perteneció a la familia de "Ramoninche", a quien se lo compró Enrique Blanco, el del "Riesgo". Durante años compró uvas y llenaba las cubas. Aunque la bodega, desde que picaron el pozo para el pueblo, tan cerca, se llenó de agua y arroñó, los hijos de Enrique y Concha, lo mantienen en pie.








      Más restos de las bodegas de la Sosa.

        

       Eso es un trozo del solar donde estaban las bodegas de la Fuente. Era un grupo, a la izquierda del camino de la Fuente, y una a la derecha, de Conchita "Piteras", como de doce o catorce bodegas. Recuerdo la de Monsifú, Caitanines, Venancio, los Chicharros, la de Dario, la más lujosa, con lagar arriba (convertido en cuadra, luego almacén, y reparado), se conserva. Saqué el último orujo de la mayoría de ellas. Era uno de los lugares de los juegos infantiles de los muchachos de Santa María y la carretera. Entre ellas quedó el cuerpo asesinado de "Kilómetro".
     Todas las cubas, vigas, "piensos", como en las de la Sosa, allí yacen sepultados.

                                                           Las dos solitarias.











Esas fotos son de la bodega "NUESTRA". Se la vendí por 22.000 pts. en el año 1971, a Teodoro Gil, hijo de "Beninín". Hacía ya cinco años que habíamos "escepao" los majuelos. Los muchachos de San Pedro, a nidos, me destrozaban el tejado todos los años. Con ese dinero compré un "peine", "Jolpa", para segar con el Barreriros de 37 CV., la alfalfa, la nuestra y la de otros. Ese fue el comienzo de tantas siegas y empaques posteriores. El hilerador me lo dejaba Luis "el Currero", pero tenía que hilerar lo suyo y lo mío.

Los hijos de Beninín se han gastado dinero y conservan, tanto la nuestra como la de "la Viuda", que compraron un poco después y se ve a la derecha.

Además había lastras, bodegones, incluso bodegas en bastantes casas del pueblo. Había algunos pequeños lagares sueltos por el pueblo, sin bodega, lo cual quiere decir que había bodegas sin lagar. Transportaban en pellejos, acuestas, el mosto desde ellos a los carrales, que no cubas, de las pequeñas bodegas sin lagar. Pared medianera con nuestra casa estaba un hermoso lagar, "moderno", construido en 1911 por Eloy Prieto, su marido, en casa de la señora Petra: viga grande, recta, hermosa; pienso de gran tamaño, uso bien ensebado; "virgen", pejos, "marranos"; rueda, hermosa jaula. Apenas si lo conocí usar de niño. Total para un bodegón lastra debajo de la cocina, con una cuba de doscientos cántaros, tanto lagar... Pisarían para otras bodegas y levarían el mosto con carrales en el carro.

OTROS RESTOS DEL PASADO.



Esto es la cochera, único edificio sobreviviente de la fábrica de harinas. Lo construyeron para guardar en primitivo camión que no conocí.




El molino eléctrico de Vidal Arranz. Cuando en casi todas las casas había marranos, luego, más tarde, en muchas vacas, no paraba de moler. Tenía, incluso, un empleado molinero a sueldo, Benito, que era de Villamayor. marido de Olvido, una de las Cocas, segundo apellido.

Como Vidal tenía también la concesión de la luz eléctrica, allí, donde se ve la hierba, había siempre postes de madera de repuesto. Apilábamos unos cuantos, sobre ellos uno transversal que era un columpio ("columbio") perfecto. Nos montábamos tres o cuatro en cada extremo. Lo dífícil era mantener el equilibrio. Creo algún brazo se rompió en aquellas emociones.

Aunque todo esto vaya quedando muy lejos, como vivo aferrado a los recuerdos, quiero compartirlo con ustedes, los más jóvenes y los menos.

 


sábado, 26 de diciembre de 2020

EL FUEGO DEL HOGAR.

 

Apagada.

Encendida


Uno de los tapices que trajo mi tío Agapito de Larache, cuando hizo la mili, en el año "treinta y tres".  A su lado Gracia en su brillante licenciatura en farmacia.


Una de las vistas desde el salón.


Parte de la mesa y sillas en que cenamos y comimos.

Uno de los rincones de fotos: Nacho de bebé, David, placa de un premio y Álvaro. Abajo Sara Belén y Ángel, el día de su boda.


Otra vista desde el ventanal del salón



Los sillones de pitiminí, y más fotos al fondo.



      El sofá heredero del otro, donde Belenita, arrullada por la chimenea, durmiendo descansaba de sus fatigas estudiantiles.

 
            Licenciada "cum laude" en Medicina por la Universidad de Salamanca.

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      El día 22 por la tarde noche, llegó Gracia con sus hijos. Es un eficaz torbellino. A la mañana siguiente veo que está "volviendo para atrás" el salón de los recuerdos: arriba persianas, fuera algunos objetos almacenados, limpieza de la chimenea; la carga, llena el leñero; limpieza general..; y, hace ya años, lo veo lleno de hijos, de amigos, de canciones y guitarras, de alegría.  Tenemos fotos. Salgo para que no me vean llorar. Ese salón, esa chimenea los asocio con Sara Belén. Llegaban de sus estudios, o de sus trabajos, un año Belén desde Roma, curso Erasmus en la clínica Iemeli; llenaba el jardín de lucecitas, en la casa sonaban villancicos... ¡Aquellas Navidades llenas de canciones, en casa, en las misas de las monjas..! Y el fuego en la chimenea...

    En los últimos años, cuando nos reunimos todos, (sanroques, Navidades...) es en el salón de la casa del jardín. Tiene una mesa extensible, sacada del comedor chulo de la vieja casa de los Modroños. Además le añaden otra. Diecisiete algún año hemos llegado a juntarnos. Éste,  teníamos que repartirnos. Hasta este pueblo, desde tan lejos, ha llegado el bicho. Unos con niños en casa de Jesús, y otros, con "mayores" en la casa "vieja", que, tan cuidada, no lo es tanto.

    Reformamos en 1978 la casa de los aguardienteros en la calle Silera, añadiéndole un buen trozo, para tener dos viviendas; una para tía abajo, y otra para el matrimonio y los niños, arriba: dos cuartos de aseo, la cocina, la galería y el salón, con la chimenea.
 
     No, no era el salón de enseñar o de cuatro días al año, como ahora, si acaso, sino el de batalla, donde estaba al tele, donde hacía calorcito; apenas si había calefacción en el resto de la casa; un calentador eléctrico portatil en los aseos y un brasero eléctrico en la cocina, bajo la camilla en que los ocho comíamos. Tía siguió viviendo con nosotros. Después de comer, después de la escuela, a encender la chimenea, y todos al salón.

    Entones, en lugar de esa mesa de comedor pija que se ve en la foto, había una camilla con faldas y dos sillones; y un tresillo de mucha más batalla.

    La chimenea, es la de la foto, pero sin la "casette" empotrada. Esa tardó unos años en llegar. La del primer año era abierta, ya tipo francés, no como las lumbres, las hornaces de la casas de antes, tan humiferas (para curar la matanza)  y grandonas; dos talegas de estiércol, granzones y medio manojo o unas ramicas de encina, necesitaban para llenarse; aquello, en plan borrajo, duraba todo el día. Por la noche, para hacer la cena, algo frito, normalmente (huevos, tortilla, pescado) se hacía otra hoguerita, cogiendo, con las tenazas, un poco de borrajo y poniéndole encima nuevos palos de manojo (sarmiento, vides, de los majuelos) o unos palicos de encina con su hojarasca. Las sartenes tenían patas.

     A pesar de que a aquella chimenea del principio, le habíamos puesto un chapón de fondo, la mayoría del calor se escapaba por el humero. Recurrimos a un truco. Cuando ya la madera eran brasas, las sacábamos para el brasero puesto en la camilla de faldas. Les confieso una cosa: con buen brasero, buenas faldas (era todo lo que teníamos antes, y no todos), aunque se queden las orejas frías, yo aguanto.

    Al año siguiente colocamos, ya empotrado pero abierto por delante, un sistema de recuperación del calor, un aparato metálico que cubría el piso del hogar, con una entrada de aire desde el techo del piso inferior; la parte frontal, con doble pared, hasta por encima de la hornaz, del que partían gruesos tubos que atravesaban el humero, y vertían el aire caliente por una ventana ovoidal abierta en la pared frontal de la chimenea.

    Aquellos fue ya un gran adelanto. Había que  llenar bien el hogar de leña seca que diera mucha llama. El pino era la ideal, pero había que estar arrosiando cada poco. Al tiempo que echaba una bocanada de aire caliente, renovaba el de la habitación, pues ese lo había tomado del exterior, una dependencia de abajo. El problema es que cuando dejaba de haber llamas, aquello dejaba de soplar caliente. La tuvimos, al menos, dos temporadas. Ahora está en la caseta de Valdeconejo.

     Por fin, a la tercera o cuarta temporada, dimos con la solución definitiva: una como la que ven en la foto, una Hergon empotrable. A esa le metimos tanta caña, encendida a diario, doce o catorce años, que acabó por rajarse. La sustituimos por la actual que, como mucho, la encendemos alguna Navidad. El salón familiar, de batalla ha pasado a ser un salón pijo, cerrado y triste. En la cena de Nochebuena y la comida de ayer, volvió a lucir sus galas, a estar entrañable.

   ¡Claro!, sí, sí. La chimenea muy bonita, entrañable, confortable, y, el ¿alimentarla?. ¡Bueno!: la perfección técnica de éstas, suponen un enorme aprovechamiento del calor. Un ventilador, silencioso, se encarga de expeler aire caliente por hendiduras frontales; además la combustión es regulable cerrando o abriendo, más o menos, el tiro; aún así el leñero lleno lo ventilaba en tres días. El sistema anterior se jalaba uno entero. Mejor dicho. Todos los sábados hacía un montón grande de leña, ramaje seco de pino, en la galería. Todas las mañanas, antes de ir a la escuela (En Villanueva, Alija del Infantado y Villalpando) había de limpiarla, subir leña, cargarla de nuevo. Medía hora si me llevaba.

    El ser consecuente con mis principios me ha traído, sobre todo  últimamente, algunos inconvenientes. Uno de esos principios ha sido, es mi compromiso con el medio ambiente. Quién lo iba a decir, pero hace veinte, treinta años, más que ahora, quemar combustibles fósiles para calentarnos, me parecía un delito. Me negué a instalar calefacción con gasóleo. Y no me importaba, porque tenía fuerzas, apañar y preparar madera de todos los sitios. Empecé arrancando viejas cepas en Valdeconejo, (las de los majuelos de los Modroños, también arrancadas por mí con el Barreiros, y mi padre enganchando la cadena, se quemaron en los últimos años de la aguardientería), compré, para ello, por 120.000 pts las seis Has. del majuelo de los Oleas. Jesús, con doce años, conducía el tractor; yo ponía la cadena. Daban trabajo las cepas. Habían, primero que esmochar todas las viejas vides, el arranque y cargue. Ya era basculante el remolque. Preparaba unos buenos montones en el corral. Antes de que se secaran, troceaba los cepos con el hacha. Normalmente cortarlos al medio.

     Cuando se acabaron las cepas empecé a traer ramaje de los pinos del Raso; escogía lo más gordo, y más hacha en el corral. A veces Ramón el gallego, tan buen amigo, me daba troncos pelados, de cuando un fuego. Entonces fue cuando me animé a comprar una motosierra eléctrica. Me duro poco. Después una nueva de gasolina, pero pequeña. Valían muy caras. Por último tuve una usada, pero flamante, más grande. Con esa corté ni sé la cantidad de vigas y cuartones de madera de derribos. Ese fue el abundante combustible de los últimos años. Ahora Jesús, que tiene otras cuatro, de todos los tamaños, herramientas y taller para ponerlas a punto (llevan mucho mantenimiento, sobre todo el afilado de cadenas), se ha hecho dueño de mi vieja motosierra, que es buenona, pero ya no puedo con ella.
     
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      Aunque siento un poco de pudor, me permitan mostrar esa foto de la madre que, no muchos años después, en la cama de un hospital, la agarraba de la mano, pero ni aun así pudo retenerla, ni aún así Belenita, consiguió quedarse.



jueves, 24 de diciembre de 2020

MIS ABUELOS PATERNOS.


 



     Como de su biografía, sobre todo en el aspecto político, he escrito casi todo, tanto aquí como en mis libros, ahora me limito a comentar la foto y su circunstancia de emigrante.

      Gregorio Modroño Maestre había nacido en Castronuño, (Provincia de Valladolid) en 1880, hijo de Agapito Modroño González y de Agapita Maestre Fernández, quienes con los tres o cuatro primeros hijos (aquí ya nacerían otros tres o cuatro) llegaron a Villalpando, sobre el 1.888 para establecerse como aguardienteros en vieja casa, en la carretera de Madrid, esquina al camino de La Fuente. Dicha casa fue comprada sobre 1918 por mi otro abuelo, el materno,  Eustaquio Alonso Redondo, quien la derribo y construyó, para posada, otra casa grande de adobe, con cuadras, pajares, panera, pozo, corral también grande. En la actualidad en dicho lugar hay un moderno chalet propiedad de Felipe Vega y Angelines Casado.

    La foto, como ven, está hecha en Mendoza (Argentina), pienso que al llegar, sobre 1.908, en cuya provincia, municipio de San Rafael, lugar de Cañadaseca, distrito de Ramacaída, como a trescientos kilómetros de la capital de provincia, se estableció. El gobierno de la Argentina había emprendido un programa de repoblación del inmenso territorio. Daba terrenos a quienes quisieran en ellos establecerse.

   En la foto de abajo está mi abuela María Chimeno Luna. Los dos niños son Petra, pelo rizado, como de tres añicos, y sobre la silla, Mateo, mi padre, como de un añico. Por lo tanto la foto está hecha en 1909; en La Bañeza. Como pueden observar  todos visten sus ropas de gala, que nos indican que su situación económica no era miserable. El hecho de emigrar en tan largo viaje, suponía disponer de dinero para ello.

    ¿Por qué en La Bañeza? Pues seguro que en el viaje en tren desde Benavente a Vigo, donde embarcarían rumbo a la Argentina, harían escala en ese pueblo. Primero marchó mi abuelo. Como al año siguiente su mujer con los dos niños. 

    Estuvieron allá como seis años. A mi abuela María le pudo la añoranza: el recuerdo de sus padres, de sus hermanas. Allá quedaron, y para siempre el otro matrimonio de hermanos cruzados: Primitivo Chimeno y María Modroño. Sé exacta la fecha de entrada, de regreso al pueblo, desde Benavente, donde habían hecho noche, en el carro del "Carruchero": 7 de diciembre de 1915,  al mediodía, cuando tañían a vísperas de La Purísima, las campanas de las cinco iglesia supervivientes del pueblo en aquel momento. Para llegar sobre lasa doce de entonces, al pueblo, hubieron de salir de noche de Benavente. Traían otros tres niños: Gil-Agapito de cuatro años, Antonio de dos, y David "niño de pecho" (no digo bebé) de cinco meses. Petra de nueve añicos, todos entre mantas, sentados en costales de paja, que había llenado el abuelo, junto a su madre, acochaba a sus hermanicos. 

     Traían una máquina de coser, marca White,  y un lazo de cuero que conservamos en casa. Creo que unas perricas con las que compraron casa en la calle Limpia, vendida años después a "La Patatera" y ésta a "Chanchullo". En ella, además de cobijarse, montaron una zapatillería. Sí: confeccionaban zapatillas de esparto y lienzo fuerte. Y, así que pudieron compraron carro, mula, unas pipas, todo para acarrear hasta casa las "madres" de las cubas, tizos de la dehesa;  y la alquitara . Reeemprendieron el viejo oficio de aguardienteros, el cual, con muy distintas circunstancias, llegó hasta 1970, en que fui el último aguardientero.

     En el corral de esta casa, sobre 1945. Tendrían sobre 65 y 64 años, respectivamente.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

UN POCO DE HISTORIA FAMILIAR.

 Acabado de leer "Línea de fuego", de lo que di cuenta, me puse a revolver cajones para encontrar las cartas de mis tíos en la guerra. Encontré unas pocas, que transcribí y comenté. También encontré testamentos, escrituras y, patinadas en sepia, viejas fotos.



      Estos son Pedro Chimeno Margallo, natural de Villárdiga, nacido hacia 1840. Ella, algún año más joven,  Narcisa Luna Alonso, nacida en Villalpando, plaza de Santo Domingo, en vieja casa, solar ocupado por la de don Luis Delgado, el Notario. La foto está hecha en el corral de su casa, donde hoy está ésta, hacia 1923.

    Leyendo el relato de "Azorín", "La vida de un labrantín", veo en él reflejada de la vida de este bisabuelo.

"Si se muere su mujer la primera, él se quedará también solo; su bella resignación, su bella serenidad, no se apartarán de él. Un suspiro vendrá de tarde en tarde a sus labios, y luego él exclamará: "¡Ea! ¿Qué le vamos a hacer? Todo sea por Dios.”

   Pedro, "El Carruchero", murió antes que su mujer, pero no estuvieron solos, su hija María, mi abuela, y su nieta Patro, la madre de don Primitivo los cuidaron. Estaban también pendientes de él las otras dos hijas que vivían en el pueblo, Canuta (madre de los Camilos) y Josefa, madre de los Espinacos. La otra hija, Eugenia, vivía en Zamora, iba en el burro a verla de vez en cuando, y le llevaba alguna vianda. En lo demás, el trabajar de sol a sol, hasta ya viejico, como vemos por el tostado de su piel, en la frugalidad de sus comidas, en su bella resignación, en su bella serenidad, en su fe es igual al que don José nos describe.

  Compruebo en el testamento que sus únicas propiedades eran la vieja casa en la Calle Silera, lindando a la derecha, según se entra, con la de David Curto, "El burrero", donde hoy está el jardín de la nuestra y la casa interior de Gracia, ya que en 1947 los Modroños se la compraron, medio en ruinas, a las hijas de David, Máxima e Isabel Curto; por la izquierda con la de la señora Petra Prieto, hoy de Jaime Rubio,; al fondo con corralón de los herederos de don Teodoro Núñez, comprado por mi abuelo en 1937 a los hijos de aquel, Cesar, Manolo y Adela Núñez Nájera. Creo, por tanto, que el pequeño corral del Carruchero no tenía salida para la actual calle de "Los Corralones".

    Sus únicas propiedades, ya digo, la casa, y un cacho de majuelo de tres cuartas a "La Portilla". Lo conocí, el majuelo de mi abuelo, decía mi padre, entre los pinos de Quesada. Hoy queda dentro de nuestra parcela entre el de dicha Portilla y el Camino de Valladolid.

   Y era labrador. Sí, como tantos otros, de tierras en renta, en colonía, se decía entonces. Parece ser que tenía una tierra propia, al "Corpus", que se la tuvo que dar al al gallego don Ramón Álvarez, secretario del Ayuntamiento y poderoso cacique local en aquel momento, para librar a su único, hijo, (el otro, Mateo, había muerto de tisis en el seminario de Valderas) el mayor, para librarlo, digo, del servicio militar, de la guerra de Cuba.

    Las tierras que labraba eran propiedad de la "Palmera" de Villamayor de Campos, creo doña Concha Palmero, casada después con un Nájera, por lo que a esa heredad y familia se les conoció después como los Nájera. Hoy se los conoce como los Vázquez de Prada Nájera.

    Mi tía Petra recordaba con cierta frecuencia de ir a coger algarrobas a una tierra grande que labraba su abuelo a la izquierda de la carretera de Quintanilla, donde estuvo el "Campo de Fútbol", hoy ángulo entre dicha carretera y el camino donde está el mercado, Lesa, etc. En la actualidad, a partir de ahí, tienen los de "La Nájera" un parcela muy grande.  De aquel campo de fútbol del Frente de Juventudes, queda un montón de tierra, casi ya inapreciable, donde estuvo la caseta vestuario, de tapial. La Nájera habia prestado ese terreno en la posguerra, para el chinacoso y sin cesped,"campo de fútbol".

   También sé que Pedro Chimeno tenía un majuelo en Valdeconejo, por encima del de los Oleas. Por lo tanto hoy pinar de nuestra propiedad.

   Leyendo la descripción de una tierra de Luis Mazo, en el Raso, a la Senda Marbana, la del pleito con Cobera por arar los pinos, dice: "al este con tierra de Pedro Chimeno" . Es fácil deducir que, siendo de Villárdiga, aunque trasladado a Villalpando, labrara también, además de lo de en renta de la Palmera, algunas viesas en el Raso. Mi tía Petra recordaba de ir a vendimiar majuelos y a atropar gavillas al Raso.

    Cuánto no trabajaría aquel hombre, cuán austera había de ser la vida de toda la familia, dos hijos y cuatro hijas. Dudo llegara a segar a máquina. Alguna cuadrilla de gallegos, a hoz, lo ayudaría. Seguro que tampoco tuvo aventadora... Limpiaban a bieldo y a cribo de piel. Pues cogía trigo para sembrar, para la ración y algo para vender. Me contaba mi abuela que su padre llevaba los doce costales de trigo en el carro a vender a Rioseco, donde se embarcaba en la dársena del canal para el Norte, o para exportar. 

    También cogía algarrobas, que vendería a pastores, garbanzos para los cocidos, cebada para mulas y dos marranos, guisantes también para éstos... Vino para el gasto, al menos, había un bodegón en casa.

    De todo cuatro saquicos. Lo suficiente para subsistir con austeridad pero sin miseria como los jornaleros. Vemos por las fotos, que seguiremos poniendo, que vestían con decencia. Eran muy Cristianos, Católicos practicantes, de inocente fe. Me lo contaba la bisnieta mayor, Carmen, quien se acordaba de él, que murió, sentado en la cama, con plácida serenidad.

    Todavía, por Villalpando, y por el mundo, quedamos bisnietos. Al menos que esto sirva para recordar de dónde venimos. Y si mantuviéramos algún contacto con los de la Argentina y con los de aquí, sería mejor.

    

jueves, 17 de diciembre de 2020

AYER DOS FUNERALES.


      Por la mañana, fallecida el día anterior, el de Josefina López.  Natural de Prado, fue la esposa de Eustaquio García Pérez, con quien tuvo cinco hijos, tres hombres, Diego, Usta, Jesús, y dos mujeres: Josefina y Monserrat..

      Es de esas esquelas que a uno le sorprenden, pues no teníamos noticia de su enfermedad. Además era relativamente joven, 75 años. Sentimos su pérdida.

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         Por la tarde fue el de Clarita Cepeda Lucas de 92 años, quien había sido esposa del famoso Luis Cepeda Lucas, Luis "el Currero". En la biografía de Andrés Vázquez aparece su foto, delante de la imagen del Nazareno que portan Andrés, sus dos hermanos Antonio,  Juanito, "Jabonero", y Ofo. 

        La voy a colgar. Espero que a sus hijos Teresa, Luis Miguel y Adolfo les guste contemplarla.


   En cuanto al "bicho". Dice el periódico que en Villalpando seguimos libres de contagios. Posiblemente se refiera a la localidad sin meter a la Zona Básica de Salud, pues en la Residencia de Cañizo están infestados todos los residentes menos dos, Anuncia, una señora de Villárdiga, y otro hombre, de Castroverde; de ellos hay seis ingresados.

  Y frío: No levanta la niebla. En el termómetro de la Farmacia, CERO grados.


 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

VISITA DE UN TÉCNICO DE LA DIPUTACIÓN PROVINCIAL.



     Ayer, sobre la una, en flamante "todo terreno" mono volumen blanco, vino un técnico de la Diputación Provincial a ver los daños producidos en la "limpieza" de cunetas de la carretera de Quintanilla del Monte en nuestras parcelas (todas en una pieza) lindantes con dicha carretera.

Ahí va la primera foto, para empezar:

 



Ese es el corte del acceso desde la carretera al camino de servidumbre que va hasta la laguna del Barrero. Ahora ha salido mejor que en la foto anterior. Cierto que no había alcantarilla, sino un vado. Como tanto la carretera como el camino son públicos, son las administraciones competentes quienes deberían y deben construir la correspondiente alcantarilla de entrada.

El técnico me dijo que eso era competencia del Ayuntamiento. Que lo solicitara. Como ya lo tengo solicitado ante la Diputación, si de ella no es la competencia, que se lo ordene al Ayuntamiento. 

Sacó algunas fotos de arbolitos tronchados y de los montones de tierra dentro de nuestra parcela. Pocas y con desgana. Por eso repito aquí las más significativas para comparar.



Ese es el mazacote de hormigón que sustentaba a una señal de tráfico, arrancado de su sitio, en el borde exterior de la cuneta, y dejado en nuestra parcela. El ribazo de tierra que ven está sobre el interior de la lindera.

Insistió que, según las normas de la Diputación, en todas las fincas, debe quedar un ancho de tres metros, a contar desde el borde de la cuneta, sin ocupar ni por árboles ni por construcciones. Le respondí que, según la normativa del MOPT son DOS METROS, desde el borde del arcén.

-Mi re usted, como ya he mandado escrito a la Diputación con las normas, no vamos a discutirlo usted y yo ahora.
-De todos los modos vayamos al comienzo de esta carretera, cuando parte de la general vieja y verá usted la distancia a la calzada que hay en todas las fincas, solares, (antiguas eras) construcciones (verjas, viviendas y naves). A ver dónde están los tres metros que usted dice desde el borde exterior de la cuneta, donde existe; ya desaparecida en lo construido.

Conocí esa carretera de cantos y tierra, cuando iba totalmente por fuera del pueblo: eras a un lado y al otro, el tejar de Cipriano Hernando, la laguna del Palomar de frente,  y un herrenal de "Timba" antes del cruce con San Francisco, donde ahora hay una nave  de cerdos desocupada hace muchos años. Dejada atrás la laguna "Redonda a la izquierda giraba, y gira a la derecha, con más eras al lado izquierdo, hasta donde está ahora el polideportivo. A la derecha, desde donde partía la calle de San Francisco, eran ya herrenales. En el del cruce, propiedad de Luis Mazo, había estado el convento de San Francisco, citado en las actas del juicio del comunero villalpandino Bernardino de Valbuena. Mediado el siglo XX, el señorito con más sentido de lo social que había en el pueblo, Luis Mazo, construyó viviendas, tan escasas y pobres en la villa, para obreros.

De todo lo construido las edificaciones que a mayor distancia están de la calzada son las naves de Cándido Sánchez Vega y el edifico del Atlanta. Todo lo demás construido posteriormente, se ajusta más o menos a la legalidad, entonces vigente, pero nada de a tres metros desde el borde de la cuneta, salvo los modernos chalets que esos sí que están a la distancia como Dios manda.

La cuneta tiene distinto ancho a lo largo del recorrido de dicha carretera, pero, sin duda, donde más ancha, es en el tramo final de la linde con nuestro terreno, como muestro en la foto. Ahí ha sido, precisamente donde han tronchado los arbolitos y metido la tierra en la parcela. Vean si no.


 
Ahí los árboles están, no a dos metros del arcén, como marca la ley,  (se supone que en carreteras donde no exista cuneta, como vemos en la "Vuelta" por zonas boscosas, donde están al borde de la calzada, y esas carreteras locales como ésta, son un túnel entre la vegetación),están digo, a seis metros del borde del arcén, sin peligro alguno para el tráfico.

Comparecen la distancia entre arcén y finca nuestra, con la de la siguiente foto:




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Ahora les muestro la limpieza hecha también, sobre el comienzo del camino transversal desde su entronque con la carretera, en el ángulo de nuestro terreno.




A pesar de que, como me dijo el técnico, las limpiezas de las cunetas de los caminos, que son municipales, es competencia del Ayuntamiento,  la limpieza que ven, en unos diez metros (otra cosa son los montones de tierra en la parcela) por la Diputación, me parece bien. ¡Que no hicieron la del otro lado? Allá cada cual. Eso lleva muchos años así y todo el mundo lo sabe. Tampoco  corre tanta agua por ahí,  ni quiero causar perjuicios ni disgustos a nadie.

Sí, en cambio, dada la buena labor de limpieza y arreglo de caminos agrícolas que está realizando el Ayuntamiento, debería exigir a los dueños de las parcelas, sobre todo en cunetas por las que  corre mucha agua, como las del Camino de la Casa, antes de llegar a la dehesa, que las entradas a las parcelas sin alcantarilla, y que hacen de presa en la cuneta, haciendo que el agua salte y erosione el camino donde hace cuesta, como en el que cito de la Casa, debería exigir, digo, que construyeran alcantarillas. Pueden observar las construidas por nuestros hijos de acceso a la parcela de la granja siniestrada, (esperemos pronto reconstruida)  tanto desde el camino agrícola, como desde el de orilla  a la autovía: tubos, hormigón, rebordes en un ancho de veinte metros.

¡Bueno!: pues que el técnico me dijo, aunque en principio echó la culpa a la empresa que ha realizado la obra, que informaría a la Diputación por si procedía indemnización.

Le respondí no busco dinero, sino que construyan el acceso al camino de servidumbre, y que me den, del vivero, tantos arbolitos como han tronchado.  

Hace cuatro días, en el ribazo dejado dentro de nuestra parcela, ya he sembrado veinte almendras, en diez hoyitos. Parece que, todavía, algo puedo, así, que si Dios quiere, seguiré con la labor a raticos.  Ahora ya con almendra, no plantón, las cuales no necesitan hoyas tan grandes. Los tronchados nacieron así, de una almendra.

     Ya he puesto  hinchar, en remojo, un kilo de "marconas" que le he comprado a A.A.E., la empresa en la que participa Jesús Toranzo. Esas plantaciones de pistacheros y almendros, los dichos de los Toranzos, los de Dani (farmacéutico don Danial Arranz) y los de los Fernández Vega, son una hermosura. Empiezan ya a cambiar el paisaje. A ver si mañana, aunque no sea ahora el momento más bonito, son árboles de hoja caduca, les cuelgo una foto.